Jueves 30 de junio - La fe, unida al ingenio, hace maravillas.

Jueves 30 de junio – La fe, unida al ingenio, hace maravillas.

H. Javier Castellanos, LC.

En el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo. Amén.

Cristo, Rey nuestro. ¡Venga tu Reino!

 

Oración preparatoria (para ponerme en presencia de Dios)

Gracias, Dios mío, pues de Ti he recibido todo lo que soy y tengo. Te agradezco muy especialmente el don de la vida, y también te agradezco por el don de la fe. ¡Qué gran tesoro he recibido! Te pido que me ayudes con tu gracia, para que sepa ser responsable con todos los dones que me has dado y para que sepa compartirlos con los demás con el mismo amor que Tú me los has dado.

 

Evangelio del día (para orientar tu meditación)

Del santo Evangelio según san Mateo 9, 1-8

En aquel tiempo, Jesús subió de nuevo a la barca, pasó a la otra orilla del lago y llegó a Cafarnaúm, su ciudad.

En esto, trajeron a donde él estaba a un paralítico postrado en una camilla. Viendo Jesús la fe de aquellos hombres, le dijo al paralítico: «Ten confianza, hijo. Se te perdonan tus pecados».

Al oír, algunos escribas pensaron: «Este hombre está blasfemando». Pero Jesús, conociendo sus pensamientos, les dijo: «¿Por qué piensan mal en sus corazones? ¿Qué es más fácil: decir ‘Se te perdonan tus pecados’, o decir ‘Levántate y anda’? Pues para que sepan que el Hijo del hombre tiene poder en la tierra para perdonar los pecados, –le dijo entonces al paralítico–: Levántate, toma tu camilla y vete a tu casa’.

Él se levantó y se fue a su casa. Al ver esto, la gente se llenó de temor y glorificó a Dios, que había dado tanto poder a los hombres.

Palabra del Señor.

 

Medita lo que Dios te dice en el Evangelio.

No era fácil acercarse al Señor en medio de una muchedumbre tan grande. Ya no cabía un alfiler en la casa, y la gente se amontonaba fuera para recibir al menos una parte de la Nueva Noticia. Sin embargo, algunos hombres de fe consiguen traer un paralítico a los pies de Jesús. Y Él les agradece curando a su amigo.

La fe, unida al ingenio, puede hacer muchas cosas. Ahí donde la puerta está bloqueada, hay una brecha que se puede abrir por el techo. Entonces los caminos hacia Jesús se multiplican. Pero sólo hay un motor lo bastante fuerte para poner esto en marcha: la caridad.

Por amor a los hombres, Señor Jesús, abriste una brecha desde el cielo, y te hiciste hombre entre nosotros. Por amor a los hombres te entregabas sin descanso a la misión de evangelizar y curar. Sólo el amor puede mover el corazón del ser humano, así como el amor por Ti, Señor, me impulsa a buscarte, para corresponder de algún modo a tu amor.

¿Y qué hay de mis hermanos y hermanas? ¿Puedo acaso dejarlos en una camilla, sabiendo por la fe que Tú puedes curarlos? No puedo estar inactivo, tengo que hacer algo por ellos. Si no hay espacio por la puerta, si hay que abrir brecha por el tejado, permíteme traerlos delante de Ti. En Ti está el perdón y la salud verdadera, para mí y para todas las personas que me rodean. «Me toca a mí el que tu mensaje de salvación llegue a todos los hombres.»

(Homilía de S.S. Francisco, 15 de enero de 2016, en Santa Marta).

«Jesús, como siempre, está en medio de la gente, mucha gente. Para acercar el enfermo a Él los amigos impulsados por la fe se muestran decididos y valientes, se atrevieron a todo. No pensaron en los riesgos que conlleva descolgar la camilla por el techo o también el peligro de que el propietario de la casa llamase a la policía y los enviase a la cárcel. Ellos, de hecho,«pensaban sólo en acercarse a Jesús. Tenían fe.»

 

 

Diálogo con Cristo

Ésta es la parte más importante de tu oración, disponte a platicar con mucho amor con Aquel que te ama.

 

Propósito

Proponte uno personal. El que más amor implique en respuesta al Amado… o, si crees que es lo que Dios te pide, vive lo que se te sugiere a continuación.

Invitar a algún amigo a acompañarme a misa o hacer una visita al Santísimo.

 

Despedida

Te damos gracias, Señor, por todos tus beneficios, a Ti que vives y reinas por los siglos de los siglos.

Amén.

 

¡Cristo, Rey nuestro!

¡Venga tu Reino!

 

Virgen prudentísima, María, Madre de la Iglesia.

Ruega por nosotros.

 

En el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo. Amén.