Lunes 27 de junio – Cruzar el lago

H. Javier Castellanos, LC

 

En el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo. Amén.

Cristo, Rey nuestro. ¡Venga tu Reino!

 

Oración preparatoria (para ponerme en presencia de Dios)

Señor Jesús: orar es descubrir tu amor por mí. Es abrir espacio en el corazón para recibirte y para que quepa en él un amor como el que Tú mereces. Por eso te pido que en este rato de oración me ayudes y me guíes para encontrarte, para conocerte mejor y para responder a tu amor con mi amor.

 

Evangelio del día (para orientar tu meditación)

Del santo Evangelio según san Mateo 8, 18-22

En aquel tiempo, al ver Jesús que la multitud lo rodeaba, les ordenó a sus discípulos que cruzaran el lago hacia la orilla de enfrente.

En ese momento se le acercó un escriba y le dijo: “Maestro, te seguiré a donde quiera que vayas”. Jesús le respondió: “Las zorras tienen madrigueras y las aves del cielo, nidos; pero el Hijo del hombre no tiene en donde reclinar la cabeza”.

Otro discípulo le dijo: “Señor, permíteme ir primero a enterrar a mi padre”. Pero Jesús le respondió: “Tú, sígueme y deja que los muertos entierren a sus muertos”.

Palabra del Señor.

 

Medita lo que Dios te dice en el Evangelio

Jesús les pide a sus apóstoles ir al otro lado del lago y alejarse de la muchedumbre. El mensaje que quiere dar hoy es claro, hay que  salir del lugar común, donde me podría sentir cómodo para seguir a Cristo.  Hay que salir incluso de uno mismo, ir a la otra orilla y dejar todo detrás. Es una invitación exigente, sólo para los valientes…

Seguir a Cristo es un honor maravilloso que todo cristiano ha recibido en el bautismo. Pero también es verdad que no es un camino fácil. El Señor nos ha tomado en serio: cuando vino a este mundo sabía que le costaría perderlo todo en la cruz por nosotros. ¡Así de radical y «temerario» es el amor que Él nos tiene! Pero amor con amor se paga, y a un Amor radical sólo le corresponde una respuesta de amor radical.

Tal vez en mi día a día mi amor a Cristo no pide un acto tan radical como el martirio, la pobreza absoluta, ser rechazado por los seres queridos… Sin embargo, pequeño o grande, todos tenemos un lago que cruzar para seguir a Cristo: ser fiel a mis compromisos de cristiano, aunque haya que sacrificar el antojo del momento; vivir para los demás, por más que cueste a veces darse al otro, saber escuchar, comprender, perdonar… ¿Cuál es el lago que Cristo me pide que cruce?

¡Allá, al otro lado del lago, me espera Cristo, y ojalá que mi amor a Él sea uno que no conoce barreras!

(Homilía de S.S. Francisco, 18 de noviembre de 2015).

«La puerta está generosamente abierta, pero es necesario un poco de coraje por nuestra parte para cruzar el umbral. Cada uno de nosotros tiene dentro de sí cosas que pesan. ¡Todos somos pecadores! Aprovechemos este momento que viene y crucemos el umbral de esta misericordia de Dios que nunca se cansa de perdonar, ¡nunca se cansa de esperarnos! Nos mira, está siempre a nuestro lado. ¡Ánimo! Entremos por esta puerta.»

 

Diálogo con Cristo

Ésta es la parte más importante de tu oración, disponte a platicar con mucho amor con Aquel que te ama.

 

Propósito

Proponte uno personal. El que más amor implique en respuesta al Amado… o, si crees que es lo que Dios te pide, vive lo que se te sugiere a continuación.

Hacer un sacrificio en la comida, o de algún gusto durante el día, pidiendo al Señor un amor valiente por Él.

 

Despedida

Te damos gracias, Señor, por todos tus beneficios, a Ti que vives y reinas por los siglos de los siglos.

Amén.

 

¡Cristo, Rey nuestro!

¡Venga tu Reino!

 

Virgen prudentísima, María, Madre de la Iglesia.

Ruega por nosotros.

 

En el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo. Amén.