Corpus Christi: «Dadles vosotros de comer» (Lc 9,11-17)

Evangelio: Lucas 9,11-17
En aquel tiempo, Jesús se puso a hablar al gentío del reino de Dios y curó a los que lo necesitaban. Caía la tarde, y los Doce se le acercaron a decirle: «Despide a la gente; que vayan a las aldeas y cortijos de alrededor a buscar alojamiento y comida, porque aquí estamos en descampado». Él les contestó: «Dadles vosotros de comer». Ellos replicaron: «No tenemos más que cinco panes y dos peces; a no ser que vayamos a comprar de comer para todo este gentío». Porque eran unos cinco mil hombres. Jesús dijo a sus discípulos: «Decidles que se echen en grupos de unos cincuenta». Lo hicieron así, y todos se echaron. Él, tomando los cinco panes y los dos peces, alzó la mirada al cielo, pronunció la bendición sobre ellos, los partió y se los dio a los discípulos para que se los sirvieran a la gente. Comieron todos y se saciaron, y cogieron las sobras: doce cestos.

Fruto: Recibir hoy la Eucaristía.

Pautas para la reflexión
Hay tres jueves en el año muy especiales durante el ciclo litúrgico: Jueves Santo, Corpus Christi y el día de la Ascensión. Hoy celebramos uno de esos jueves, aunque ya en muchos lugares esta fiesta se celebra no en jueves, sino en domingo por razones pastorales.

1. La fiesta del Corpus Christi: un poco de historia
El Jueves Santo, al conmemorar la Última Cena, revivimos también el don que Jesucristo nos hizo al quedarse en la Eucaristía. Este don es tan grande que, ya desde antiguo, la Iglesia ha querido celebrarlo, además del Jueves Santo, otro día del año. La Semana Santa es tan intensa, tan centrada en la pasión de Cristo, que no podemos celebrar como se merece este gran don. Ahora, después del tiempo litúrgico de la Pascua, podemos saborear la gracia de las gracias. La fiesta del Corpus Christi.

2. Cristo, alimento del alma
El Evangelio de la multiplicación de los panes es un símbolo muy hermoso de este gran don. Los judíos, cautivados por la doctrina del Reino de Dios, escuchan al Maestro durante varios días seguidos, olvidándose incluso de comer. Pero Jesús sabe que sus seguidores, además del alimento espiritual, necesitan alimento material. Por ello les proporciona pan, el alimento más común, y lo da en abundancia (recogieron doce cestos con las sobras de la multiplicación de los panes). Jesús da el pan material, y quiere enseñarnos que Él es el pan espiritual. Igual que necesitamos pan para que viva nuestro cuerpo, tenemos necesidad del Pan para que nuestra alma no muera de hambre. Y ese Pan es Él mismo, su cuerpo y su sangre que recibimos en cada Eucaristía. Por ello no es indiferente comulgar o no, es importante para la salud de nuestra alma acudir a misa, llamada también «banquete eucarístico».

3. Llevar a Cristo a los demás
En el relato evangélico hay un matiz muy interesante: el Señor no quiso hacer el milagro por sus solas fuerzas. Primero pide a los apóstoles «dadles vosotros de comer»; la multitud necesita comer, y ustedes la tienen que ayudar. No quiere despedir a la gente sin más, olvidándose de sus necesidades materiales. Después les pregunta: ¿cuántos panes tenéis? Aunque la desproporción entre el número de seguidores y el número de panes es notable, Jesucristo hace el milagro a partir de lo que los discípulos le dan. Y por último, pide a los Doce que sean sus manos para repartir el pan a la gente. Todo un modelo de actuación, que nos recuerda nuestro papel en la sociedad: el mundo está hambriento de Cristo, de valores, de verdad, y el Seor nos pide también a nosotros: «dadles vosotros de comer».

Propósito: Que cuantos entren en contacto conmigo durante este día encuentre en mí un reflejo de la presencia de Cristo.