Jueves 31 de marzo de 2022 – «La auténtica confianza en Dios»

Sergio Rodríguez, LC

En el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo.
Amén.

Cristo, Rey nuestro.
¡Venga tu Reino!

Oración preparatoria (para ponerme en presencia de Dios)

Señor Jesús, te pido que te hagas presente en mi vida, y de forma especial en este momento de oración. Ayúdame a escuchar tu palabra, a interiorizar tu mensaje y a predicar tus enseñanzas con el ejemplo de mi vida cristiana, para ser así, un fiel colaborador en la extensión de tu reino. Amen.

Evangelio del día (para orientar tu meditación)

Del santo Evangelio según san Juan 5, 31-47
En aquel tiempo, dijo Jesús a los judíos: «Si yo doy testimonio de mí mismo, mi testimonio no es válido. Hay otro que da testimonio de mí, y sé que es válido el testimonio que da de mí. Vosotros enviasteis mensajeros a Juan, y él ha dado testimonio de la verdad. No es que yo dependa del testimonio de un hombre; si digo esto es para que vosotros os salvéis. Juan era la lámpara que ardía y brillaba, y vosotros quisisteis gozar un instante de su luz. Pero el testimonio que yo tengo es mayor que el de Juan: las obras que el Padre me ha concedido realizar; esas obras que hago dan testimonio de mí: que el Padre me ha enviado. Y el Padre que me envió, él mismo ha dado testimonio de mí. Nunca habéis escuchado su voz, ni visto su semblante, y su palabra no habita en vosotros, porque al que él envió no le creéis. Estudiáis las Escrituras pensando encontrar en ellas vida eterna; pues ellas están dando testimonio de mí, ¡y no queréis venir a mí para tener vida! No recibo gloria de los hombres; además, os conozco y sé que el amor de Dios no está en vosotros. Yo he venido en nombre de mi Padre, y no me recibisteis; si otro viene en nombre propio, a ese sí lo recibiréis. ¿Cómo podréis creer vosotros, que aceptáis gloria unos de otros y no buscáis la gloria que viene del único Dios? No penséis que yo os voy a acusar ante el Padre, hay uno que os acusa: Moisés, en quien tenéis vuestra esperanza. Si creyerais a Moisés, me creeríais a mí, porque de mí escribió él. Pero, si no dais fe a sus escritos, ¿cómo daréis fe a mis palabras?».

Palabra del Señor.

 

Medita lo que Dios te dice en el Evangelio

En el Evangelio de hoy, Cristo quiere llevarnos por un camino de purificación del corazón, así como intentó hacerlo con todos los que lo escuchaban en aquel momento, unos 2000 años atrás.

Cristo quiere invitarnos a confiar plenamente en Él por quien es y no por las cosas que podemos obtener de Él: bienes materiales, salud física, consuelos, milagros o la reputación social que da ser su seguidor.

El Señor nos muestra sus milagros para que creamos en Él y, por medio de Él, en el Padre, pero es necesario que nos examinemos y descubramos si cada uno de nosotros ama los milagros de Dios, o más bien al Dios de los milagros.

Cuando logramos enamorarnos de la persona de Dios más que de sus dones, nuestra vida cambia y comenzamos a recibir no solo lo que nuestro corazón quiere sino también lo que realmente necesita.

«Cuando nosotros no nos paramos a escuchar la voz del Señor terminamos por alejarnos, nos alejamos del Él, damos la espalda. Una actitud que conlleva consecuencias: si no se escucha la voz del Señor, si escuchamos otras voces. Y de tanto cerrar los oídos, nos convertimos en sordos, sordos a la Palabra de Dios. Nadie puede sentirse fuera de esta situación. Todos nosotros, si hoy nos paramos un poco y miramos nuestro corazón, veremos cuántas veces — ¡cuántas veces!— hemos cerrado los oídos y cuántas veces nos hemos convertido en sordos». (S.S. Francisco, Homilía del 23 de marzo de 2017).

 

Diálogo con Cristo

Ésta es la parte más importante de tu oración, disponte a platicar con mucho amor con Aquel que te ama.

Señor Jesús, gracias por tus dones, tu presencia y tu gracia. Gracias también por este momento de oración, quiero pedirte que toques mi corazón y me ayudes a crecer en el amor a ti, ayúdame a comprender y aceptar que tus dones son temporales, pero Tú eres eterno. Quiero amarte por lo que eres ya que Tú me amas infinitamente tal y como soy. Amen.

 

Propósito

Proponte uno personal. El que más amor implique en respuesta al Amado… o, si crees que es lo que Dios te pide, vive lo que se te sugiere a continuación.

Rezar en algún momento del día (puede ser antes o después de comer) un gloria al Padre, recordando con agradecimiento los dones de Dios, pero sobre todo su amor.

Despedida

Te damos gracias, Señor, por todos tus beneficios, a ti que vives y reinas por los siglos de los siglos.
Amén.

¡Cristo, Rey nuestro!
¡Venga tu Reino!

Virgen prudentísima, María, Madre de la Iglesia.
Ruega por nosotros.

En el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo.
Amén.

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