Jueves 9 de junio – Amar siempre, aunque no sea fácil.

Hay que amar siempre. Porque sabemos que lo más importante no está en nuestros corazones heridos sino en la ofensa que permitimos que hiriese al otro.

H. Balam Loza LC

En el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo. Amén.

Cristo, Rey nuestro. ¡Venga tu Reino!

Oración preparatoria (para ponerme en presencia de Dios)

Señor, hoy me encuentro con un Jesús un poco más severo. Pero no. Me encuentro con un Dios que arde de celo por cada persona. Su corazón desborda de amor. No puede ver al hombre pelear y por esto insiste tanto en que nos reconciliemos, que amemos al otro de verdad y que nunca nos consideremos  superiores a nadie.

Y hoy vengo, Señor, con mi pecado y miseria. Tú bien sabes que muchas veces he ofendido a mi hermano. Pero también sabes que me he puesto delante de él para pedirle perdón. Por eso me atrevo a venir en tu presencia. Pongo en tus manos a aquellas personas a las que he ofendido.

Evangelio del día (para orientar tu meditación)

Del santo Evangelio según san Mateo 5, 20-26

En aquel tiempo, Jesús dijo a sus discípulos: “Les aseguro que si su justicia no es mayor que la de los escribas y fariseos, ciertamente no entrarán ustedes en el Reino de los cielos.

Han oído que se dijo a los antiguos: No matarás y el que mate será llevado ante el tribunal. Pero yo les digo: Todo el que se enoje con su hermano, será llevado también ante el tribunal; el que insulte a su hermano, será llevado ante el tribunal supremo, y el que lo desprecie, será llevado al fuego del lugar de castigo.

Por lo tanto, si cuando vas a poner tu ofrenda sobre el altar, te acuerdas allí mismo de que tu hermano tiene alguna queja contra ti, deja tu ofrenda junto al altar y ve primero a reconciliarte con tu hermano, y vuelve luego a presentar tu ofrenda. Arréglate pronto con tu adversario, mientras vas con él por el camino; no sea que te entregue al juez, el juez al policía y te metan a la cárcel. Te aseguro que no saldrás de allí hasta que hayas pagado el último centavo».

Palabra del Señor.

Medita lo que Dios te dice en el Evangelio.

Se suele decir que del roce nace el amor. Pero también  en cuanto una persona entra en confianza con alguien es cuando comienzan los problemas y las discusiones. Los primeros días del matrimonio son los más bellos, pero esa tranquilidad se comienza a agitar velozmente. Cuando uno conoce a una persona las primeras semanas concederá todo. No hay problemas. Pero, de un día a otro, nos entendemos tan bien que no nos soportamos. Así son las relaciones humanas.

A veces uno dice todo lo que puede contra el amigo. «Es un inútil…es que si supiera… no me entiende… Como siempre él tiene la culpa…». Y así damos vueltas y vueltas intentando echarle la culpa a los demás. Nosotros nunca tenemos la culpa. Yo pago siempre. Yo sufro todas las consecuencias. Yo tengo la razón, pero no me hicieron caso. La cosa que resulta es que nosotros nunca tenemos la culpa, sino que es el otro.

¿Ir a pedir perdón yo? Nunca. Bueno, si al menos yo hubiese tenido la culpa… pero yo dije y nadie me escuchó. Nunca bajamos la cabeza delante del otro pidiéndole perdón. Nos levantamos en nuestro orgullo y no somos capaces de lavar los pies al otro. Pretendemos ser superiores a los demás y consideramos al resto inútiles. Pero justo es pidiendo perdón como se demuestra que somos superiores. Porque sabemos que lo más importante no está en nuestros corazones heridos sino en la ofensa que permitimos que hiriese al otro.

Jesucristo cambió el mundo no porque demostró su superioridad delante de los fariseos o delante de Herodes o Pilatos. Fue superior porque perdonó hasta la última  ofensa y no dejó que el odio invadiese su corazón. Amó hasta el fin. Y no fue fácil. Perdonó a todos, a pesar de recibir traiciones de cada uno de sus mejores amigos. El amor más grande es dar la propia vida por el amigo. Morir por el otro. No guardarse nada.

Diálogo con Cristo

Ésta es la parte más importante de tu oración, disponte a platicar con mucho amor con Aquel que te ama.

 Propósito

Proponte uno personal. El que más amor implique en respuesta al Amado… o, si crees que es lo que Dios te pide, vive lo que se te sugiere a continuación.

Hoy te ofrezco, Señor, acercarme a pedir perdón a los que he ofendido esta semana.

Despedida

Te damos gracias, Señor, por todos tus beneficios, a Ti que vives y reinas por los siglos de los siglos.

Amén.

¡Cristo, Rey nuestro!

¡Venga tu Reino!

Virgen prudentísima, María, Madre de la Iglesia.

Ruega por nosotros.

En el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo. Amén.