«Dios deja su cielo inalcanzable para hacerse un nuevo cielo en nuestros corazones»

«Dios deja su cielo inalcanzable para hacerse un nuevo cielo en nuestros corazones» – Carta del P. Eduardo Robles-Gil, LC con motivo de la Navidad

¡Venga tu Reino!

México, 24 de diciembre de 2018

A los Legionarios de Cristo
A las Consagradas del Regnum Christi
A los Laicos consagrados del Regnum Christi
A todos los miembros laicos y amigos del Movimiento Regnum Christi

Muy estimados en Jesucristo:

Siento una especial alegría de enviarles este saludo en la víspera de Navidad. Mi intención es hacerles llegar a cada uno mi felicitación por el regalo tan grande y tan inmerecido que recibiremos esta noche, cuando nuestro Señor se instale en nuestros corazones, esperando el calor de nuestro amor, pero sobre todo trayéndonos la bendición del cielo.

Pero quisiera primeramente darles las gracias porque en estas semanas he sentido intensamente el apoyo que me han brindado con sus oraciones, con ocasión de la conclusión de la Asamblea General del Regnum Christi, y también con motivo de la partida de mi madre a la Patria Celestial. Con mis limitadas posibilidades he correspondido ofreciendo yo también mis oraciones por todos ustedes.

La antífona de entrada de la misa vespertina del día de Navidad dice: «Esta noche sabrán que el Señor vendrá a salvarnos y por la mañana contemplarán su gloria». «Esta noche… mañana…»: nos habla de los tiempos de Dios. Porque hoy «nos va a nacer un Niño», hoy nos va a nacer «un Salvador, el Mesías, el Señor». Ni el más grande genio humano habría podido imaginar que Dios pudiera dársenos de este modo tan insospechado, tan inaudito, y aun tan irracional. Dios se hace hombre, se hace uno de nosotros. Dios baja de su eternidad para compartir nuestra temporalidad. Dios deja su cielo inalcanzable para hacerse un nuevo cielo en nuestros corazones, purificándolos del horror del pecado.

Mañana contemplaremos su gloria, porque sus dones son sin arrepentimiento. A Moisés Dios le mostraba su gloria por momentos, y luego se retiraba. A nosotros no sólo nos la muestra permanentemente, sino que, al salvamos y al hacemos partícipes de su vida divina, nos ha transformado en templos de su gloria. Como dice san Ireneo, el hombre que vive, o sea, el hombre que ha recibido la vida divina es él mismo la gloria de Dios.

Este es el gran regalo que nos trae el nacimiento de Jesucristo. ¡Cómo no felicitamos unos a otros! Pero es un regalo en cierto modo frágil, delicado. No lo hemos merecido. No éramos dignos de él. Pero tenemos que aprender a ser menos indignos, para corresponderle, para que ese regalo dé fruto, para que esa salvación nos transforme íntegramente, para que aprendamos a ser, vivir, dar, como El, por puro amor.

También es misterioso este regalo pues, aunque actúa inmediatamente con su amor providente y misericordioso no siempre es palpable para nosotros su acción y a veces nos sentimos solos. Es el «mañana» de Dios, son los tiempos inescrutables de la acción de Dios. La Encarnación y el Nacimiento del Jesucristo redentor es una invitación a creer con fe firme en la presencia permanente de Dios en nuestras vidas y saber que su amor misericordioso está actuando constantemente para nuestro bien.

Esta Navidad nos ha traído a nosotros, miembros del Regnum Christi, también el regalo de haber concluido exitosamente una etapa providencial, llena de enseñanzas, aunque también sufrida, difícil y larga… Ahora se nos presenta por delante un nuevo capítulo, en continuidad con nuestra historia como familia espiritual, lleno de nuevos retos y desafíos. Me atrevo a decir que la Federación Regnum Christi es su regalo para nosotros en este año, pero será un regalo algo difícil de desenvolver, sin un instructivo preciso, pero con una indicación clara “Handle with care” \ ”Trátese con amor”, y a través de este regalo seguirá estando presente en nuestras vidas y en nuestros apostolados. Sabemos que nos sostiene la gracia de Dios, que nos acompaña nuestra Madre, la Iglesia, y que juntos, en profunda comunión, podremos realizar la misión de colaborar en la extensión de su Reino de amor, de justicia, de paz. Agradecemos con un corazón enamorado este regalo que Él nos concede y nosotros aceptamos.

Aprovecho esta oportunidad para expresar también mi felicitación a los sacerdotes legionarios que en este día están celebrando el aniversario de su ordenación sacerdotal, muy especialmente a los padres Rafael Ruiz y Héctor Galván, que hoy cumplen 50 años de entrega celosa en el ministerio sacerdotal.

Con sincero aprecio y afecto sacerdotal, quedo de ustedes, afmo. en Jesucristo,

Eduardo Robles-Gil, LC