Sábado 02 de julio – El sacrificio es detalle de amor.

H. Cristian Gutiérrez LC

En el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo. Amén.

Cristo, Rey nuestro. ¡Venga tu Reino!

Oración preparatoria (para ponerme en presencia de Dios)

Señor Jesús, te agradezco permitirme estar en tu presencia. Sé que estás feliz de poder compartir conmigo estos minutos de oración. Pongo en tus manos mi vida, todo lo que tengo y lo que soy. Ayúdame a creer en Ti con más fuerza. Quiero esperar en Ti durante todo mi obrar cotidiano. Te amo, pero quiero amarte más, así que ayúdame. Concédeme aquello que Tú sabes que necesito. Permíteme conocerte más y mejor para poder llevarte a los demás.

Evangelio del día (para orientar tu meditación)

Del santo Evangelio según san Mateo 9, 14-17

En aquel tiempo, los discípulos de Juan fueron a ver a Jesús y le preguntaron: «¿Por qué tus discípulos no ayunan, mientras nosotros y los fariseos sí ayunamos?» Jesús les respondió: «¿Cómo pueden llevar luto los amigos del esposo, mientras él está con ellos? Pero ya vendrán días en que les quitarán al esposo, y entonces si ayunarán.

Nadie remienda un vestido viejo con un parche de tela nueva, porque el remiendo nuevo encoge, rompe la tela vieja y así se hace luego más grande la rotura. Nadie echa el vino nuevo en odres viejos, porque los odres se rasgan, se tira el vino y se echan a perder los odres. El vino nuevo se echa en odres nuevos y así las dos cosas se conservan.»

Palabra del Señor.

Medita lo que Dios te dice en el Evangelio.

Tú eres mi amigo, Jesús. En este pasaje me recuerdas que la alegría es un elemento característico de tus amigos. No me llamas a vivir una vida de luto, de tristeza, de desaliento. Tú me llamas al gozo, me llamas a la plenitud. Pero te pregunto, Señor, ¿en qué está cimentada mi alegría? Ayúdame a descubrirlo para así poder orientar mi vida de acuerdo a tu voluntad.

Dices en el Evangelio que no pueden estar de luto los amigos del esposo mientras él está con ellos. Mi alegría debe ser la amistad contigo. Tú estás conmigo. Siempre. En todo momento. Si estoy verdaderamente unido a Ti, entonces soy feliz. La tristeza en mi vida llega cuando Tú no estás, cuando te abandono.

Hoy, delante de Ti podría preguntarme, ¿qué es lo que me pone triste?¿Qué me hace feliz? Esto me servirá para descubrir si de verdad es importante para mí la amistad contigo. En esta oración puedo valorar un poco mejor la alegría de ser cristiano, de ser miembro del Regnum Christi.

También me hablas del ayuno, del sacrificio. Pero volvemos a lo mismo. Cualquier sacrificio sería vacío, triste, sin sentido si no es hecho por Ti y por amor. Cuando se ama, entonces el sacrificio es detalle de amor. Se convierte en el mejor medio para demostrar que se ama sinceramente. Ayúdame, Señor, a demostrarte mi amor con actos concretos.

(Homilía de S.S. Francisco, 18 de enero de 2016, en Santa Marta).

«Hay otra realidad: está el Espíritu Santo que nos conduce a la verdad plena. Para esto necesita de corazones abiertos, corazones que no se obstinan en el pecado de la idolatría de sí mismos, que consideran que es más importante lo que pienso que la sorpresa del Espíritu Santo. Y esto es el mensaje que hoy nos da la Iglesia; y que Jesús dice con tanta fuerza: “¡Vino nuevo en odres nuevos!”. Porque ante las novedades del Espíritu, ante las sorpresas de Dios, también las costumbres deben renovarse. Espero que el Señor nos dé la gracia de un corazón abierto, un corazón abierto a la voz del Espíritu, que sepa discernir lo que nunca debe cambiar, porque es fundamento, de aquello que tiene que cambiar para poder recibir la novedad del Espíritu Santo.» 

Diálogo con Cristo

Ésta es la parte más importante de tu oración, disponte a platicar con mucho amor con Aquel que te ama. 

Propósito

Proponte uno personal. El que más amor implique en respuesta al Amado… o, si crees que es lo que Dios te pide, vive lo que se te sugiere a continuación.

Ofreceré un sacrificio en mi lugar de trabajo o estudio como acto de amor a Ti. 

Despedida

Te damos gracias, Señor, por todos tus beneficios, a Ti que vives y reinas por los siglos de los siglos.

Amén.

 

¡Cristo, Rey nuestro!

¡Venga tu Reino!

 

Virgen prudentísima, María, Madre de la Iglesia.

Ruega por nosotros.

 

En el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo. Amén.