Martes 29 de marzo de 2022 – «¿Quieres quedar sano?»

Cesar S Vargas Cubides, LC

En el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo.
Amén.

Cristo, Rey nuestro.
¡Venga tu Reino!

Oración preparatoria (para ponerme en presencia de Dios)

Señor, Tú que sabes lo que hay en lo más profundo de mi corazón, te pido que vengas a mí, te necesito, sabes por lo que estoy pasando y en este momento de oración quiero poder sentir ese silencio y esa paz para poder escuchar tu voz.

Evangelio del día (para orientar tu meditación)

Del santo Evangelio según san Juan 5, 1-3.5-16
En aquel tiempo, se celebraba una fiesta de los judíos, y Jesús subió a Jerusalén. Hay en Jerusalén, junto a la puerta de las ovejas, una piscina que llaman en hebreo Betesda. Ésta tiene cinco soportales, y allí estaban echados muchos enfermos, ciegos, cojos, paralíticos. Estaba también allí un hombre que llevaba treinta y ocho años enfermo. Jesús, al verlo echado, y sabiendo que ya llevaba mucho tiempo, le dice: «¿Quieres quedar sano?». El enfermo le contestó: «Señor, no tengo a nadie que me meta en la piscina cuando se remueve el agua; para cuando llego yo, otro se me ha adelantado». Jesús le dice: «Levántate, toma tu camilla y echa a andar». Y al momento el hombre quedó sano, tomó su camilla y echó a andar. Aquel día era sábado, y los judíos dijeron al hombre que había quedado sano: «Hoy es sábado, y no se puede llevar la camilla». Él les contestó: «El que me ha curado es quien me ha dicho: Toma tu camilla y echa a andar». Ellos le preguntaron: «¿Quién es el que te ha dicho que tomes la camilla y eches a andar?». Pero el que había quedado sano no sabía quién era, porque Jesús, aprovechando el barullo de aquel sitio, se había alejado. Más tarde lo encuentra Jesús en el templo y le dice: «Mira, has quedado sano; no peques más, no sea que te ocurra algo peor». Se marchó aquel hombre y dijo a los judíos que era Jesús quien lo había sanado. Por esto los judíos acosaban a Jesús, porque hacía tales cosas en sábado.

Palabra del Señor.

 

Medita lo que Dios te dice en el Evangelio

Cristo de nuevo viene al encuentro, a tu encuentro, a mi encuentro. Esta es la lógica y la dinámica de un Dios que está lleno de amor por sus creaturas, un Dios que nos ama tanto que sale a nuestro encuentro y nos dice, te dice: sé por lo que estás pasando; «¿quieres quedar sano?», sé que volviste a caer; «¿quieres quedar sano?», sé que llevas tantos años así; pero hoy: «¿quieres quedar sano?».

Hay algo maravilloso en este pasaje y este hombre que llevaba treinta y ocho años enfermo, primero recibe la sanación de su cuerpo, algo que le pesaba tanto, y casi que el Evangelio nos sugiere que este hombre sin ninguna complicación se levantó, echó a andar con su camilla y es hermoso esto, pues muestra que por más complicaciones, problemas y pecados que hayamos cometido, Jesús nos da una fuerza tan grande que empiezas a caminar ligero. Por eso hoy Jesús nos quiere dar esa fuerza, fuerza que solo Él nos puede dar para seguir caminando en la vida, pero siguiendo su voluntad, siguiendo lo que Él nos dice.

Después de recibir esta fuerza, por último, Cristo sale de nuevo a su encuentro y le da la sanación más grande que hay, y es la sanación se su alma, le perdona sus pecados y podemos llegar a pensar que este hombre ahora sí está completo para poder seguir adelante en la vida, completo para asumir los retos que le esperan, completo para decir que es hijo de Dios y que ha sentido la misericordia del Padre, completo incluso para anunciar todo lo que Él ha hecho por nosotros y que valió la pena esperar tanto tiempo, para tener ese encuentro de sanación y salvación con aquel que nos amó primero.

«Y también a nosotros Jesús hoy nos dice: “Levántate, toma tu vida como es, bonita, fea, como sea, tómala y ve adelante. No tengas miedo, ve adelante con tu camilla — ‘Pero, Señor, no es el último modelo…’ — ¡Pero ve adelante! ¡Con esa camilla fea, quizá, pero ve adelante! Es tu vida, es tu alegría”». (S.S. Francisco, Homilía del 28 de marzo de 2017).

 

Diálogo con Cristo

Ésta es la parte más importante de tu oración, disponte a platicar con mucho amor con Aquel que te ama.

 

Propósito

Proponte uno personal. El que más amor implique en respuesta al Amado… o, si crees que es lo que Dios te pide, vive lo que se te sugiere a continuación.

Hoy voy a visitar a Jesús en la Eucaristía y estar con Él en silencio unos minutos, para dejar que me llene de su amor. Si lo necesito, voy a buscar una oportunidad de confesarme.

Despedida

Te damos gracias, Señor, por todos tus beneficios, a ti que vives y reinas por los siglos de los siglos.
Amén.

¡Cristo, Rey nuestro!
¡Venga tu Reino!

Virgen prudentísima, María, Madre de la Iglesia.
Ruega por nosotros.

En el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo.
Amén.

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