Año Jubilar

Homilía | Clausura del Año jubilar por el 75º aniversario

El 3 de junio de 2016, Solemnidad del Sagrado Corazón, concluyó el año jubilar por el 75º aniversario de nuestra fundación. También se clausuró en Roma la Convención Internacional del Regnum Christi. Nuestro Director general preparó la homilía que publicamos a continuación. (Lecturas: Ez 34, 11-16; Sal 22; Rm 5, 5-11; Lc 15, 3-7)

¡El Señor es mi pastor, nada me falta! Esta aclamación que hemos cantado en el Salmo responsorial expresa muy bien el significado de la Solemnidad del Sagrado Corazón que hoy celebramos. Al mismo tiempo, ilumina la clausura del año jubilar por el 75º aniversario de nuestra fundación que iniciamos el día del Sagrado Corazón de 2015 y también el final de los trabajos de la convención internacional de los miembros de 1º y 2º grado del Regnum Christi, cuyas aportaciones nos enriquecen para continuar el camino hacia un estatuto general del Movimiento.

«Yo mismo apacentaré mis ovejas» (Ez. 34, 15)

El profeta Ezequiel nos transmite una visión que nos habla del futuro, que reaviva en el pueblo de Israel el anhelo de la venida del Mesías. Jesucristo en el Evangelio se identifica con el Buen Pastor, pero también nos habla del futuro, de ovejas que están en otro redil y que habrá un solo redil y un solo pastor…

Esta profecía se va realizando gradualmente en el tiempo, y podemos constatar la ternura y misericordia de Dios que ha venido a buscarnos a cada uno de nosotros, y a la Legión y el Movimiento en su conjunto, cuando nos hemos perdido en días de oscuridad y nubarrones (Ez), y ¡vaya que si los ha habido en nuestra historia y no podemos olvidarlos! Él ha querido dar su vida por nosotros, para reconciliarnos con el Padre.

¿No ha sido acaso este año jubilar un volver traer a la memoria la misericordia de Cristo que nos ha llamado a colaborar en la instauración de su Reino, cada uno según la propia vocación de legionario, de laico consagrado o consagrada, de hombres y mujeres seglares, casados o solteros? Para muchos de nosotros, este año ha sido una oportunidad para percibir como Cristo no tiene miedo de ir a buscarnos ahí donde nos encontramos, y de hacerlo Él personalmente, y también a través de la Iglesia, de otros miembros de la gran familia de los bautizados en Cristo.

«Alégrense conmigo, porque he encontrado la oveja que se me había perdido»

Hoy concluimos este año de gracia por nuestro 75º aniversario en el que nos proponíamos sobre todo agradecer a Dios por su fidelidad y por los dones que nos concede, reavivar en nosotros el deseo de servirle a través de la oración y del apostolado, especialmente a través de la caridad y la práctica de las obras de misericordia, y también de purificar nuestra memoria, reparar por nuestros pecados y abrirnos a la gracia de la conversión personal e institucional.

Cada uno de nosotros sabe en qué medida se ha abierto a este período extraordinario que la Iglesia nos ha concedido y que hoy concluye. Quedan en nuestros corazones los dones espirituales que él ha querido regalarnos. Pero quizás lo más importante es que hayamos aprendido a contemplar el rostro de Cristo, a dejarnos encontrar por Él para obtener misericordia y a prestarnos para que Él nos envíe como testigos de su amor.

Por este motivo, yo creo que hoy el Corazón de Cristo nos dice con especial fuerza: «Alégrense conmigo, porque he encontrado la oveja que se me había perdido». El protagonista de nuestra historia es Él, no nosotros. El que guía nuestros pasos es Él y lo más apropiado para nosotros es reconocer que ha hecho maravillas en nosotros y nos ha colmado de misericordia. No es por mérito nuestro, sino porque Él se gloría de mostrar su bondad y ternura con nosotros. Y su Corazón se alegra cuando acogemos los dones que nos ofrece, aunque muchas veces eso exija renuncias dolorosas a los propios puntos de vista, a nuestros preconceptos, a ciertos modos de hacer las cosas…

La alegría del Corazón de Cristo radica en que hemos podido encontrarnos con Él. Y esta alegría es también la nuestra. Pero en este sentimiento no puede haber ningún vano triunfalismo, ninguna autoexaltación de la Legión y el Regnum Christi. Este período nos ha ofrecido a nivel personal y como familia en la Iglesia la ocasión para tomar plena conciencia de nuestros límites, de nuestras debilidades, titubeos y pecados, para pedir perdón a Dios por nuestras infidelidades durante estos primeros 75 años de nuestra historia. Hoy nuevamente pedimos perdón a quienes se han visto afectados en su fe o en sus personas por nuestros errores y pedimos al Corazón de Jesús que les conceda experimentar su cercanía y la paz. Pero no podemos dejar de vibrar con la alegría interior de quien se sabe profundamente amado, de quien se sabe buscado por el Señor a pesar de ser pecadores y enemigos (Cf Rm 5, 9), que experimenta cómo Él nos carga sobre sus hombros y permite que nuestra cabeza repose en su pecho (cf Lc 15, 5).

