Dios es el consejero perfecto

Lunes 22 de agosto – La corrección que da frutos.

María Reina

H. Cristian Gutiérrez, LC
En el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo. Amén.
Cristo, Rey nuestro. ¡Venga tu Reino!

Oración preparatoria (para ponerme en presencia de Dios)

Señor, quiero permanecer a tu lado y que nada me separe de Ti. Quiero platicar contigo sin que nada ni nadie nos distraiga. Enséñame a orar. Gracias por la vida, por la familia, por el alimento, la casa donde habito, el amor de los que me quieren, la vida de gracia. Gracias por ser un Dios tan bueno, un Dios amor. Tú eres mi padre. Y así como todos los hijos se parecen a sus padres, así también yo quiero parecerme a Ti hoy, un poco más que ayer. Ayúdame, Señor, a obtener esto que deseo.

Evangelio del día (para orientar tu meditación)

Del santo Evangelio según san Mateo 23, 13-22

En aquel tiempo, Jesús dijo a los escribas y fariseos: “¡Ay de ustedes, escribas y fariseos hipócritas, porque les cierran a los hombres el Reino de los cielos! Ni entran ustedes ni dejan pasar a los que quieren entrar.
jAy de ustedes, escribas y fariseos hipócritas, que recorren mar y tierra para ganar un adepto y, cuando lo consiguen, lo hacen todavía más digno de condenación que ustedes mismos!
¡Ay de ustedes, guías ciegos, que enseñan que jurar por el templo no obliga, pero que jurar por el oro del templo, sí obliga! ¡Insensatos y ciegos! ¿Qué es más importante, el oro o el templo, que santifica al oro? También enseñan ustedes que jurar por el altar no obliga, pero que jurar por la ofrenda que está sobre él, sí obliga. ¡Ciegos! ¿Qué es más importante, la ofrenda o el altar, que santifica a la ofrenda? Quien jura, pues, por el altar, jura por él y por todo lo que está sobre él. Quien jura por el templo, jura por él y por aquel que lo habita. Y quien jura por el cielo, jura por el trono de Dios y por aquel que está sentado en él”.

Palabra del Señor.

Medita lo que Dios te dice en el Evangelio.

¡Qué corrección la que les has dado a los fariseos y escribas de tu tiempo, Señor! Pero cuánto amor se descubre detrás de estas correcciones que buscaban la conversión.
La corrección me demuestra que una persona de verdad se interesa por mí. No le es indiferente si estoy o no en el mal camino, si estoy malogrando mi existencia, si estoy haciendo las cosas de la manera incorrecta. Esto es lo que me demuestras hoy. Tú eres un Dios que se interesa por mi bien. Tú siempre buscas lo mejor para mí aunque a veces me cueste descubrirlo y aceptarlo. No eres el prohibidor absoluto, eres el consejero perfecto.
Si de verdad siguiera en mi vida todos los consejos que me das… ¡qué distinto sería todo! Claro que no es fácil aceptar las correcciones y consejos de otros. Mucho menos los tuyos, que en ocasiones son tan difíciles de comprender.
Los que son padres de familia comprenden mejor el aspecto tan fundamental de la corrección en la formación de sus hijos. No corrigen al hijo para fastidiarlo, para hacerlo sufrir, ni siquiera para probarlo en la virtud. Lo hacen porque buscan el bien para el amado. Así es también tu actitud conmigo. Pero ¡cuánto me cuesta permanecer hijo y aceptar las correcciones que me envías!
Corregir al hijo no es hacer lo que él ha hecho mal o no ha hecho. Corregir es señalar el error, enseñar a prevenirlo en el futuro, acompañar a mejorar. Tú corregiste a los fariseos pero no los transformaste inmediatamente en lo que querías que fueran. Tú hablas, instruyes, muestras… pero es a mí a quien me toca trabajar. Claro que siempre con el plus de tu gracia que todo lo puede y nunca me abandona.
Dame la gracia, Señor, de confiar en que lo que me pides, siempre lo pides por amor, y que es lo mejor para mí. Gracias por el amor que me tienes que es capaz de prevenirme, levantarme y ayudarme a retomar el camino correcto.

«La corrección es un estímulo cuando también se valoran y se reconocen los esfuerzos y cuando el hijo descubre que sus padres mantienen viva una paciente confianza. Un niño corregido con amor se siente tenido en cuenta, percibe que es alguien, advierte que sus padres reconocen sus posibilidades.»
(S.S. Francisco, Exhortación apostólica Amoris Laetitia, n. 269).

Diálogo con Cristo

Ésta es la parte más importante de tu oración, disponte a platicar con mucho amor con Aquel que te ama.

Propósito

Proponte uno personal. El que más amor implique en respuesta al Amado… o, si crees que es lo que Dios te pide, vive lo que se te sugiere a continuación.
Hoy haré un acto de caridad por alguna persona de mi alrededor y lo ofreceré por ella y sus intenciones.

Despedida

Te damos gracias, Señor, por todos tus beneficios, a Ti que vives y reinas por los siglos de los siglos.

Amén.

¡Cristo, Rey nuestro!

¡Venga tu Reino!

Virgen prudentísima, María, Madre de la Iglesia.

Ruega por nosotros.

En el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo. Amén.