Lunes 20 de abril de 2020 – La vida de Cristo en mi vida.

H. Francisco Posada, L.C.

En el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo. Amén.

Cristo, Rey nuestro. ¡Venga tu Reino!

 

Oración preparatoria (para ponerme en presencia de Dios)

Señor, Tú que estás tan cerca de mí que hasta te puedo tocar, ayúdame a comunicar esta experiencia maravillosa en mi vida a la gente que me rodea, especialmente a mi familia. Te pido que, en momentos difíciles, pueda ver tu cruz y tomar fuerzas de tu sufrimiento salvífico para sobrellevar mi cruz. Te doy gracias por todo lo que me has dado.

 

Evangelio del día (para orientar tu meditación)

Del santo Evangelio según san Juan 3, 1-8

Había un fariseo llamado Nicodemo, hombre principal entre los judíos, que fue de noche a ver a Jesús y le dijo: «Maestro, sabemos que has venido de parte de Dios, como maestro; porque nadie puede hacer los signos que tú haces, si Dios no está con él».

 

Jesús le contestó: «Yo te aseguro que quien no renace de lo alto, no puede ver el Reino de Dios». Nicodemo le preguntó: «¿Cómo puede nacer un hombre siendo ya viejo? ¿Acaso puede, por segunda vez, entrar en el vientre de su madre y volver a nacer?».

 

Le respondió Jesús: «Yo te aseguro que el que no nace del agua y del Espíritu, no puede entrar en el Reino de Dios.  Lo que nace de la carne, es carne; lo que nace del Espíritu, es espíritu. No te extrañes de que te haya dicho: ‘Tienen que renacer de lo alto’. El viento sopla donde quiere y oyes su ruido, pero no sabes de dónde viene ni a dónde va. Así pasa con quien ha nacido del Espíritu».

 

Palabra del Señor.

 

Medita lo que Dios te dice en el Evangelio

En este tiempo tan especial de Pascua y con las circunstancias especiales de la pandemia, una cosa que me vino en mente al ver tantos videos, imágenes, canciones religiosas o cristianas en el internet. ¿Qué pensaría un no creyente al ver todo esto? Creo que sin duda se daría cuenta que este Cristo es alguien importante, que tiene una madre maravillosa y, extrañamente, muchas personas la invocan con las mismas palabras: madre; que hay gente a la que les importa mucho la iglesia y lo que el hombre de blanco (el Papa) dice al mundo. En una palabra, se encontrarían con que los cristianos creen en una persona viva que sienten presente en sus vidas. Es este Cristo que se hizo pecado y murió en la cruz para tomar nuestros pecados sobre Él; y así como Dios mandó a Moisés que hiciera una serpiente para librar de la muerte a los judíos en el desierto, así ha pasado con Cristo elevado en una cruz. Y ahora celebramos que la historia no se ha quedado ahí, celebramos la vida y la vida eterna, celebramos que Cristo ha resucitado de la muerte y nos invita a ser parte de su vida nueva.

Para experimentar los frutos de la resurrección del Señor necesitamos estar cerca de Él para dejarnos formar por Él que quiere, con todo el corazón, ser parte de nuestras vidas. Invitemos a Jesús a nuestra casa, a nuestro trabajo, con nuestra familia, con nuestros amigos, etc., porque con Él podemos hacer cosas inimaginables ya que somos capaces de todo en Aquel que nos conforta.

«Nicodemo no entendía la lógica de Dios, que es la lógica de la gracia, de la misericordia, por la cual el que se hace pequeño se vuelve grande, el que se hace último pasa a ser el primero, el que se reconoce enfermo se cura. Esto significa dejar realmente la primacía al Padre, a Jesús y al Espíritu Santo en nuestra vida. Atención: no se trata de convertirse en sacerdotes «poseídos», casi como si se fuera depositario de un carisma extraordinario. No. Sacerdotes ordinarios, simples, humildes, equilibrados, pero capaces de dejarse regenerar constantemente por el Espíritu, dóciles a su fuerza, interiormente libres —sobre todo de sí mismos— porque les mueve el «viento» del Espíritu que sopla donde quiere.»

(Homilía de S.S. Francisco, 10 de abril de 2018).

 

Diálogo con Cristo

Ésta es la parte más importante de tu oración, disponte a platicar con mucho amor con Aquel que te ama.

 

Propósito

Proponte uno personal. El que más amor implique en respuesta al Amado… o, si crees que es lo que Dios te pide, vive lo que se te sugiere a continuación.

Compartir un momento de gracia especial con Cristo a una persona.

 

Despedida

Te damos gracias, Señor, por todos tus beneficios, a Ti que vives y reinas por los siglos de los siglos.

Amén.

 

¡Cristo, Rey nuestro!

¡Venga tu Reino!

 

Virgen prudentísima, María, Madre de la Iglesia.

Ruega por nosotros.

 

En el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo. Amén.