Llevar alegria y amor

Lunes 2 de mayo – Enviados a llevar la alegría y el amor

H. Balam Loza LC

En el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo. Amén.

Cristo, Rey nuestro. ¡Venga tu Reino!

Oración preparatoria (para ponerme en presencia de Dios)

Señor, aquí estoy. En medio de mis ajetreos, de mis idas y venidas, de mis cansancios, de mis quehaceres cotidianos quiero estar contigo. Quiero descansar sobre tu pecho como lo hubiese hecho en otro tiempo tu gran amigo Juan. Quiero hacer un poco de silencio y escuchar tu voz. Quiero escuchar esas palabras que dan sentido a mi día. Señor, ¿qué quieres hoy de mí? Yo quiero lo que Tú quieras. A veces no es fácil aceptar tu voluntad. A veces mi corazón sangra, pero en el fondo Tú quieres que sea feliz y eso me da confianza. Eso hace que me tire en tus brazos, hoy, como lo hace el niño con su padre.

Evangelio del día (para orientar tu meditación)

Del santo Evangelio según san Juan 15, 26-16, 4

En aquel tiempo, Jesús dijo a sus discípulos: “Cuando venga el Paráclito, que yo les enviaré a ustedes de parte del Padre, el Espíritu de verdad que procede del Padre, él dará testimonio de mí y ustedes también darán testimonio, pues desde el principio han estado conmigo.

Les he hablado de estas cosas para que su fe no tropiece. Los expulsarán de las sinagogas y hasta llegará un tiempo, cuando el que les dé muerte creerá dar culto a Dios. Esto lo harán, porque no nos han conocido ni al Padre ni a mí. Les he hablado de estas cosas para que, cuando llegue la hora de su cumplimiento, recuerden que ya se lo había predicho yo”.

Palabra del Señor.

Medita lo que Dios te dice en el Evangelio

Hoy escucho, y siento en mi corazón, que me llamas a ser tu testigo. A llevar tu amor entre las personas con las que me voy encontrando a lo largo del día. A llevar tu amor al compañero de trabajo, a la señora que limpia las escaleras, al portero del departamento, a la persona que está sirviendo en la cafetería, al familiar que está pasando por una dura enfermedad o a aquél que está pasando un periodo con problemas económicos, a la señora que está fuera del supermercado pidiendo limosna y cuyos hijos corren, sucios, de un lado a otro. A todos ellos me mandas, Señor.

Me has dado la vida para ser un regalo para los demás; para llevar la alegría y el amor a donde no lo hay, ahí donde la enfermedad ha entristecido los rostros y donde el dinero ha endurecido los corazones. Tómame, Señor, y llévame a donde te haga falta. Te entrego mi persona para que hagas el bien que el mundo necesita.

Pero Tú sabes bien, Jesús, que no siempre es fácil. Esto no es tan fácil como parece. Tú sufriste, fuiste perseguido y calumniado. Hubo momentos en los que te enfadaste… Así me da alegría saber que me comprendes pues Tú también lo viviste. Me animas, no sólo con palabras bonitas, sino que el verte cargando la cruz me anima a no soltarla; a esbozar una sonrisa cuando sólo salen malos pensamientos o cuando la tristeza nubla mi corazón. Y aquí podría contarte todas las veces que he sido un verdadero desastre, un hijo pródigo… pero no hace falta. Tú ya lo sabes. Me conoces perfectamente. Ahora sólo quiero acostarme en tu pecho y descansar. Sin palabras. En silencio.

Quiero ser ese niño pequeño que se metía en los brazos de su padre José, descansaba y recibía la fuerza para seguir creciendo. Quiero descansar pues remar contra corriente no es tan fácil. El decir las cosas como son, sin miedo a ser criticado, a veces desaparece a la hora de la hora. Jesús mío, me pongo en tus manos pues sin tu ayuda me rompería.

 

«Pidan al Señor la gracia de recibir el Espíritu Santo que nos hará recordar las cosas de Jesús, que nos guiará a toda la verdad y nos preparará cada día para dar testimonio, para dar este pequeño martirio de cada día o un gran martirio, según la voluntad del Señor.» (Homilía de S.S. Francisco, 11 de mayo de 2015).

 

Diálogo con Cristo

Ésta es la parte más importante de tu oración, disponte a platicar con mucho amor con Aquel que te ama.

Propósito

Proponte uno personal. El que más amor implique en respuesta al Amado… o, si crees que es lo que Dios te pide, vive lo que se te sugiere a continuación.

Hoy te ofrezco, Señor, mi trabajo ordinario. Quiero vivir al cien las cosas de cada día. Si pasa algo que me molesta no me quejaré delante de todos. No criticaré a nadie. Si me cuesta tratar con alguien, tendré algún detalle con él. Le compraré el café, un chocolate, le daré algún tiempo para escucharlo y aprender de él. Valoraré en cada persona el gran don que has puesto en sus manos.

Despedida

Te damos gracias, Señor, por todos tus beneficios, a Ti que vives y reinas por los siglos de los siglos.

Amén.

 

¡Cristo, Rey nuestro!

¡Venga tu Reino!

 

Virgen prudentísima, María, Madre de la Iglesia.

Ruega por nosotros.

 

En el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo. Amén.