Martes 28 de junio – Centrar mi atención en Cristo, más que en mis propias fuerzas.

San Irineo, obispo y mártir

H. Cristian Gutiérrez LC

En el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo. Amén.

Cristo, Rey nuestro. ¡Venga tu Reino!

Oración preparatoria (para ponerme en presencia de Dios)

Eres, Señor, alguien importante para mí y por ello quiero estar este rato contigo en oración. Sé que Tú siempre me acompañas. Gracias por la vida, por el alimento, por este lugar en que habito. Gracias por tu amor que siempre me asiste y sostiene. Dame la gracia de serte siempre fiel y jamás dejarte solo. Te adoro porque eres mi Dios y mi Señor y porque todo lo espero de Ti.

Evangelio del día (para orientar tu meditación)

Del santo Evangelio según san Mateo 8, 23-27

En aquel tiempo, Jesús subió a una barca junto con sus discípulos. De pronto se levantó en el mar una tempestad tan fuerte, que las olas cubrían la barca; pero él estaba dormido. Los discípulos lo despertaron, diciéndole: «Señor, ¡sálvanos, que perecemos!».

Él les respondió: «¿Por qué tienen miedo, hombres de poca fe?». Entonces se levantó, dio una orden terminante a los vientos y al mar, y sobrevino una gran calma. Y aquellos hombres, maravillados, decían: «¿Quién es éste, a quien hasta los vientos y el mar obedecen?».

Palabra del Señor.

 

Medita lo que Dios te dice en el Evangelio.

Yo también Señor he experimentado la tempestad y el miedo en mi vida. El horizonte se nubla, llueven los problemas, caen los rayos de la tristeza y los relámpagos de la desorientación sacuden la barca de mi alma. Y entonces, lleno de temor, me he preguntado ¿dónde estás en estos momentos? ¿Por qué pareciera que no estás en mi barca y me has abandonado?

Hoy me presentas la solución. Dice el pasaje que subiste a la barca con los discípulos. Esto me recuerda que Tú siempre vas conmigo en la barca. No eres de los que huyes ante las tormentas, o temes los huracanes que puedan venir. Confiado, subes a mi nave sin importarte lo segura que pueda ser. No te importa si es un crucero, una nave de guerra o una pequeña barca pesquera. Tú vas conmigo en mi barca dispuesto a socorrerme en los buenos y en los malos momentos. Ayúdame a tomar conciencia de que Tú siempre estás a mi lado y me acompañas.

No te descubro en medio de las tormentas, no porque no estés en mi barca, sino porque tal vez duermes. Duermes no para ignorar mi dificultad, sino para que acuda a Ti y te despierte, te pida auxilio.

Ayúdame a no ser como los discípulos, que primero actúan por su cuenta creyéndose grandes expertos, capaces de solucionar todo en sus vidas. Luego cuando ya no les quedan alternativas entonces sí acuden a Ti.

Que desde el primer momento de mis dificultades sepa acudir a Ti e implorar tu ayuda. Aumenta mi fe y mi confianza en Ti para aceptarme necesitado de tu gracia y seguro de tu protección. Que siempre mantenga mi atención centrada en Ti, más que en mis propias fuerzas.

(Discurso de S.S. Francisco, 23 de septiembre de 2016).

«En la densa oscuridad de la vida, los hombres necesitan dejarse guiar por su luz [de Cristo], para tener la certidumbre del puerto al que acudir, seguros de que sus barcas no se estrellarán en los escollos ni quedarán a merced de las olas. Por eso, hermanos, les animo a hacer frente a los desafíos de nuestro tiempo. En el fondo de cada uno de ellos está siempre la vida como don y responsabilidad. El futuro de la libertad y la dignidad de nuestra sociedad dependen del modo en que sepamos responder a estos desafíos..»

 

 

Diálogo con Cristo

Ésta es la parte más importante de tu oración, disponte a platicar con mucho amor con Aquel que te ama.

 

Propósito

Proponte uno personal. El que más amor implique en respuesta al Amado… o, si crees que es lo que Dios te pide, vive lo que se te sugiere a continuación.

Rezaré un padrenuestro por todos los que pasan por un momento de prueba difícil.

 

Despedida

Te damos gracias, Señor, por todos tus beneficios, a Ti que vives y reinas por los siglos de los siglos.

Amén.

 

¡Cristo, Rey nuestro!

¡Venga tu Reino!

 

Virgen prudentísima, María, Madre de la Iglesia.

Ruega por nosotros.

 

En el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo. Amén.