Jesús, el Buen Pastor, quiere que sintonicemos con los sentimientos de su Corazón: ¡Alégrense conmigo! ¡Hemos sido hallados! ¡Hemos sido objeto de la misericordia!

Él me guía por el sendero justo… Tu bondad y misericordia me acompañarán todos los días de mi vida. (Sal 22)

Concluimos hoy la convención internacional de los miembros laicos del Movimiento y finalizamos nuestro año jubilar. Ahora, de algún modo, volvemos a nuestras ocupaciones habituales, pero no podemos ser los mismos. Jesús va por delante, marcando el camino… Y es necesario recomenzar desde Cristo y caminar con Él.

Por eso, y siguiendo las consignas y recomendaciones que recibimos del Capítulo General, de las asambleas generales de los miembros consagrados y también que hemos escuchado estos días de trabajo de los miembros de 1º y 2º grado, podemos y debemos acompañar a Cristo por el sendero justo, que, me parece debe incluir los siguientes puntos:

  1. Buscar a Cristo y dejarnos encontrar por Él. Por el bautismo somos suyos, algunos de nosotros le hemos consagrado nuestra vida entera. Detengámonos en la oración, la contemplación de Cristo para gozar profundamente de la alegría de la intimidad con Él, de su misericordia. Que seamos hombres y mujeres que no sólo han leído sobre Cristo, sino que lo conocen y lo aman, especialmente a través de la Palabra de Dios, la oración, los sacramentos y el amor al prójimo. Que busquemos responder a su amor en el compromiso cotidiano por la santidad en la vivencia de nuestra vocación específica y modo de expresar el carisma que el Señor nos ha dado y que ha sido confirmado como auténtico por la Iglesia (cf. Lumen Gentium 12).
  1. Ser testigos de su misericordia, de comunión y de reconciliación. No olvidemos nuestra historia, con sus luces y sombras, pero tampoco vivamos del pasado, con todo lo bueno y lo malo que ha habido. Demos testimonio hoy de los efectos de la misericordia que hemos encontrado en el Corazón de Cristo fomentando la comunión entre nosotros y en toda la Iglesia, el diálogo, la capacidad de acoger al otro, de perdonar y de pedir perdón. Seamos pacientes unos con otros, como Jesús lo ha sido con todos, pero no nos detengamos en el camino ni olvidemos a nadie atrás, pues el Buen Pastor no deja que se le pierda ninguna oveja. Abrámonos al futuro con esperanza dando testimonio en el mundo de la verdad del Evangelio.
  1. Ser sus apóstoles y estrechos colaboradores. El Señor Jesús nos ha invitado a estar con Él y a enviarnos a predicar. Quiere que seamos sus ovejas, buenos discípulos, y a la vez, buenos pastores, misioneros. Tenemos que ver más allá de nuestras dificultades y ver las necesidades del mundo y de la Iglesia: ¿cómo podemos responder a estos desafíos? ¿Cómo podemos hacer que el mensaje de amor de Cristo resuene con fuerza, de manera creíble en los corazones de los hombres? ¿Cómo podemos prestarnos para que el Buen Pastor siga encontrando a las ovejas que se le han perdido? ¡Dejemos que el Señor nos revista con su Espíritu Santo Consolador y pidamos que nos dé sus mismos sentimientos!

Hoy termina un año de especial gracia para nuestra familia de la Legión y del Regnum Christi. Seguimos inmersos en el año jubilar de la misericordia. Pidamos al Señor por el Papa Francisco y su ministerio. Pidamos también que nos envíe buenas y santas vocaciones a la vida consagrada en el Movimiento, a la Legión. Pidamos al Corazón de Cristo que bendiga a las familias, especialmente las que pasan momentos difíciles, para que sean lugares de irradiación de su amor. Pero sobre todo, pidamos al Buen Pastor que nos haga comprender cuál es el programa que nos propone para nuestro futuro y que se resume en seis palabras: ¡Cristo Rey Nuestro! ¡Venga tu Reino!

Más fotografías de la celebración en: https://flic.kr/s/aHskBEKEMe