Viernes 3 de junio - Un Dios que sin temor da todo de sí con alegría

Viernes 3 de junio – Un Dios que sin temor da todo de sí.

El Sagrado Corazón de Jesús

H. Cristian Gutiérrez, LC

En el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo. Amén.

Cristo, Rey nuestro. ¡Venga tu Reino! 

Oración preparatoria (para ponerme en presencia de Dios)

Gracias, Señor, por esta nueva oportunidad que me das para estar contigo. Te quiero y por ello estoy delante de Ti para acompañarte, hablarte y conocerte más. Vengo ante Ti confiado en que atenderás mi oración y me concederás lo que más necesito en este momento. Creo en Ti y en tu Palabra que jamás engaña, que siempre me es fiel. Hoy, viernes primero de mes, te digo: Sagrado Corazón de Jesús, en Ti confío. 

Evangelio del día (para orientar tu meditación)

Del santo Evangelio según san Lucas 15, 3-7

En aquel tiempo, Jesús dijo a los fariseos y a los escribas esta parábola: “¿Quién de ustedes, si tiene cien ovejas y se le pierde una, no deja las noventa y nueve en el campo y va en busca de la que se le perdió hasta encontrarla? Y una vez que la encuentra, la carga sobre sus hombros, lleno de alegría, y al llegar a su casa, reúne a los amigos y vecinos y les dice: ‘Alégrense conmigo, porque ya encontré la oveja que se me había perdido’.

Yo les aseguro que también en el cielo habrá más alegría por un pecador que se arrepiente, que por noventa y nueve justos, que no necesitan arrepentirse”.

Palabra del Señor.

Medita lo que Dios te dice en el Evangelio.

Hoy me muestras tu corazón. En esta bella y corta parábola me presentas los sentimientos más profundos que hay en tu interior: misericordia, ternura, alegría.

Muchas veces soy esa oveja que me pierdo o me escapo de tu rebaño. Tu respuesta no es la indiferencia del que dice: «¡Qué importa una oveja menos! Me quedan otras noventa nueve», sino que preocupado sales a mi encuentro como una madre que, desesperada, busca a su hijo extraviado. ¡Cuánto sufres Jesús cuando me ves perdido, alejado, desorientado! Dame la gracia de dejarme encontrar por Ti. Que no me resista a tu misericordia que me busca para ayudarme.

Me revelas que no eres el Dios justiciero que pintan a veces. Eres el Pastor tierno que, al encontrarme perdido, no me castigas con severas reprimendas, sino que me buscas, me escuchas, me ves, me alcanzas, te inclinas, me tomas en tus manos y me montas en tus hombros. Ayúdame Señor a experimentar tu ternura hacia mí, pecador.

Me muestras además la alegría que sientes al poder estar cerca de mí. Eres un Dios que se alegra de mi conversión, un Dios que se siente orgulloso de mi bienestar, un Dios que sin temor da todo de sí con tal de compartir su alegría conmigo y con los demás. Dame, Señor, un poco de tu alegría. Haz que esta alegría pinte de color todos los aspectos de mi vida, incluso aquellos más oscuros.

Gracias, Señor, por tu amor, tu misericordia, tu alegría, tu ternura.

«Es importante, por lo tanto, que el confesor sea también un “canal de alegría” y que el fiel, después de recibir el perdón, ya no se sienta oprimido por las culpas, sino que guste la obra de Dios que lo ha liberado, viviendo en acción de gracias, dispuesto a reparar el mal cometido y yendo al encuentro de los hermanos con corazón bueno y disponible.

Queridos hermanos, en este tiempo nuestro, marcado por el individualismo, por tantas heridas y la tentación de encerrarse, es un auténtico don ver y acompañar a las personas que se acercan a la misericordia.»

(Papa Francisco, 4 de marzo de 2016». 

Diálogo con Cristo

Ésta es la parte más importante de tu oración, disponte a platicar con mucho amor con Aquel que te ama. 

Propósito

Proponte uno personal. El que más amor implique en respuesta al Amado… o, si crees que es lo que Dios te pide, vive lo que se te sugiere a continuación.

Haré un una visita a la Eucaristía para agradecer la misericordia y el amor que me tienes.

Despedida

Te damos gracias, Señor, por todos tus beneficios, a Ti que vives y reinas por los siglos de los siglos.

Amén.

¡Cristo, Rey nuestro!

¡Venga tu Reino!

Virgen prudentísima, María, Madre de la Iglesia.

Ruega por nosotros.

En el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo. Amén.