Lunes 6 de junio – Dichosos los misericordiosos

H. Balam Loza LC.

En el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo. Amén.

Cristo, Rey nuestro. ¡Venga tu Reino!

Oración preparatoria (para ponerme en presencia de Dios)

Señor, viste a la muchedumbre. Pero que mirada sería la tuya. Muy distinta de la de nosotros. Con qué amor verías a cada persona que subía esa montaña para escucharte. Y cómo habrías querido llegar a más corazones. Cómo quisieras que más personas te escucharan y encontraran el sentido de sus vidas, la luz, el amor, la alegría…

Hoy quiero subir al monte, en el silencio de esta mañana. Quiero escuchar tu voz. Quiero que tu mirada se encuentre con la mía. Qué hermoso es este rato de oración porque me encuentro con el amigo que nunca falla.

Evangelio del día (para orientar tu meditación)

 Del santo Evangelio según san Mateo 5, 1-12

En aquel tiempo, cuando Jesús vio a la muchedumbre, subió al monte y se sentó. Entonces se le acercaron sus discípulos. Enseguida comenzó a enseñarles, y les dijo:

“Dichosos los pobres de espíritu, porque de ellos es el Reino de los cielos. Dichosos los que lloran, porque serán consolados. Dichosos los sufridos, porque heredarán la tierra. Dichosos los que tienen hambre y sed de justicia, porque serán saciados. Dichosos los misericordiosos, porque obtendrán misericordia. Dichosos los limpios de corazón, porque verán a Dios. Dichosos los que trabajan por la paz, porque se les llamará hijos de Dios. Dichosos los perseguidos por causa de la justicia, porque de ellos es el Reino de los cielos.

Dichosos serán ustedes cuando los injurien, los persigan y digan cosas falsas de ustedes por causa mía. Alégrense y salten de contento, porque su premio será grande en los cielos, puesto que de la misma manera persiguieron a los profetas que vivieron antes que ustedes”.

Palabra del Señor.

Medita lo que Dios te dice en el Evangelio.

 Comienzo a repasar cada una de las bienaventuranzas. Leo y releo cada una. Pero me doy cuenta que no entro en ninguna de las posibilidades. No soy ni humilde, ni manso, en mi corazón hay mucha basura, no soy constructor de la paz, no me persiguen… En fin, desde mi punto de vista soy un verdadero desastre.

Pero, Tú sabes, que lucho todos los días. Trabajar sin descanso. Caigo pero me levanto y continúo. No soy un santo y lo sé. Pero lucho cada día por serlo. Esta lucha me llena de alegría. Es verdad que queda un buen camino por correr… pero he recorrido bastante. Con muchas derrotas y, también, con muchas victorias. Y estoy aquí porque Tú has estado conmigo y me has dado ánimos. Eso me llena de alegría y de gozo. Si Tú has estado conmigo, ¿qué más puedo pedir?

Eso sí, te pido que me sigas acompañando. Necesito llevar las cargas al lado tuyo. Sé Tú ese buen cireneo que me ayude a subir la cuesta, que me levante cuando mi rostro choque con el suelo, que me acompañe cuando me han dejado solo. Mi vida está llena de sentido porque te tengo a Ti. Podría ser el más pecador del mundo, pero si Tú me miras la luz entra a mi vida. Como lo hiciste con la mujer adúltera en el templo o con la samaritana.

Ahora, pensando un poco creo que podemos poner una bienaventuranza más: Bienaventurado el que se deja ayudar por Jesús porque él alcanzará las metas más difíciles.

Diálogo con Cristo

Ésta es la parte más importante de tu oración, disponte a platicar con mucho amor con Aquel que te ama.

 Propósito

Proponte uno personal. El que más amor implique en respuesta al Amado… o, si crees que es lo que Dios te pide, vive lo que se te sugiere a continuación.

Hoy me propongo no quejarme de nada. Ni de la comida, ni de la persona molesta. Dedicaré un tiempo para hablar con la persona que más me cueste y la miraré con amor.

 Despedida

Te damos gracias, Señor, por todos tus beneficios, a Ti que vives y reinas por los siglos de los siglos.

Amén.

¡Cristo, Rey nuestro!

¡Venga tu Reino!

Virgen prudentísima, María, Madre de la Iglesia.

Ruega por nosotros.

En el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo. Amén.