Martes 19 de Julio – Un auténtico parentesco.

H. Javier Castellanos, LC
En el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo. Amén.
Cristo, Rey nuestro. ¡Venga tu Reino!

Oración preparatoria (para ponerme en presencia de Dios)

Estoy delante de Ti, Señor, para escuchar tus palabras, para aprender tu mensaje, para dejarme llenar de tu gracia. Enséñame a confiar en Ti. Quiero ser dócil instrumento, para que realices en mí la obra que a Ti te agrada. Ayúdame a amarte más y entregarme con mayor generosidad a aquello que Tú me ofreces.

Evangelio del día (para orientar tu meditación)

Del santo Evangelio según san Mateo 12, 46-50

En aquel tiempo, Jesús estaba hablando a la muchedumbre, cuando su madre y sus parientes se acercaron y trataban de hablar con él. Alguien le dijo entonces a Jesús: «Oye, ahí fuera están tu madre y tus hermanos, y quieren hablar contigo».

Pero él respondió al que se lo decía: «Quien es mi madre y quienes son mis hermanos?». Y señalando con las manos a sus discípulos, dijo: «Estos son mi madre y mis hermanos. Pues todo el que cumple la voluntad de mi Padre, que está en los cielos, ése es mi hermano, mi hermana y mi madre».
Palabra del Señor.

Medita lo que Dios te dice en el Evangelio.

Hacer la voluntad del Padre celestial me hace semejante a Ti, Jesús. Así como entre dos hermanos se distingue el mismo color de los ojos, o la forma del rostro. ¡Y qué mayor honor puedo tener, que poder reflejar tu imagen en el mundo!

Pero esta semejanza que me presentas va mucho más allá de los rasgos físicos. Incluso más allá de obras concretas: buscar agradar a Dios Padre me une profundamente a Ti, Señor, porque se refleja luego en cada pensamiento, en cada deseo, en toda mi vida. Lo empapa todo y marca toda mi existencia. Así como ser Hijo te marcó totalmente. Y entonces ya no se trata de un parecido, sino de un vínculo real, verdaderamente de un lazo de familia.

Así como María. Tú la llamas «mamá» no sólo porque te dio a luz y te crio; es tu mamá sobre todo porque vivía totalmente inmersa en la voluntad del Padre. No se parecían sólo en la mirada o el cabello o la piel. Era un lazo más fuerte: así como su vida fue un «Hágase en mí según tu palabra», la tuya se resume en «He aquí que vengo para hacer tu voluntad».
Por eso, Señor, hoy te pido este parentesco, el más profundo que puede existir. Concédeme ser hoy mejor hermano tuyo, para que el Padre sea glorificado en mí, su hijo.

Catequesis de S.S. Francisco, 2 de septiembre de 2015.

«La sabiduría de los afectos que no se compran y no se venden es la mejor dote del genio familiar. Especialmente en la familia aprendemos a crecer en aquella atmósfera de la sabiduría de los afectos. Su “gramática” se aprende allí, de otra manera es muy difícil aprenderla. Y es precisamente este lenguaje a través del cual Dios se hace comprender por todos.
La invitación a poner los vínculos familiares en el ámbito de la obediencia de la fe y de la alianza con el Señor no los mortifica; al contrario, los protege, los desvincula del egoísmo, los protege de la degradación, los lleva a un lugar seguro para la vida que no muere.»

Diálogo con Cristo

Ésta es la parte más importante de tu oración, disponte a platicar con mucho amor con Aquel que te ama.

Propósito

Proponte uno personal. El que más amor implique en respuesta al Amado… o, si crees que es lo que Dios te pide, vive lo que se te sugiere a continuación.
Ofreceré hoy alguna de mis actividades rezando un Padrenuestro antes de comenzarla.

Despedida

Te damos gracias, Señor, por todos tus beneficios, a Ti que vives y reinas por los siglos de los siglos. Amén.

¡Cristo, Rey nuestro!

¡Venga tu Reino!

Virgen prudentísima, María, Madre de la Iglesia.

Ruega por nosotros.

En el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo. Amén.