cotidianas

Jueves 29 de julio de 2021 – Dios vive, ríe, llora, trabaja, maneja con nosotros.

Santa Marta

H. Sergio Rodríguez, L.C.

En el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo. Amén.

Cristo, Rey nuestro. ¡Venga tu Reino!

 

Oración preparatoria (para ponerme en presencia de Dios)

Señor, Tú conoces mi corazón mejor que nadie y sabes cuáles son las cosas que más amo. Ayúdame a ponerte en el primer lugar de mi vida y que pueda llevarte en el corazón como una medalla, a todos los lugares que vaya.

 

Evangelio del día (para orientar tu meditación)

Del santo Evangelio según san Lucas 10, 38-42

En aquel tiempo, entró Jesús en un poblado, y una mujer, llamada Marta, lo recibió en su casa. Ella tenía una hermana, llamada María, la cual se sentó a los pies de Jesús y se puso a escuchar su palabra. Marta, entre tanto, se afanaba en diversos quehaceres, hasta que, acercándose a Jesús, le dijo: “Señor, ¿no te has dado cuenta de que mi hermana me ha dejado sola con todo el quehacer? Dile que me ayude”.

El Señor le respondió: “Marta, Marta, muchas cosas te preocupan y te inquietan, siendo así que una sola es necesaria. María escogió la mejor parte y nadie se la quitará”.

Palabra del Señor.

 

Medita lo que Dios te dice en el Evangelio

Servir a Dios no es una cosa fácil porque sentimos que dejamos de hacer otras cosas que son también importantes. Creo que muchos de nosotros pensamos, si voy a misa todos los días no podré estar con mis hijos, dejaré de hacer las cosas importantes y necesarias que tengo que hacer, perderé tiempo… parece que podemos aprovechar nuestro tiempo de tantas otras formas.

Nuestra misión como laicos cristianos en las realidades cotidianas es encontrar la medida entre una vida fervorosa de oración y las obligaciones que tenemos. Dios no quiere que dejemos a nuestra familia, esposa e hijos y nos vayamos a un monasterio recóndito solo a rezar y hacer penitencia (en la mayoría de los casos es así, pero el Espíritu Santo puede iluminar como quiere), más bien nos pide que llevemos a Dios al trabajo, a la escuela; Dios se encuentra en las realidades cotidianas porque se hizo hombre y habitó entre nosotros. Todo lo que es verdaderamente humano es verdaderamente divino gracias a Cristo, verdadero hombre y Dios.

San Isidro Labrador ponía su trabajo en las manos de Dios, iba a misa todos los días en la mañana y antes de comenzar su jornada en el campo hacía una breve oración. Así también nosotros podemos llevar a Dios a todo lugar donde vayamos. Es cierto que ganar el cielo es más importante que ganar cosas en la tierra porque se acaban y las cosas del cielo son eternas, pero Dios quiere estar presente en nuestra vida concreta no solo como una idea o una cosa de los domingos, quiere estar con nosotros veinticuatro horas sietes días a la semana.

«Luego está la otra hermana, Marta. san Lucas dice que fue ella la que hospedó a Jesús. Tal vez Marta era la mayor de las dos hermanas, no lo sabemos, pero ciertamente aquella mujer tenía el carisma de la hospitalidad. Efectivamente, mientras María escucha a Jesús, ella está totalmente ocupada con otros quehaceres. Por eso, Jesús le dice: “Marta, Marta, te afanas y preocupas por muchas cosas”. Con estas palabras, ciertamente no pretende condenar la actitud del servicio, sino más bien la ansiedad con la que a veces se vive. También nosotros compartimos las preocupaciones de santa Marta y, siguiendo su ejemplo, nos proponemos asegurarnos de que, en nuestras familias y en nuestras comunidades, vivamos el sentido de aceptación, de fraternidad, para que todos puedan sentirse “como en casa”, especialmente los pequeños y los pobres cuando llaman a la puerta.»

(Angelus de S.S. Francisco, 21 de julio de 2019).

 

Diálogo con Cristo

Ésta es la parte más importante de tu oración, disponte a platicar con mucho amor con Aquel que te ama.

 

Propósito

Proponte uno personal. El que más amor implique en respuesta al Amado… o, si crees que es lo que Dios te pide, vive lo que se te sugiere a continuación.

Haré 10 minutos de adoración esta semana.

Despedida

Te damos gracias, Señor, por todos tus beneficios, a Ti que vives y reinas por los siglos de los siglos.

Amén.

 

¡Cristo, Rey nuestro!

¡Venga tu Reino!

 

Virgen prudentísima, María, Madre de la Iglesia.

Ruega por nosotros.

 

En el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo. Amén.