7 cosas que ocurren cuando visitas seguido a Cristo en la Eucaristía

Por José Pablo Poblete, LC

Las constituciones de la Congregación de los Legionarios de Cristo dedican dos números para hablar de la Eucaristía. El primero de ellos (CLC nº51) explica las disposiciones del sacerdote y de los religiosos para poder participar de este sacramento. El segundo número, en cambio, busca recalcar la centralidad de la Eucaristía dentro de la vida comunitaria y personal.

«Hagan de la Eucaristía el centro espiritual de la comunidad y tribútenle un culto fervoroso y asiduo. Busquen dedicar cada día un tiempo prolongado a la adoración y visiten con frecuencia a Cristo Eucaristía quien, lleno de gracia y de verdad, ordena las costumbres, forja el carácter, alimenta las virtudes, consuela a los afligidos, fortalece a los débiles, incita a su imitación y santifica a los que se acercan a Él» (CLC nº 52).

Es difícil a veces, en un mundo fuertemente digitalizado y sumergido en una vorágine de actividades, invertir tiempo con el Señor en el silencio de la mente para dejarle espacio a la oración del corazón. Muchas veces, incluso queriendo pasar tiempo con Dios en la Eucaristía, las responsabilidades no lo permiten, y los minutos libres, entre una cita y otra, son devorados tiránicamente por los últimos e-mails o mensajes del celular que requieren solución inmediata. Es una realidad que se constata y ante la cual conviene tomar una decisión, para recordar que sólo en Cristo tiene sentido la la vida cristiana. Para ello puede iluminar lo que recalca el número 52 de nuestras constituciones que comparto aquí y he titulado: las 7 cosas que realiza Cristo en tu alma si lo visitas seguido en la Eucaristía.

  1. Ordena las costumbres

El mundo contemporáneo es un neo paganismo activo plagado de distracciones y de objetivos momentáneos. Las costumbres personales muchas veces pasan por la búsqueda de intereses particulares, del placer barato, de la fama instantánea, del nombre aclamado, del podio con poco esfuerzo. En la Eucaristía, sin embargo, Cristo busca reconquistar el centro de nuestra vida diciendo; “espera, que todo lo que hagas tiene que pasar primero a través de mi corazón”. Ordenar las costumbres significa buscar las cosas de Dios y, sobre todo, buscarlas a través de Dios. Dejar de dar tiros a blancos dispersos para centrar todo en Cristo. Así la vida toma una única costumbre; Cristo.

  1. Forja el carácter

Estar sentado o de rodillas frente al Santísimo, pasar momentos en adoración, perseverar en la vivencia de la caridad cristiana y en la generosidad; todo esto forja el carácter y la personalidad de un católico. Delante de Aquél que ofreció su vida de una manera tan cruenta y con tanto amor por los demás, no quedaría otra opción que pulir nuestro modo de ser para ponernos a disposición de Cristo. Perseverar en la adoración Eucarística es sembrar raíces duraderas en el amor auténtico. Es sentirse como un discípulo más en la noche de Getsemaní, acompañando al Señor en los momentos más duros de su vida.

  1. Alimenta las virtudes

La repetición constante cada día de actos buenos suele desembocar en la adquisición de las virtudes. Pero también existen caminos rápidos y seguros para fortaleces una sólida disposición a la santidad. Ir directo a quien es Señor y Modelo de toda virtud, para suplicarle, en adoración, que deje escapar un rayo de luz que ilumine nuestro interior. Una planta difícilmente crecerá si el agricultor jala desde el tallo hacia arriba (incluso corre el peligro de sacarla de raíz). Lo mejor es hincar las rodillas ante la Eucaristía y dejar que alma reciba la mejor luz y la mejor irrigación.

  1. Consuela a los afligidos

Cuánta gente vaga triste por las calles de las ciudades buscando un abrazo de consuelo o unas palabras de conforto. Si estás afligido, si la vida te cuesta, si la pena te agobia, si el trabajo escasea y no rinde el sueldo, no dudes, ve a la Eucaristía. Aquél que dijo “bienaventurados los que lloran” (Mt. 5;4), está allí esperando para consolarte y borrar las penas del mundo. Es verdad que muchas veces las lágrimas no se pueden evitar, pero sí se les puede dar sentido en Cristo, y así unido a Él esperar el momento de la Resurrección.

  1. Fortalece a los débiles

Cuántas veces la vida parece superar al hombre, y logra abatirlo y cansarlo. Ante los problemas existe una fortaleza mayor a la del dinero, a la de la fuerza física, a la de la fama. Existe la fortaleza de la debilidad unida al Creador. Cuando uno se siente débil y aun así pone su esfuerzo y se confía a Dios dejándolo actuar en su vida, ¿qué no podrá hacer el Autor del universo en nosotros? ¿El que mató la muerte, no podrá acaso darnos la verdadera vida? Bienaventurados los débiles que se acercan a la Eucaristía, porque pueden exclamar “porque cuando soy débil, entonces soy fuerte” (2 Cor. 12;10).

  1. Incita a su imitación

Cristo desde la Eucaristía actúa e incita a la actuación. Reina desde el silencio del sagrario. Recorre el mundo sin moverse. Convierte las almas sin necesidad de gestos o palabras. Espera con amor paterno que vengan sus hijos a visitarle. Con humildad acepta incluso ser olvidado. ¿No desea cada católico alcanzar estas virtudes? No hay nada mejor como pasar un momento de adoración ante Cristo Eucaristía y descubrir que me invita a vivir como Él lo hace.

  1. Santifica a los que se acercan a Él

Basta ponerse bajo el sol en un día de verano para arriesgarse a un bronceado. Si esta es la experiencia desde la Tierra, ¿qué pasaría si pudiéramos acercarnos al sol? Lo mismo pasa con la Eucaristía. Mientras más tiempo pases con Cristo empezarás a pensar como Él, a juzgar los acontecimientos desde la perspectiva de Dios, a mirar con los ojos del Maestro, a hablar con las palabras del Evangelio, a rezar como Cristo con su Padre. Deja que tu corazón tome el mismo ritmo de latidos que el de Cristo y acércate a santificarte en el sagrario.

¿Qué más falta decir? Disfruta del tiempo que pasas con Cristo Eucaristía y busca que sea cada vez se repita más y más. No solo vale la pena, vale la vida.