Jesús nos mostro el camino

Domingo 2 de diciembre de 2018 – Velar y orar… ¿Cómo?

 Domingo de Adviento (inicia ciclo C)

H. David Mauricio Sánchez Mejía, L.C.

En el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo. Amén.
Cristo, Rey nuestro. ¡Venga tu Reino!

Oración preparatoria (para ponerme en presencia de Dios)
Gracias, Señor, por el don de la fe, de la esperanza y la caridad que me diste en el bautismo. Ayúdame a crecer en estas virtudes para que pueda prepararme bien y recibirte verdaderamente esta navidad.

Evangelio del día (para orientar tu meditación)
Del santo Evangelio según san Lucas 21, 25-28. 34-36
En aquel tiempo, Jesús dijo a sus discípulos: «Habrá señales prodigiosas en el sol, la luna y las estrellas. En la tierra, las naciones se llenarán de angustia y de miedo por el estruendo de las olas del mar. La gente se morirá de terror y de angustiosa espera por las cosas que vendrán sobre el mundo, pues hasta las estrellas se bambolearán. Entonces verán venir al Hijo del hombre en una nube, con gran poder y majestad. Cuando estas cosas comiencen a suceder, pongan atención y levanten la cabeza, porque se acerca la hora de su liberación.
Estén alerta, para que los vicios, la embriaguez y las preocupaciones de esta vida no entorpezcan su mente y aquel día los sorprenda desprevenidos; porque caerá de repente como una trampa sobre todos los habitantes de la tierra.

Velen, pues, y hagan oración continuamente, para que puedan escapar de todo lo que ha de suceder y comparecer seguros ante el Hijo del hombre».
Palabra del Señor.

Medita lo que Dios te dice en el Evangelio

«Estad siempre despiertos, pidiendo fuerza para escapar de todo lo que está por venir y manteneros en pie ante el Hijo del hombre.»

Llegamos al primer domingo de Adviento y la Iglesia nos invita a preparar nuestro corazón para recibir al Salvador. Cada Navidad recordamos el nacimiento de Jesús, Dios que se hace hombre para redimirnos de nuestros pecados. Es Él quien, por amor, toma la decisión de hacerse niño, vivir una vida normal, y morir en la cruz, para mostrarnos el camino hacia Dios y enseñarnos el dolor tan grande que le causamos cuando le ofendemos.
Es un tiempo para meditar en el final, la venida del Hijo del hombre, y preguntarnos: «¿cómo me gustaría recibirlo?» Hace ya dos mil años que se escribió: «Tened cuidado: no se os embote la mente con el vicio, la bebida y los agobios de la vida»; y, sin embargo, estas mismas palabras se dirigen a nosotros. Es fácil dejarse llevar por los placeres del mundo, al fin y al cabo, a veces queremos huir de nuestros problemas y el placer es una vía fácil. Hoy, Jesús, con este Evangelio, nos invita a «velar y orar», a preparar nuestro corazón para su venida. Pero ¿cómo?

A través de su vida, Jesús nos enseñó el camino: «amaos los unos a los otros como yo os he amado»; y es que cuando hacemos algo por nuestros hermanos, por amor a Jesús, realmente se lo hacemos a Él: «a mí me lo hicisteis». Éste es el camino que tenemos que recorrer para recibirlo bien. ¿Tendremos la valentía para hacerlo?

«Velar no significa solamente no dormir, sino estar preparados. Aquí está, por lo tanto, el significado de ser sabios y prudentes: se trata de no esperar al último momento de nuestra vida para colaborar con la gracia de Dios, sino de hacerlo ya ahora. Sería hermoso pensar un poco: un día será el último. Si fuera hoy, ¿cómo estoy preparado, preparada? Debo hacer esto y esto… prepararse como si fuera el último día: esto hace bien.»
(Cf Homilía de S.S. Francisco, 12 de noviembre de 2017).

Diálogo con Cristo
Ésta es la parte más importante de tu oración, disponte a platicar con mucho amor con Aquel que te ama.

Propósito
Proponte uno personal. El que más amor implique en respuesta al Amado… o, si crees que es lo que Dios te pide, vive lo que se te sugiere a continuación.
Reflexionar sobre los signos de los tiempos en mi vida, para hacer un buen plan para ayudar a alguien que realmente lo necesite.

Despedida
Te damos gracias, Señor, por todos tus beneficios, a Ti que vives y reinas por los siglos de los siglos.
Amén.

¡Cristo, Rey nuestro!
¡Venga tu Reino!

Virgen prudentísima, María, Madre de la Iglesia.
Ruega por nosotros.

En el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo. Amén.