No entender y tener miedo a preguntar

Martes 17 de mayo – No entender y tener miedo a preguntar.

No entender y tener miedo a preguntar. El sufrimiento y el dolor son cosas que me cuesta demasiado entender. Cuando les anuncias a tus discípulos…

H. Cristian Gutiérrez LC

En el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo. Amén.

Cristo, Rey nuestro. ¡Venga tu Reino!

Oración preparatoria (para ponerme en presencia de Dios)

Señor, gracias por la invitación que me haces para estar contigo en este momento del día. Sé que te alegras y me esperabas con los brazos abiertos. Creo en Ti, Señor, confío en Ti y te amo. Dame la gracia de crecer en estas tres virtudes que son el fundamento de toda mi vida. Gracias por haberme dado estos tres dones que me mantienen siempre en estrecha unión contigo. Háblame Señor y dime qué quieres de mí. Escúcheme y atiende a mis peticiones.

Evangelio del día (para orientar tu meditación)

Del santo Evangelio según san Marcos 9, 30-37

En aquel tiempo, Jesús y sus discípulos atravesaban Galilea, pero él no quería que nadie lo supiera, porque iba enseñando a sus discípulos. Les decía: “El Hijo del hombre va a ser entregado en manos de los hombres; le darán muerte, y tres días después de muerto, resucitará”. Pero ellos no entendían aquellas palabras y tenían miedo de pedir explicaciones.

Llegaron a Cafarnaúm, y una vez en casa, les preguntó: “De qué discutían por el camino?” Pero ellos se quedaron callados, porque en el camino habían discutido sobre quién de ellos era el más importante. Entonces Jesús se sentó, llamó a los Doce y les dijo: “Si alguno quiere ser el primero, que sea el último de todos y el servidor de todos”.

Después, tomando a un niño, lo puso en medio de ellos, lo abrazó y les dijo: “El que reciba en mi nombre a uno de estos niños, a mí me recibe. Y el que me reciba a mí, no me recibe a mí, sino a aquel que me ha enviado”. Palabra del Señor.

Medita lo que Dios te dice en el Evangelio.

Hoy contemplo aquellos momentos de intimidad que tienes con tus amigos. En privado les formas, les demuestras tu amor, les previenes, les amas. Así es cada oración contigo. En la soledad e intimidad de mi corazón me enseñas, me guías, me transformas, me amas. Al igual que los apóstoles, a veces no entiendo lo que me pides, cómo me hablas. Dame la gracia de no temer preguntarte, pues Tú me comprendes y tienes respuesta a todos mis interrogantes.

El sufrimiento y el dolor son cosas que me cuesta demasiado entender. Cuando les anuncias a tus discípulos la Pasión ellos tampoco comprenden cómo es que Tú, siendo Dios, puedas padecer de semejante manera. Dame la gracia, Señor, de saber que el sufrimiento me identifica contigo, pues Tú también quisiste experimentar esto que muchas veces siento en mi vida. Me das la clave para afrontar mis dolores: el amor. Hoy me recuerdas que el amor es más fuerte que el dolor.

Me invitas a servir a los demás. Es el servicio el mejor puesto que puedo obtener. En estos tiempos, Señor, las cosas son como también lo eran en aquellos años en Galilea. Servir no es algo fácil y común. A veces busco lo contrario, que los demás sean quienes me sirvan. Tú me enseñas con tus palabras y tu ejemplo que servir a los demás es lo que me llena de satisfacción y alegría. Dame la fuerza necesaria para saber ser servidor de mi prójimo.

«Jesús invita a sus discípulos  a hacerse como niños porque “a quien es como ellos pertenece el Reino de Dios”. Queridos hermanos y hermanas, los niños llevan vida, alegría, esperanza, también disgustos, pero la vida es así. Ciertamente llevan también preocupaciones y a veces problemas; pero es mejor una sociedad con estas preocupaciones y estos problemas, que una sociedad triste y gris porque se ha quedado sin niños.» (Homilía de S.S. Francisco, 18 de marzo de 2015). 

Diálogo con Cristo

Ésta es la parte más importante de tu oración, disponte a platicar con mucho amor con Aquel que te ama. 

Propósito

Proponte uno personal. El que más amor implique en respuesta al Amado… o, si crees que es lo que Dios te pide, vive lo que se te sugiere a continuación.

Hoy te ofreceré no negar aquel favor que me pidan, aunque me pueda costar.

Despedida

Te damos gracias, Señor, por todos tus beneficios, a Ti que vives y reinas por los siglos de los siglos.

Amén.

¡Cristo, Rey nuestro!

¡Venga tu Reino!

Virgen prudentísima, María, Madre de la Iglesia.

Ruega por nosotros.

En el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo. Amén.