Jueves 7 de abril - ¿Sientes la necesidad de Cristo en tu corazón?

Jueves 7 de abril – ¿Sientes la necesidad de Cristo en tu corazón?

San Juan Bautista de La Salle

En el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo. Amén.

¡Cristo Rey Nuestro! ¡Venga tu Reino!

Oración preparatoria (para ponerme en presencia de Dios)

En este día vengo a ponerme en tu presencia, Señor. He reservado este momento para Ti, para que mi corazón solamente se dedique a atenderte, a escucharte y a crecer en el deseo de imitarte. Te doy gracias, pues tengo cierto que eres Tú quien me ha llamado, que eres Tú quien quiere estar conmigo para darme a conocer tu amor, donde hallaré la verdadera felicidad para llevarla a los demás. Gracias por llamarme a estar aquí. Ven Espíritu Santo, quiero leer tu palabra con atención y sencillez.

Evangelio del día (para orientar tu meditación)

Del santo Evangelio según san Juan 3, 31-36

“El que viene de lo alto está por encima de todos; pero el que viene de la tierra pertenece a la tierra y habla de las cosas de la tierra. El que viene del cielo está por encima de todos. Da testimonio de lo que ha visto y oído, pero nadie acepta su testimonio. El que acepta su testimonio certifica que Dios es veraz. Aquel a quien Dios envió habla las palabras de Dios, porque Dios le ha concedido sin medida su Espíritu.

El Padre ama a su Hijo y todo lo ha puesto en sus manos. El que cree en el Hijo tiene vida eterna. Pero el que es rebelde al Hijo no verá la vida, porque la cólera divina perdura en contra de él”.

Palabra del Señor.

Medita lo que Dios te dice en el Evangelio

Señor Jesús, Tú viniste a mi vida para darme ejemplo del único y verdadero amor. Tú eres aquél que viene del cielo, que, estando por encima de todos, quisiste abajarte para enseñarme el camino de la humildad, pues en esto consiste la ciencia divina, en amar siendo el menor. Quiero pedirte el don de la humildad, para reconocerme una persona amada por Ti, una persona necesitada de Ti, una persona perdonada por Ti y llamada a transmitir este testimonio, para ser un alma que confía en tus palabras, pues viniste a transmitirnos el mensaje del Padre: su amor por cada uno.

Yo deseo que tus palabras y tu testimonio penetren en lo profundo de mi alma, pues imitarte es la única inquietud del corazón. Muchas veces puede venir la tentación de no vivir según el hombre nuevo, cuyo modelo nos trazaste Tú. Puede venir la tentación de buscarme solamente a mí, de olvidarme de mi hermano, de querer imponerme, de desear sobresalir, de vivir en lo superficial, y –en breve- de no transmitir tu testimonio. Me siento en necesidad de que vengas a mi corazón, para tener tus mismos sentimientos, y obrar según tu ejemplo. Quiero pedirte la gracia de habitar en mí, para acoger y transmitir tu mensaje: Dios nos ama.

Creo firmemente en Ti, Señor. Quiero experimentarte siempre con la fe. Quizás incluso en ocasiones no tendré algún sentimiento que me sostenga, pero tendré el cimiento de la fe que sostiene mi vida cristiana. Siento el compromiso de imitarte y tengo la certeza de que es posible, pues Tú nos lo mandaste, y –más aún- nos prometiste sostenernos hasta el fin de los tiempos. Tú eres mi sostén. Gracias por darme testimonio de la verdad, gracias por darme testimonio del mensaje del Padre, del amor que me tuvo, y del amor que me llama hoy a vivir.

«La vida eterna no es una ilusión, no es una fuga del mundo, sino una poderosa realidad que nos llama y compromete a perseverar en la fe y en el amor.»

(Homilía de S.S. Francisco, 30 de noviembre de 2015).

Diálogo con Cristo

Ésta es la parte más importante de tu oración, disponte a platicar con mucho amor con Aquel que te ama.

Propósito Proponte uno personal. El que más amor implique en respuesta al Amado… o, si crees que es lo que Dios te pide, vive lo que se te sugiere a continuación.

Señor Jesús, quiero unirme a Ti y renovar mi experiencia de Ti –pues quiero imitarte. Te prometo que prepararé mi siguiente confesión dedicando un momento para meditar en conversación contigo sobre mi pecado y tu infinita misericordia y amor.

Despedida

Te damos gracias, Señor, por todos tus beneficios, a Ti que vives y reinas por los siglos de los siglos.

Amén.

¡Cristo, Rey nuestro!

¡Venga tu Reino!

Virgen prudentísima, María, Madre de la Iglesia.

Ruega por nosotros.

En el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo. Amén.