Martes 7 de junio – Sal y luz.

H. Cristian Gutiérrez LC

En el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo. Amén.

Cristo, Rey nuestro. ¡Venga tu Reino! 

Oración preparatoria (para ponerme en presencia de Dios)

Creo en Ti, Señor, pero ayúdame a creer con firmeza; espero en Ti, pero ayúdame a esperar sin desconfianza; te amo, Señor, pero ayúdame a demostrarte que te quiero; estoy arrepentido, pero ayúdame a no volver a ofenderte. […] Te ofrezco, Señor, mis pensamientos, ayúdame a pensar en Ti; te ofrezco mis palabras, ayúdame a hablar de Ti; te ofrezco mis obras, ayúdame a cumplir tu Voluntad; te ofrezco mis penas, ayúdame a sufrir por Ti. (Oración del Papa Clemente XI) 

Evangelio del día (para orientar tu meditación)

Del santo Evangelio según san Mateo 5, 13-16

En aquel tiempo, Jesús dijo a sus discípulos: “Ustedes son la sal de la tierra. Si la sal se vuelve insípida, ¿con qué se le devolverá el sabor? Ya no sirve para nada y se tira a la calle para que la pise la gente.

Ustedes son la luz del mundo. No se puede ocultar una ciudad construida en lo alto de un monte; y cuando se enciende una vela, no se esconde debajo de una olla, sino que se pone sobre un candelero, para que alumbre a todos los de la casa.

Que de igual manera brille la luz de ustedes ante los hombres, para que viendo las buenas obras que ustedes hacen, den gloria a su Padre, que está en los cielos”.

Palabra del Señor.

Medita lo que Dios te dice en el Evangelio.

Sal y luz. Dos imágenes que me pones delante en este día para contemplarlas, meditarlas y aprender. Estas imágenes me representan a mí, cristiano de hoy, y la invitación que me haces a participar en este mundo. Éstas son imágenes de la misión que me has confiado. Pero concretamente, ¿qué es lo que me quieres decir con estas dos imágenes?

Podría comparar algunos beneficios de la sal para luego compararlos con mi vida y ver en qué puedo mejorar. La sal da sabor. Como cristiano y miembro del Regnum Christi me invitas a ser sal, es más, me dices que lo soy. Me pides colaborar para que los que me rodean encuentren el sabor, el sentido de sus vidas, le den ese toque cristiano que acompañe cada uno de sus actos. Dame la gracia de ser verdaderamente un grano de sal que, formado por moléculas de tu Evangelio, pueda ayudar a dar sabor a mi vida y a la de los demás.

También me dices que soy la luz del mundo. Me llamas a ser luz para los demás. Al momento de iluminar algunos somos antorchas, otros somos faros, otros linternas; no importa el tamaño de la capacidad que me has dado,  lo que importa es poner toda la energía que me das para irradiar tu luz con mis palabras, con mis acciones, con mi vida.

Tal vez hoy podría, delante de Ti, preguntarme, ¿cuánta capacidad de luz me has dado? ¿La estoy aprovechando al máximo? Dame la gracia, Señor, de ser luz para los que me rodean y compartirles este don que me has dado, para que ellos también puedan encenderse y alumbrar, y juntos colaboraremos para irradiar tu luz a nuestra realidad.

Diálogo con Cristo

Ésta es la parte más importante de tu oración, disponte a platicar con mucho amor con Aquel que te ama. 

Propósito

Proponte uno personal. El que más amor implique en respuesta al Amado… o, si crees que es lo que Dios te pide, vive lo que se te sugiere a continuación.

Haré un acto de caridad oculto y lo ofreceré por los cristianos en dificultades.

Despedida

Te damos gracias, Señor, por todos tus beneficios, a Ti que vives y reinas por los siglos de los siglos.

Amén.

¡Cristo, Rey nuestro!

¡Venga tu Reino!

Virgen prudentísima, María, Madre de la Iglesia.

Ruega por nosotros.

En el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo. Amén.