Lunes 23 de mayo – Una invitación a un camino de profunda alegría.

H. Balam Loza LC

En el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo. Amén.

Cristo, Rey nuestro. ¡Venga tu Reino!

Oración preparatoria (para ponerme en presencia de Dios)

Maestro bueno, aquí estoy. Quiero escucharte. Quiero aprender de Ti y darte mi vida entera. Eres el maestro bueno porque me enseñas el camino o mejor, eres Tú mismo el camino. Das la vida pues eres la vida misma y enseñas la verdad porque eres la verdad misma. Quiero seguir lo que me enseñas y me propones. Tú eres el verdadero maestro y sé que lo que me dices, lo dices por mi bien. Me miras con amor y me pides ir alto. A veces me cuesta lo que me pides pero sé que me pides porque me amas. Sabes hasta dónde puedo dar y quieres que dé el máximo de mí mismo. No quieres que me conforme con poco. Me has dado muchos talentos para que los haga rendir. Indícame el camino y me pongo en tus manos.

Evangelio del día (para orientar tu meditación)

Del santo Evangelio según san Marcos 10, 17-27

En aquel tiempo, cuando salía Jesús al camino, se le acercó corriendo un hombre, se arrodilló ante él y le preguntó: “Maestro bueno, ¿qué debo hacer para alcanzar la vida eterna?” Jesús le contestó: “¿Por qué me llamas bueno? Nadie es bueno sino sólo Dios. Ya sabes los mandamientos: No matarás, no cometerás adulterio, no robarás, no levantarás falso testimonio, no cometerás fraudes, honrarás a tu padre y a tu madre”.

Entonces él le contestó: “Maestro, todo eso lo he cumplido desde muy joven”. Jesús lo miró con amor y le dijo: “Sólo una cosa te falta: Ve y vende lo que tienes, da el dinero a los pobres y así tendrás un tesoro en los cielos. Después, ven y sígueme”. Pero al oír estas palabras, el hombre se entristeció y se fue apesadumbrado, porque tenía muchos bienes.

Jesús, mirando a su alrededor, dijo entonces a sus discípulos: “¡Qué difícil les va a ser a los ricos entrar en el Reino de Dios!” Los discípulos quedaron sorprendidos ante estas palabras; pero Jesús insistió: “Hijitos, ¡qué difícil es para los que confían en las riquezas, entrar en el Reino de Dios! Más fácil le es a un camello pasar por el ojo de una aguja, que a un rico entrar en el Reino de Dios”.

Ellos se asombraron todavía más y comentaban entre sí: “Entonces, ¿quién puede salvarse?” Jesús, mirándolos fijamente, les dijo: “Es imposible para los hombres, mas no para Dios. Para Dios todo es posible”.

Palabra del Señor.

Medita lo que Dios te dice en el Evangelio.

Señor, soy bueno y Tú lo sabes. Cumplo lo que tengo que cumplir pero en el fondo sé que no soy del todo generoso. Soy mediocre. Soy tibio y doy el mínimo indispensable. Pero hoy acudo a tus pies y quiero dejar de lado mis egoísmos. Quiero ir más allá. Remaré mar adentro. Me amas, me miras con esa mirada… Tus ojos se cruzan con los míos y… sí Señor, eso es lo que te tengo que ofrecer. Pero ¿cómo? Es que me cuesta. Es mío… no puedo darte esto. Todo lo que quieras menos esto.

Cuántas veces, Señor, soy incapaz de darte lo que Tú me estás pidiendo. Pero si Tú me lo has dado todo,  ¿por qué me apego a mis cosas? Siempre digo que soy capaz de darte todo pero cuando llega el momento me quejo y me entristezco. Cuando te llevas a un familiar, cuando pierdo el trabajo, cuando no puedo pagar las vacaciones me quejo y te echo la culpa a Ti. Es que no me puedes pedir eso… Tómalo todo pero eso no. Y entonces me doy cuenta de que realmente no te he entregado todo. Cuando llega la prueba me doy cuenta que no puedo vivir de discursos bonitos. Tengo que de verdad estar dispuesto a la prueba y estar dispuesto a morir para dar fruto.

Cuántos, señores tengo…. El problema es que quiero servirte a Ti y a los otros al mismo tiempo. Mi alma está dividida. Pero la verdad es que muchas veces sirvo al señor del prestigio, del poder, del dinero, de la buena fama,… El servirte a Ti es difícil. Porque Tú nos purificas, nos pruebas. Pero en realidad el seguirte es el camino más hermoso que se pueda encontrar. Uno no podrá dejar de dar gracias por la llamada a ser tu seguidor. Quiero seguirte hasta dar la vida por Ti. Me pides que deje mis cosas, tómalas. No quiero dejar nada para mí sino que quiero ser todo tuyo, toma lo que quieras. Te abro las puertas de mi corazón y quita de él todo aquello que me desvía del buen camino.

Quiero dar la vida. Así como Tú la diste por mí y no te ahorraste ningún sacrificio, de la misma manera quiero hacerlo yo. No quiero reservarme nada para mí. Te serviré en cada minuto. Cada cosa que haga será para la mayor gloria tuya. No buscaré glorias humanas sino sólo la tuya. Te serviré para que cada vez más personas te conozcan. No haré cosas especiales sino que todo lo que haga lo haré especial. Y enseñaré al mundo lo que es ser cristiano. Enseñare al mundo que el camino cristiano más que ser un camino de penitencia es un camino de profunda alegría. Pues Dios mismo ha dado el ejemplo y Él mismo nos acompaña.

«Queridos jóvenes, «en la cultura de lo provisional, de lo relativo, muchos predican que lo importante es «disfrutar» el momento, que no vale la pena comprometerse para toda la vida, hacer opciones definitivas, «para siempre», porque no se sabe lo que pasará mañana. Yo, en cambio, les pido que sean revolucionarios, les pido que vayan contracorriente; sí, en esto les pido que se rebelen contra esta cultura de lo provisional, que, en el fondo, cree que ustedes no son capaces de asumir responsabilidades, cree que ustedes no son capaces de amar verdaderamente. Yo tengo confianza en ustedes, jóvenes, y pido por ustedes. Atrévanse a «ir contracorriente». Y atrévanse también a ser felices». (SS Papa Francisco, Encuentro con los voluntarios de la JMJ de Río de Janeiro, 28 julio 2013).

Diálogo con Cristo

Ésta es la parte más importante de tu oración, disponte a platicar con mucho amor con Aquel que te ama.

Propósito

Proponte uno personal. El que más amor implique en respuesta al Amado… o, si crees que es lo que Dios te pide, vive lo que se te sugiere a continuación.

Te ofrezco el día de hoy vivir mis obligaciones diarias con alegría. Llevaré una sonrisa en el rostro y no me quejaré por nada.

Despedida

Te damos gracias, Señor, por todos tus beneficios, a Ti que vives y reinas por los siglos de los siglos.

Amén.

¡Cristo, Rey nuestro!

¡Venga tu Reino!

Virgen prudentísima, María, Madre de la Iglesia.

Ruega por nosotros.

En el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo. Amén.