Miércoles 8 de junio – dar plenitud

H. Iván Yoed González LC

En el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo. Amén.

Cristo, Rey nuestro. ¡Venga tu Reino! 

Oración preparatoria (para ponerme en presencia de Dios)

Señor, en tu presencia se está bien. Aislarse de todo menos de Ti, es lo que anhela el alma. Siento fuerte atracción hacia tantas cosas, pero quien me puede saciar únicamente eres Tú. Cristo, Dios mío, verdadero y único alimento de mi alma. Cristo, Dios mío, que moriste por mí en la cruz. Urge en mi alma el deseo de encontrarme contigo. Quiero que así sea en este instante. Amén. Gracias Dios mío por llamarme.

Evangelio del día (para orientar tu meditación)

Del santo Evangelio según san Mateo 5, 17-19

En aquel tiempo, Jesús dijo a sus discípulos: “No crean que he venido a abolir la ley o los profetas; no he venido a abolirlos, sino a darles plenitud. Yo les aseguro que antes se acabarán el cielo y la tierra, que deje de cumplirse hasta la más pequeña letra o coma de la ley. Por lo tanto, el que quebrante uno de estos preceptos menores y enseñe eso a los hombres, será el menor en el Reino de los cielos; pero el que los cumpla y los enseñe, será grande en el Reino de los cielos”.

Palabra del Señor.

Medita lo que Dios te dice en el Evangelio.

Señor, quisiera comprender cuán grande riqueza viniste a regalarnos con tu encarnación. Si Tú no te encuentras en mi vida, me es simplemente imposible encontrar el camino verdadero de mi salvación. Caminos errados conozco muchos, e incluso los he andado en ocasiones. Yo mismo puedo rememorarlos en mi interior, y con certeza puedo decir delante de Ti que no son plenitud. El camino antiguo de la antigua ley que tuvo como inicio el amor de Dios, había degenerado en un camino seco del deber, del cumplir, del efectuar, del pagar e incluso del imponer. Y todo esto venía a significar una sola cosa: rutina. Y la rutina es todo lo contrario del amor.

El hombre te necesitaba, precisaba tu gracia, demandaba tu amor, Jesucristo. La plenitud que vendrías a otorgar sería la de dar plenitud a la ley en tu persona. Y la rutina se convertiría en amor, porque el amor es siempre nuevo. Vendrías a extinguir la obligación para dar lugar al amor. Y todo acto tomaría una identidad totalmente nueva, tomaría la identidad de darte gloria solamente. Aquí, no de frente a ese ‘dar el mínimo posible a los demás’, como me lo propone el mundo, nacía una nueva urgencia: la de amar hasta el extremo en testimonio de tu nombre, y así extender tu Reino.

Señor, Tú diste plenitud. Tú no viniste a dar una doctrina, Tú mismo fuiste tu mensaje. La ley tomó tu nombre. Tú, eres el único camino al verdadero amor. Concédeme imitarte. Concédeme tu gracia, Jesús. 

Diálogo con Cristo

Ésta es la parte más importante de tu oración, disponte a platicar con mucho amor con Aquel que te ama. 

Propósito

Proponte uno personal. El que más amor implique en respuesta al Amado… o, si crees que es lo que Dios te pide, vive lo que se te sugiere a continuación.

Señor, quiero reflexionar delante de Ti, si hubiese aún alguna cosa en mí que no esté orientada a amarte.

Despedida

Te damos gracias, Señor, por todos tus beneficios, a Ti que vives y reinas por los siglos de los siglos.

Amén.

¡Cristo, Rey nuestro!

¡Venga tu Reino!

Virgen prudentísima, María, Madre de la Iglesia.

Ruega por nosotros.

En el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo. Amén.