Él los bautizará con Espíritu Santo (Mc 1,7-11)

Evangelio: Mc 1,7-11
En aquel tiempo, predicaba Juan: «Ya viene detrás de mí otro que es más poderoso que yo, uno a quien no merezco ni siquiera inclinarme para desatarle la correa de sus sandalias. Yo los he bautizado a ustedes con agua, pero él los bautizará con Espíritu Santo». Por esos días vino Jesús desde Nazaret de Galilea y fue bautizado por Juan en el Jordán. Al salir Jesús del agua, vio que los cielos se rasgaban y que el Espíritu en figura de paloma, descendía sobre él. Se oyó entonces una voz del cielo que decía: «Tú eres mi Hijo amado; yo tengo en ti mis complacencias».

Fruto: Que el Espíritu Santo inunde mis decisiones siendo dócil a sus inspiraciones acordes al Evangelio.

Pautas para la reflexión
El Espíritu Santo se hace presente en nuestro bautismo, y desde ahí nos acompaña el resto de nuestra vida. Los elementos del agua y del fuego, la paloma, la voz del Padre, son indicativos de una presencia poderosa, real y transformadora. Hay una gran diferencia en la vida de cualquier persona (y no nos referimos al así llamado éxito humano) entre quienes adoptan en su rutina diaria las inspiraciones del Espíritu Santo y entre quienes solo se dejan llevar por sus pasiones ordinarias o, peor aún, entre encantadores de serpientes. ¿A cuál grupo nos gustaría pertenecer?

1. Uno que es más poderoso que yo
La historia nos muestra personajes que utilizaron el poder y manipularon a las masas como encantadores de serpientes.El poder corrompe cuando hay malas intenciones en el corazón del individuo. Y hay mucha gente manipulable en la sociedad, sin bases sólidas en sus vidas, que se creen cualquier cuento, conspiración, mentira que acaricie sus desesperadas ansias de pisar una tierra que no sea de arena, pero lamentablemente se arrodillan ante el becerro de oro encantados por las falacias. Juan el bautista tenía mucho poder, sin duda alguna, tenía miles de seguidores diariamente, miles de personas iban a escuchar sus predicaciones, miles de personas fueron a bautizarse con él, miles iniciaron un camino de conversión gracias a sus palabras; pero Juan el bautista sabía que él no era el personaje principal. ¿Qué hubiera pasado si Juan el bautista se empodera de algo que no le pertenece? Otra historia hubiera sido. Pero el Espíritu Santo lo iba guiando aquí y allá, con señales, con esa voz interior de una conciencia bien formada que le dice: haz el bien y evita el mal. Hasta que esa voz y esas señales le mostraron a Jesús. Juan bautista estaba muy lejos de ser un encantador de serpientes, manipulador.

2. Los cielos se rasgaban y el Espíritu descendía en forma de paloma
Son señales prodigiosas y difícilmente sabremos cómo se llevaron a cabo, los Evangelios solo nos ofrecen imágenes con la narración, ¿cómo habrá sido en el momento? ¿Habrá sido la paloma una de las tantas palomas que se ofrecían en el Templo de Jerusalén y que consiguió escapar en el momento oportuno, se dirigió volando y descansando en el camino hasta el Jordán para estar hí en el momento exacto? No lo sabremos, pero sí sabemos que hubo señales impactantes en el momento en que Nuestro Señor Jesucristo recibió el bautismo. Siguiendo con la reflexión de la gente que no tiene bases sólidas en su vida, se trata del tipo de gente que anda buscando siempre señales prodigiosas para darle sentido a su rutina. Desde quienes ven a la Virgen en la cera que escurre por la veladora, la imagen del rostro de Cristo en la sartén quemada, las mil y una formas de las nubes bañadas por los rayos del sol…, etc., la lista podría ser interminable. ¡Qué sed hay en el corazón de muchos por lo extraordinario! Y se olvidan de ver la presencia constante de Dios en lo ordinario, en lo que les rodea constante y principalmente en los sacramentos; de quienes prefieren escuchar el sonido de los manipuladores encantadores de serpientes a escuchar el sonido nítido que el Espíritu Santo susurra en el corazón de quienes deciden ser dóciles a sus inspiraciones: «Haz el bien, evita el mal». ¿A qué grupo me gustaría pertencer?

3. Yo tengo en ti mis complacencias
Jesús siempre contó con la complacencia del Padre. De hecho, Jesús siempre será nuestro modelo de Hijo ante su Padre, una relación amorosa creadora y redentora. El Espíritu Santo será «el encargado» de santificar al individuo. Y así, los católicos, contamos con esta Trinidad amorosa que nos señala el camino para llegar al Cielo, para nuestra salvación eterna. ¿Qué experimentaría nuestro corazón si llegáramos a escuchar estas palabras directamente de Dios Padre? – «Hijo, en ti tengo mis complacencias». Sin embargo, esto es algo que podemos escuchar todos los días, en nuestra oración matutina, desde que nos ponemos de pie al despertar: Dios pone sus complacencias en mí para que durante el día haga lo correcto, para que me comporte como Su hijo. Para que use el poder que Él me otorga diariamente (el poder de la vida, de respirar, de amar, de ofrecer ayuda…) en miras al bien mío y de los demás; el poder que me ofrece todos los días para utilizar mi libre albedrío y no me deje manipular por los encantadores de serpientes; el poder de utilizar mi criterio para discernir entre la basura que ofrecen algunos medios de comunicación y redes sociales, y la veracidad objetiva de los acontecimientos. En definitiva, el poder de seguir las inspiraciones divinas o los caprichos de mis pasiones. ¿A qué grupo me gustaría pertenecer?

Propósito: Investigar en qué fecha fue mi bautizo, anotarla en el calendario para que en ese día acuda a dar gracias a Dios, en la Eucaristía, por darme el poder de seguir las inspiraciones del Espíritu Santo.

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