la fe de tu palabra

Lunes 12 de septiembre – Hacerse pequeño ante las palabras del Señor

Santísimo Nombre de María

H. Cristian

En el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo. Amén.
Cristo, Rey nuestro. ¡Venga tu Reino!

Oración preparatoria (para ponerme en presencia de Dios)

Señor Jesús, creo en Ti porque sé que eres el Hijo de Dios que ha venido a salvarme. Confío en Ti porque sé que no puedes mentirme ni engañarme. Confío en que siempre quieres lo mejor para mí. Te amo, Señor, porque Tú me has amado primero y sin medida. Mira mi deseo de corresponder a tu amor y a tu entrega. No tomes en cuenta mi pecado y debilidad. Ayúdame a seguirte siempre con fidelidad y decisión. Acrecienta en mí el deseo por la santidad y por la vida eterna.

Evangelio del día (para orientar tu meditación)

Del santo Evangelio según san Lucas 7, 1-10
En aquel tiempo, cuando Jesús terminó de hablar a la gente, entró en Cafarnaúm. Había allí un oficial romano, que tenía enfermo y a punto de morir a un criado muy querido. Cuando le dijeron que Jesús estaba en la ciudad, le envió a algunos de los ancianos de los judíos para rogarle que viniera a curar a su criado. Ellos, al acercarse a Jesús, le rogaban encarecidamente, diciendo: “Merece que le concedas ese favor, pues quiere a nuestro pueblo y hasta nos ha construido una sinagoga”. Jesús se puso en marcha con ellos.
Cuando ya estaba cerca de la casa, el oficial romano envió unos amigos a decirle: “Señor, no te molestes, porque yo no soy digno de que tú entres en mi casa; por eso ni siquiera me atreví a ir personalmente a verte. Basta con que digas una sola palabra y mi criado quedará sano. Porque yo, aunque soy un subalterno, tengo soldados bajo mis órdenes y le digo a uno: ‘¡Ve!’ y va; a otro: ‘¡Ven!’ y viene; y a mi criado: ‘¡Haz esto!’, y lo hace”.
Al oír esto, Jesús quedó lleno de admiración, y volviéndose hacia la gente que lo seguía, dijo: “Yo les aseguro que ni en Israel he hallado una fe tan grande”. Los enviados regresaron a la casa y encontraron al criado perfectamente sano.
Palabra del Señor

Medita lo que Dios te dice en el Evangelio.

En este pasaje puedo comprobar que una de las virtudes que más te conmueve y te sorprende es la fe. Te has quedado admirado de la fe de aquél centurión romano. Él envía a algunos de sus conocidos para que te pidan la curación de uno de sus criados. No se cree digno de ir personalmente contigo para pedirte la curación, y confía en que una sola de tus palabras puede realizar lo que él desea.
La fe implica estas dos actitudes del centurión. La primera es reconocer la propia necesidad y la omnipotencia tuya. Tiene a uno de sus siervos enfermo y sabe que ya no está en sus manos la curación de éste. Sin embargo, posiblemente ya te ha visto o ha escuchado de Ti, y por ello sabe que Tú eres su única salvación. La fe implica reconocerme creatura necesitada siempre de Ti, mi Dios. La fe no es el simple conocimiento de una teoría, un dogma o una idea. La fe es la certeza de la bondad, la omnipotencia y el amor de una persona, que eres Tú.
La segunda actitud es la certeza firme de que Tú todo lo puedes, incluso con una sola palabra. El centurión confía en la comitiva que envía con su petición y sabe que pronto le llegará aquello que pide. Lo sabe, porque cree que Tú lo puedes realizar incluso a larga distancia.
Un último elemento a considerar en este pasaje es el de la intercesión. Ante Ti tiene mucha fuerza la oración de intercesión. Los jefes del pueblo y el pueblo mismo te pedían le concedieras al centurión aquella curación porque él les había ayudado, se había comportado bien con ellos. Dame la gracia de comprender lo mucho que vale a tus ojos la intercesión por aquellos que más lo necesitan. No sólo aquellos que me han hecho el bien, sino sobre todo aquellos más alejados de Ti o que me han hecho mal. Estos últimos son los que más necesitan de mi oración.

«El centurión mismo, al servicio del emperador. Las palabras que este manda decir a Jesús, para que no venga hasta su casa, son sorprendentes y, a menudo, son el contrario de nuestras oraciones: «Señor, no te molestes; no soy yo quién para que entres bajo mi techo» (Lc 7,6); «por eso tampoco me creí digno de venir personalmente» (v.7); «porque yo también vivo en condición de subordinado» (v. 8). Ante estas palabras, Jesús se queda admirado. Le asombra la gran humildad del centurión, su mansedumbre.»
(Homilía de S.S. Francisco, 29 de mayo de 2016).

Diálogo con Cristo

Ésta es la parte más importante de tu oración, disponte a platicar con mucho amor con Aquel que te ama.

Propósito

Proponte uno personal. El que más amor implique en respuesta al Amado… o, si crees que es lo que Dios te pide, vive lo que se te sugiere a continuación.
Encomendaré en mis oraciones a los cristianos que son perseguidos a causa de su fe en Ti.

Despedida

Te damos gracias, Señor, por todos tus beneficios, a Ti que vives y reinas por los siglos de los siglos.

Amén.

¡Cristo, Rey nuestro!

¡Venga tu Reino!

Virgen prudentísima, María, Madre de la Iglesia.

Ruega por nosotros.

En el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo. Amén.