la presencia de Dios cambia

Miércoles 2 de septiembre de 2020 – La enfermedad, puerta de Cristo.

H. José Parra, L.C.

En el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo. Amén.
Cristo, Rey nuestro. ¡Venga tu Reino!

Oración preparatoria (para ponerme en presencia de Dios)
Jesús, quiero recibirte en mi casa y pedirte que cures todas mis enfermedades que me alejan de Ti.

Evangelio del día (para orientar tu meditación)
Del santo Evangelio según san Lucas 4, 38-44
En aquel tiempo, Jesús salió de la sinagoga y entró en la casa de Simón. La suegra de Simón estaba con fiebre muy alta y le pidieron a Jesús que hiciera algo por ella. Jesús, de pie junto a ella, mandó con energía a la fiebre, y la fiebre desapareció. Ella se levantó enseguida y se puso a servirles.
Al meterse el sol, todos los que tenían enfermos se los llevaron a Jesús y él, imponiendo las manos sobre cada uno, los fue curando de sus enfermedades. De muchos de ellos salían también demonios que gritaban: “¡Tú eres el Hijo de Dios!” Pero él les ordenaba enérgicamente que se callaran, porque sabían que él era el Mesías.
Al día siguiente se fue a un lugar solitario y la gente lo andaba buscando. Cuando lo encontraron, quisieron retenerlo, para que no se alejara de ellos; pero él les dijo: “También tengo que anunciarles el Reino de Dios a las otras ciudades, pues para eso he sido enviado”. Y se fue a predicar en las sinagogas de Judea.
Palabra del Señor.

Medita lo que Dios te dice en el Evangelio
El Jesús que cura las enfermedades hace realidad los deseos de las personas que están enfermas y de sus familiares. Se puede ver una enfermedad no como algo personal sino familiar. Sobre todo, las enfermedades que son fuertes, se resienten en todas las personas de la familia. La forma en la que Cristo ilumina esta situación en la que la familia de Pedro se encuentra es de primero hacerse amigo de una persona para que lo pueda dejar entrar en la casa para que pueda ejercer su poder curativo en toda la familia. Si se deja entrar a Cristo, aunque sea un poco, hará grandes cosas. La situación familiar es diferente porque la presencia de Dios cambia las circunstancias y las personas.
La enfermedad, aunque sea algo malo y que haga sufrir, se convierte en una puerta para que Dios pueda tocar, entrar y quedarse en la casa. En las dificultades nos encontramos con que Dios quiere sanarnos y ayudarnos a recobrar la paz después de un tiempo de dificultad y enfermedad, pero qué pasa cuando las cosas no salen bien, cuando desgraciadamente se llega al punto de la muerte. Dios pone pruebas para que purifiquemos nuestro amor y que aprendamos a amarlo aun en momentos oscuros cuando nos es difícil verlo y reconocerlo para demostrarle nuestro amor.
Las enfermedades y cosas que queramos que Cristo cure en nuestra familia son de diversos modos, espirituales o materiales. Aparecen en nuestra vida y nos empujan a pedir ayuda y dejar que Dios actúe.

«Con los signos de curación que realiza para los enfermos de todo tipo, el Señor quiere suscitar como respuesta la fe. La jornada de Jesús en Cafarnaúm empieza con la sanación de la suegra de Pedro y termina con la escena de la gente de todo el pueblo que se agolpa delante de la casa donde Él se alojaba, para llevar a todos los enfermos. La multitud, marcada por sufrimientos físicos y miserias espirituales, constituye, por así decir, “el ambiente vital” en el que se realiza la misión de Jesús, hecha de palabras y de gestos que resanan y consuelan. Jesús no ha venido a llevar la salvación en un laboratorio; no hace la predicación de laboratorio, separado de la gente: ¡está en medio de la multitud! ¡En medio del pueblo! Pensad que la mayor parte de la vida pública de Jesús ha pasado en la calle, entre la gente, para predicar el Evangelio, para sanar las heridas físicas y espirituales. Es una humanidad surcada de sufrimientos, cansancios y problemas: a tal pobre humanidad se dirige la acción poderosa, liberadora y renovadora de Jesús.»
(Ángelus de S.S. Francisco, 4 de febrero de2018).

Diálogo con Cristo
Ésta es la parte más importante de tu oración, disponte a platicar con mucho amor con Aquel que te ama.

Propósito
Proponte uno personal. El que más amor implique en respuesta al Amado… o, si crees que es lo que Dios te pide, vive lo que se te sugiere a continuación.
Hoy haré un rato de oración y pediré por todos los enfermos de COVID.

Despedida
Te damos gracias, Señor, por todos tus beneficios, a Ti que vives y reinas por los siglos de los siglos.
Amén.

¡Cristo, Rey nuestro!
¡Venga tu Reino!

Virgen prudentísima, María, Madre de la Iglesia.
Ruega por nosotros.

En el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo. Amén.