Juventud Misionera organiza misiones en Guinea Ecuatorial

«La fiesta puede esperar, tus amigos pueden esperar, pero Guinea no»

Juventud Misionera organiza cada verano planes para jóvenes y uno de ellos siempre son las misiones. Uno de los destinos es Ebibeyin, en Guinea Ecuatorial.

Este año, desde el 20 de julio hasta el 4 de agosto de 2022, los jóvenes tendrán la oportunidad de desplazarse hasta esta diócesis guineana y se les asignarán varias parroquias para apoyar a los sacerdotes en sus necesidades pastorales: clases extraescolares a los niños, catequesis y acompañamiento a grupos de jóvenes, matrimonios, monaguillos, familias, etc… Pedro Robles es un joven sevillano que participó en estas misiones en 2019, las últimas organizadas a causa de la pandemia. Pedro nos cuenta la importancia que ha tenido en su vida y por qué deberían ir otros chicos como él: “Los problemas ya no son tan problemas, la vida es más única de lo que uno piensa y estamos aquí para darla a los demás”.

¿Por qué decidiste ir a las misiones de Guinea que organizaba Juventud Misionera?

Me fui a Guinea de misiones gracias al P. Borja Mac-Crohon, L.C., director de Highlands School Sevilla. En una conversación con él salió el tema de las misiones a Guinea. Me dijo que ese año iba un grupo de misioneros de España y Chile. Cuando habló de sus experiencias misioneras en Guinea Ecuatorial de años atrás con tanta alegría, humanidad y sencillez, algo muy fuerte dentro de mí me decía que debía ir. Me fui sin conocer a nadie y volví con una experiencia única y habiendo conocido a personas maravillosas.

Juventud Misionera organiza misiones en Guinea Ecuatorial

¿Cuál era tu misión  allí?

Nuestra misión era principalmente evangelizadora. En Guinea la fe católica es enorme. Con jóvenes misioneros de Guinea Ecuatorial nos dividíamos por barrios y por las mañanas teníamos la misión de ir casa por casa. Rezábamos, hablábamos y pasábamos tiempo con las familias que nos abrían sus puertas. Nos acogían como si fuéramos uno más. Cada historia, cada familia, con sus problemas, con sus alegrías, con su vida. Cada visita era única y una enseñanza. Valoraban mucho que fuéramos a sus casas y les dedicáramos tiempo, que pidiéramos por ellos y por sus intenciones. Invitábamos a todos los niños y niñas que nos íbamos encontrando en cada casa para que vinieran por la tarde a la plaza del pueblo a hacer juegos y a rezar el Rosario de forma conjunta. No os sabría explicar la cantidad de niños, madres y abuelas que vinieron la última tarde que estuvimos los misioneros en Ebibeyin. No querían que nos fuéramos. Había fe y amor por una amistad corta que mantuvimos en apenas dos semanas.

¿Qué es lo que más te ayudó esos días? ¿Y lo que más te sorprendió?

Lo que más me ayudó esos días fue el amor por servir que el resto de misioneros y yo teníamos. En momentos de debilidad nos respaldábamos los unos a los otros. Estás a miles de kilómetros de casa, en un país que no conoces, con otra cultura y con miles de cosas por aprender. Éramos privilegiados, porque si accedimos a aquel pueblo fue gracias a una carta firmada por el obispo de la zona. No todo el mundo puede acceder a donde fuimos nosotros. África es única y creo que nunca hubiera tenido la suerte de conocerla tal como la conocí con estas misiones. Me sorprendió mucho su gente, sobre todo su felicidad viviendo en la pobreza. Algo anecdótico, pero que me llamó mucho la atención, fue la manera en la que vivían los domingos en misa, porque allí es un día grande: muchos cantos, trajes de gala y mucha fe.

¿Por qué recomendarías estas misiones especialmente a chicos?

Uno de los avisos que nos dieron antes de llegar a Ebibeyin fue que debíamos movernos siempre en grupos en los que hubiera más chicos que chicas o al menos el mismo número de cada sexo, porque la mentalidad masculina con respecto a la mujer está muy atrasada en comparación a los países desarrollados de occidente, y podía ser peligroso que un grupo de chicas extranjeras pasearan solas. Pienso que no será posible una misión sin chicos por este aspecto tan vital, por lo que animo a los chicos a que se unan a la misión de Guinea Ecuatorial. Todo lo que saquéis de la experiencia será bonito.

¿Por qué crees que debería ser el primer plan de un joven para ir de misiones en verano?

Al menos una vez en la vida deberíamos vivir una experiencia como esta. Fui a Guinea hace ya cuatro años y la sigo teniendo en mi corazón. Antes de ir me consideraba una persona afortunada y pensaba que valoraba la vida que tenía. Pero tras volver de estas misiones todo se multiplicó por cuatro. Los problemas ya no son tan problemas, la vida es mas única de lo que uno piensa y que estamos aquí para darla a los demás. Son solo dos semanas. Antes y después tienes tiempo para estar con tu familia, salir con tus amigos e ir a la playa, si son estos los motivos por los que no irías a Guinea. La fiesta puede esperar, tus amigos pueden esperar, pero la oportunidad de ir a Guinea no siempre estará ahí.

Fuente: regnumchristi.es
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