No hay ningún pecador sin futuro y ningún santo sin pasado

Jueves 17 de septiembre de 2020 – La aventura del corazón humano.

H. Erick Flores, L.C.

En el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo. Amén.

Cristo, Rey nuestro. ¡Venga tu Reino!

 

Oración preparatoria (para ponerme en presencia de Dios)

Señor, que te abra mi corazón para que puedas ayudarme en mi vida; que te deje entrar para que me enseñes a ser más como Tú, un hombre que vive de amor.

 

Evangelio del día (para orientar tu meditación)

Del santo Evangelio según san Lucas 7, 36-50

En aquel tiempo, un fariseo invitó a Jesús a comer con él. Jesús, fue a la casa del fariseo, y se sentó a la mesa. Una mujer de mala vida en aquella ciudad, cuando supo que Jesús iba a comer ese día en casa del fariseo, tomó consigo un frasco de alabastro con perfume, fue y se puso detrás de Jesús, y comenzó a llorar, y con sus lágrimas le bañaba los pies, los enjugó con su cabellera, los besó y los ungió con el perfume.

Viendo esto el fariseo que lo había invitado comenzó a pensar: «Si este hombre fuera profeta, sabría qué clase de mujer es la que lo está tocando: sabría que es una pecadora».

Entonces Jesús le dijo: «Simón, tengo algo que decirte». El fariseo contestó: «Dímelo, maestro».  Él le dijo: «Dos hombres le debían dinero a un prestamista. Uno le debía quinientos denarios y el otro, cincuenta. Como no tenían con qué pagarle, les perdonó la deuda a los dos. ¿Cuál de ellos lo amará más?». Simón le respondió: «Supongo que aquel a quien le perdonó más».

Entonces Jesús le dijo: «Has juzgado bien». Luego, señalando a la mujer, dijo a Simón: «¿Ves a esta mujer? Entré en tu casa y tú no me ofreciste agua para los pies, mientras que ella me los ha bañado con sus lágrimas y me los ha enjugado con sus cabellos. Tú no me diste el beso de saludo; ella, en cambio, desde que entró, no ha dejado de besar mis pies. Tú no ungiste con aceite mi cabeza; ella, en cambio, me ha ungido los pies con perfume. Por lo cual, yo te digo: sus pecados, que son muchos, le han quedado perdonados, porque ha amado mucho. En cambio, al que poco se le perdona, poco ama». Luego le dijo a la mujer: «Tus pecados te han quedado perdonados».

Los invitados empezaron a preguntarse a sí mismos: «¿Quién es éste que hasta  los pecados perdona?». Jesús dijo a la mujer: «Tu fe te ha salvado; vete en paz».

Palabra del Señor.

 

Medita lo que Dios te dice en el Evangelio

Lo más revolucionario viene del corazón porque el que ama no tiene miedo a equivocarse y actúa con valentía. Este actuar con valentía nos puede llevar a cometer errores, sea por las circunstancias, o porque nos dejamos guiar por el corazón y no sabemos a dónde nos llevará. El camino y el lenguaje del corazón son misteriosos.

Dejarse llevar por el corazón no siempre nos conducirá a lo que más queremos, sino que llegaremos a lugares de los que nos arrepentiremos después.  Entrar en el laberinto del corazón es toda una aventura de la que no podríamos salir si solo seguimos el corazón. En este laberinto nos topamos con muros, dificultades, tropiezos y si al final logramos salir, veremos nuestro pasado y nos alegraremos que comenzamos el camino y seguimos en marcha hacia adelante y que, gracias a Dios, pudimos salir. No hay ningún pecador sin futuro y ningún santo sin pasado.

De alguna manera, el Evangelio nos muestra que este tipo de lecciones solo se aprenden en la parte más íntima de nosotros mismos, por eso Jesús entra en la casa de Simón y le enseña la lección del amor que es un camino hacia el perdón de los pecados.

 

 

«Dispensad a todos la Palabra de Dios que vosotros mismos habéis recibido con alegría. Leed y meditad asiduamente la Palabra del Señor para creer lo que habéis leído, para enseñar lo que ha aprendido en la fe, vivir lo que habéis enseñado. Que sea, por lo tanto, nutrición para el pueblo vuestra doctrina, alegría y sustento a los fieles de Cristo el perfume de vuestra vida. Y que con la palabra y el ejemplo podáis edificar la Casa de Dios que es la Iglesia. Vosotros continuaréis la obra santificadora de Cristo.»

(Homilía de S.S. Francisco, 22 de abril de 2018).

 

Diálogo con Cristo

Ésta es la parte más importante de tu oración, disponte a platicar con mucho amor con Aquel que te ama.

 

Propósito

Proponte uno personal. El que más amor implique en respuesta al Amado… o, si crees que es lo que Dios te pide, vive lo que se te sugiere a continuación.

Hacer una confesión general de toda mi vida, aunque ya se me hayan perdonados los pecados, para agradecerle a Dios el don de su perdón.

Despedida

Te damos gracias, Señor, por todos tus beneficios, a Ti que vives y reinas por los siglos de los siglos.

Amén.

 

¡Cristo, Rey nuestro!

¡Venga tu Reino!

 

Virgen prudentísima, María, Madre de la Iglesia.

Ruega por nosotros.

 

En el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo. Amén.