podemos amar

Lunes 6 de mayo – ¿Las cosas de Dios o el Dios de las cosas?

H. Adrián Olvera, L.C.
En el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo. Amén.
Cristo, Rey nuestro. ¡Venga tu Reino!

Oración preparatoria (para ponerme en presencia de Dios)
Señor, hoy vengo simplemente para estar contigo.

Evangelio del día (para orientar tu meditación)
Del santo Evangelio según san Juan 6, 22-29
Después de la multiplicación de los panes, cuando Jesús dio de comer a cinco mil hombres, sus discípulos lo vieron caminando sobre el lago. Al día siguiente, la multitud, que estaba en la otra orilla del lago, se dio cuenta de que allí no había más que una sola barca y de que Jesús no se había embarcado con sus discípulos, sino que éstos habían partido solos. En eso llegaron otras barcas desde Tiberíades al lugar donde la multitud había comido el pan. Cuando la gente vio que ni Jesús ni sus discípulos estaban allí, se embarcaron y fueron a Cafarnaúm para buscar a Jesús.

Al encontrarlo en la otra orilla del lago, le preguntaron: «Maestro, ¿cuándo llegaste acá?» Jesús les contestó: «Yo les aseguro que ustedes no me andan buscando por haber visto signos, sino por haber comido de aquellos panes hasta saciarse. No trabajen por ese alimento que se acaba, sino por el alimento que dura para la vida eterna y que les dará el Hijo del hombre; porque a éste, el Padre Dios lo ha marcado con su sello».

Ellos le dijeron: «¿Qué debemos hacer para llevar a cabo las obras de Dios?» Respondió Jesús: «La obra de Dios consiste en que crean en aquél a quien él ha enviado».

Palabra del Señor.

Medita lo que Dios te dice en el Evangelio

Cuando un novio está enamorado hay un momento en el que éste decide y dice para sí mismo: esta es la mujer con la que quiero pasar el resto de mi vida. Seguido de esto, el novio se pone en marcha y busca hacer de esa decisión algo muy concreto. Es aquí cuando comienza la búsqueda de un anillo, es decir, la búsqueda de una manifestación externa que ponga de relieve, aunque sea mínimamente, el amor que tiene hacia la persona amada.

Llegado el momento de la declaración, el novio se pone de rodillas y salen de su boca las palabras que jamás pensó pronunciar: ¿Te quieres casar conmigo? La novia, en tanto, ve el anillo, se toca las manos y aunque todavía no ha dicho nada, su mirada y sus lágrimas lo han dicho todo ya. Hasta que, por fin, con voz temblorosa, dice: Sí.

El amor tiene mil y una maneras de manifestarse. Una mirada, un abrazo, un regalo, un silencio, una palabra… Dios, nos manifiesta su amor de tantas maneras, algunas muy obvias, y otras, que requieren de nosotros una mayor atención.

Sin embargo, a veces podemos amar más las cosas de Dios que al Dios de las cosas. Podemos amar más el pan que recibimos que Aquel que nos da el pan; podemos amar más la medicina que al doctor; podemos amar más el anillo que a la persona que nos ha manifestado su amor.

La necesidad de Dios siempre será una constante en nuestra vida. Él es el primero que está pendiente de nuestras necesidades, aun las necesidades más superficiales. Pero no podemos olvidar que lo que realmente necesitamos es su amor, el amor de Dios.

«Dios no mide la cantidad sino la calidad, escruta el corazón, mira la pureza de las intenciones. Esto significa que nuestro “dar” a Dios en la oración y a los demás en la caridad debería huir siempre del ritualismo y del formalismo, así como de la lógica del cálculo, y debe ser expresión de gratuidad, como hizo Jesús con nosotros: nos salvó gratuitamente, no nos hizo pagar la redención. Nos salvó gratuitamente. Y nosotros, debemos hacer las cosas como expresión de gratuidad»
(Ángelus de S.S. Francisco, 11 de noviembre de 2018).

Diálogo con Cristo
Ésta es la parte más importante de tu oración, disponte a platicar con mucho amor con Aquel que te ama.

Propósito
Proponte uno personal. El que más amor implique en respuesta al Amado… o, si crees que es lo que Dios te pide, vive lo que se te sugiere a continuación.
Vivir este día en acción de gracias por el simple hecho de saberme amado por Dios.

Despedida
Te damos gracias, Señor, por todos tus beneficios, a Ti que vives y reinas por los siglos de los siglos.
Amén.

¡Cristo, Rey nuestro!
¡Venga tu Reino!

Virgen prudentísima, María, Madre de la Iglesia.
Ruega por nosotros.

En el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo. Amén.