Dichosos ustedes

Miércoles 07 de septiembre – Vivir de cara a la eternidad.

H. Cristian
En el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo. Amén.
Cristo, Rey nuestro. ¡Venga tu Reino!

Oración preparatoria (para ponerme en presencia de Dios)

Señor, te agradezco sinceramente todos los beneficios con los que enriqueces mi vida. Gracias porque nunca te dejas ganar en generosidad. Gracias, en especial por amarme tal y como soy. Gracias por haber venido a este mundo para enseñarme a vivir de la mejor manera. Gracias por haberte revelado como un Dios que me ama sin medida. Te pido perdón por mis pecados y debilidades. Dame la gracia de acompañarte en este rato de oración. Quiero estar contigo y, juntos, compartir este momento de intimidad. Aumenta Señor, mi fe, mi esperanza y mi caridad.

Evangelio del día (para orientar tu meditación)

Del santo Evangelio según san Lucas 6, 20-26
En aquel tiempo, mirando Jesús a sus díscípulos, les dijo: “Dichosos ustedes los pobres, porque de ustedes es el Reino de Dios. Dichosos ustedes los que ahora tienen hambre, porque serán saciados. Dichosos ustedes los que lloran ahora, porque al fin reirán.
Dichosos serán ustedes cuando los hombres los aborrezcan y los expulsen de entre ellos, y cuando los insulten y maldigan por causa del Hijo del hombre. Alégrense ese día y salten de gozo, porque su recompensa será grande en el cielo. Pues así trataron sus padres a los profetas.
Pero, ¡ay de ustedes, los ricos, porque ya tienen ahora su consuelo! ¡Ay de ustedes, los que se hartan ahora, porque después tendrán hambre! ¡Ay de ustedes, los que ríen ahora, porque llorarán de pena!
¡Ay de ustedes, cuando todo el mundo los alabe, porque de ese modo trataron sus padres a los falsos profetas!”.

Palabra del Señor.

Medita lo que Dios te dice en el Evangelio.

Me impresiona, Señor, las palabras que me diriges en este pasaje. ¡Qué difíciles son de comprender para muchos en el mundo de hoy! Un mundo que me propone como bienaventuranzas lo contrario a lo que me presentas.
Tú me dices, dichosos los pobres, los que lloran, los que tienen hambre, los que sufren persecución. El mundo por su parte alaba a los ricos, olvida a los hambrientos, me invita a divertirme en todo momento y a mantenerme siempre en la comodidad. Dame la gracia, Señor, de siempre optar por tus bienaventuranzas y no por las del mundo. Porque sólo Tú tienes palabras de vida eterna.
Otro elemento que me llama la atención es que no dejas sin respuesta a las necesidades que sentimos. No sólo dices: «dichosos los pobres» y ya. Sino que completas: «… porque de ustedes es el reino de Dios». Tú, Señor, eres la respuesta a todas mis necesidades, a todas mis dudas e interrogantes. No eres quien descubre mi necesidad y se marcha. No. Eres quien conoce lo que necesito, conoce mi penuria y me socorre. Baste para ello meditar en tu Encarnación.
Dame por último, Señor, la gracia de vivir mi vida de cara a la eternidad y no sólo enfocado en las cosas y asuntos de esta tierra. Es verdad que tampoco quieres que los descuide, pero que no me pierdan del ideal al que me llamas y que me tienes prometido, porque yo también soy pobre, yo también lloro, también tengo hambre, y muchas veces sufro persecución. ¡Gracias, Señor, por llamarme dichoso!

«Con estos tres peldaños vamos a la perdición, son las anti-bienaventuranzas: el apego a las riquezas, la vanidad y el orgullo. Las bienaventuranzas, en cambio, son el camino, son la guía para el sendero que nos conduce al reino de Dios. Entre todas hay una que, no digo que sea la clave, pero nos hace pensar mucho: “Bienaventurado los mansos”. Precisamente «la mansedumbre. Jesús dice de sí mismo: aprended de mí que soy manso de corazón, que soy humilde y manso de corazón. Así, pues, la mansedumbre es un modo de ser que nos acerca mucho a Jesús. En cambio la actitud contraria procura siempre las enemistades, las guerras y muchas cosas malas que suceden.»
(Cf Homilía de S.S. Francisco, 6 de junio de 2016, en Santa Marta).

Diálogo con Cristo

Ésta es la parte más importante de tu oración, disponte a platicar con mucho amor con Aquel que te ama.

Propósito

Proponte uno personal. El que más amor implique en respuesta al Amado… o, si crees que es lo que Dios te pide, vive lo que se te sugiere a continuación.
Haré una obra de misericordia corporal en este día. Puede ser dar de comer o beber o vestir o ayudar a quien no tiene nada de esto, o enseñar al que no sabe. También puede ser visitar a un enfermo o a un preso.

Despedida

Te damos gracias, Señor, por todos tus beneficios, a Ti que vives y reinas por los siglos de los siglos.

Amén.

¡Cristo, Rey nuestro!

¡Venga tu Reino!

Virgen prudentísima, María, Madre de la Iglesia.

Ruega por nosotros.

En el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo. Amén.