Miércoles 27 de abril - El verdadero fruto nace por la unión con Cristo.

Miércoles 27 de abril – El verdadero fruto nace por la unión con Cristo.

En el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo. Amén.

Cristo, Rey Nuestro. ¡Venga tu Reino!

Oración preparatoria (para ponerme en presencia de Dios

Yo creo en Ti, Dios mío. Creo que en este tiempo de oración estoy en Ti y estás en mí. Creo en tus palabras: «Cualquier cosa que queráis, pedid, y se os dará». Por eso, en esta ocasión, quiero pedirte que bendigas a mis seres queridos, a la Iglesia y que me bendigas a mí también, para que podamos darte gloria en los frutos de nuestro trabajo.

Evangelio del día (para orientar tu meditación)

Del santo Evangelio según san Juan 15, 1-8

En aquel tiempo, Jesús dijo a sus discípulos: “Yo soy la verdadera vid y mi Padre es el viñador. Al sarmiento que no da fruto en mí, él lo arranca, y al que da fruto lo poda para que dé más fruto.

Ustedes ya están purificados por las palabras que les he dicho. Permanezcan en mí y yo en ustedes. Como el sarmiento no puede dar fruto por sí mismo, si no permanece en la vid, así tampoco ustedes, si no permanecen en mí. Yo soy la vid, ustedes los sarmientos; el que permanece en mí y yo en él, ése da fruto abundante, porque sin mí nada pueden hacer. Al que no permanece en mí se le echa fuera, como al sarmiento, y se seca; luego lo recogen, lo arrojan al fuego y arde.

Si permanecen en mí y mis palabras permanecen en ustedes, pidan lo que quieran y se les concederá. La gloria de mi Padre consiste en que den mucho fruto y se manifiesten así como discípulos míos”.

Palabra del Señor.

Medita lo que Dios te dice en el Evangelio

Cuando se cultiva una planta, se espera recibir un fruto de ella. En cualquier trabajo que realizamos, tenemos un objetivo en mente: alimentar a los hijos, ayudar a otros, satisfacer una necesidad… En resumen, buscamos hacer el bien en este mundo: un bien que dure y que valga.

Tú, Señor, conoces mi sed de fecundidad, pues Tú la has puesto en mi alma. Tú me creaste para dar fruto, y Tú mismo cultivas tu gracia en mi alma, para que produzca un fruto abundante. ¡Gracias, Señor, por ser un Padre tan bueno, que te gozas en el bien de tus hijos!

Pero no todo fruto es bueno o sacia el corazón. A veces, Señor, busco «frutos» materiales, o busco los «frutos» de poder o de las apariencias. El verdadero fruto, sin embargo es el que nace de estar unido a tu Hijo, Jesucristo. Por eso, Padre, ayúdame a nunca separarme de Cristo, que es la vid. Sólo en Él seré racimo que te de gloria y que haga fértil tu Reino en esta tierra.

«Jesús es la vid y a través de Él –como la linfa en el árbol– hace llegar a los sarmientos el amor mismo de Dios, el Espíritu Santo. Es así: nosotros somos los sarmientos, y a través de esta parábola, Jesús nos quiere hacer entender la importancia de estar unidos con Él.

Los sarmientos no son autosuficientes, sino que dependen totalmente de la vid, en la cual se encuentra el manantial de la vida de ellos. Así es para nosotros los cristianos. Insertados con el bautismo en Cristo, hemos recibido de Él gratuitamente el don de la vida nueva y podemos quedarnos en comunión vital con Cristo.» (Homilía de S.S. Francisco, 3 de mayo de 2015).

Diálogo con Cristo

Ésta es la parte más importante de tu oración, disponte a platicar con mucho amor con Aquel que te ama.

Propósito

Proponte uno personal. El que más amor implique en respuesta al Amado… o, si crees que es lo que Dios te pide, vive lo que se te sugiere a continuación.

Hoy haré una visita a la Eucaristía, o una comunión espiritual para acompañar a Cristo y renovar mi unión con Él.

Despedida

Te damos gracias, Señor, por todos tus beneficios, a Ti que vives y reinas por los siglos de los siglos.

Amén.

 

¡Cristo, Rey nuestro!

¡Venga tu Reino!

 

Virgen prudentísima, María, Madre de la Iglesia.

Ruega por nosotros.

 

En el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo. Amén.