Miércoles 6 de enero – Quien no ama no es libre.

Oración preparatoria (para ponerme en presencia de Dios)

Señor, al inicio de esta oración quiero ponerme en tu presencia, con mi mente embotada, mi ceguera y mi culpable indolencia, por las que te pido perdón. Sé que Tú me ves, me escuchas, me conoces y quieres, por tu inmensa misericordia, inspirarme el bien que hoy puedo hacer. Estoy dispuesto a escucharte.

Evangelio del día (para orientar tu meditación)

Del santo Evangelio según san Marcos 6, 45-52

En aquel tiempo, después de la multiplicación de los panes, Jesús apremió a sus discípulos a que subieran a la barca y se dirigieran a Betsaida, mientras él despedía a la gente. Después de despedirlos, se retiró al monte a orar.

Entrada la noche, la barca estaba en medio del lago y Jesús, solo, en tierra. Viendo los trabajos con que avanzaban, pues el viento les era contrario, se dirigió a ellos caminando sobre el agua, poco antes del amanecer, y parecía que iba a pasar de largo.

Al verlo andar sobre el agua, ellos creyeron que era un fantasma y se pusieron a gritar, porque todos lo habían visto y estaban espantados. Pero él les habló enseguida y les dijo: «Soy yo; no teman». Subió a la barca con ellos y se calmó el viento. Todos estaban llenos de espanto y es que no habían entendido el episodio de los panes, pues tenían la mente embotada.

Palabra del Señor.

Reflexiona lo que Dios te dice en el Evangelio (te sugerimos leer esto que dijo el Papa)

Una sesión de yoga no podrá enseñar a un corazón a sentir la paternidad de Dios, ni un curso de espiritualidad zen lo hará más libre para amar. Este poder lo tiene sólo el Espíritu Santo. Al día siguiente al de la multiplicación de los panes los discípulos se asustan al ver a Jesús caminando hacia ellos sobre el agua. No habían entendido el milagro de los panes, porque su corazón se había endurecido.

Un corazón puede ser de piedra por muchas razones. Por ejemplo, a causa de experiencias dolorosas. Le pasa a los discípulos de Emaús, temerosos de ilusionarse de nuevo. Le sucede a Tomás, que se niega a creer en la resurrección de Jesús. Y otro de los motivos que endurecen el corazón es el cierre en sí mismo:

Hacer un mundo en sí mismo, cerrado. En sí mismo, en su comunidad o en su parroquia, pero siempre cerrado. Y el cierre puede tener que ver con muchas cosas: pero pensemos en el orgullo, en la suficiencia, pensar que soy mejor que los demás, incluso en la vanidad, ¿no? Existen el hombre y la mujer-espejo, que se cierran en sí mismos para mirarse a sí mismos constantemente. Pero, tienen el corazón duro, porque están cerrados, no están abiertos. Y tratan de defenderse con estos muros que hacen a su alrededor. […]

El corazón, cuando se endurece, no es libre y si no es libre es porque no ama: así terminaba el apóstol Juan en la primera lectura. El perfecto amor echa fuera el temor: en el amor no hay temor, porque el temor supone un castigo, y el que teme no es perfecto en el amor. No es libre. Siempre tiene el temor de que suceda algo doloroso, triste, que me haga ir mal en la vida o arriesgar la salvación eterna… Pero tantas imaginaciones, porque no ama. Quien no ama no es libre. Y sus corazones se endurecieron, porque todavía no habían aprendido a amar. (Cf Homilía de S.S. Francisco, 9 de enero de 2015, en Santa Marta).

Diálogo con Cristo

Ésta es la parte más importante de tu oración, disponte a platicar con mucho amor con Aquel que te ama.

Propósito

Proponte uno personal. El que más amor implique en respuesta al Amado… o, si crees que es lo que Dios te pide, vive lo que se te sugiere a continuación.

Hoy reflexionaré sobre uno de mis problemas, haré lo que me toca pero, con completa fe y confianza, lo dejaré totalmente en las manos de Dios.

 

«Mirad que lo puede todo y nosotras no podemos nada sino lo que Él nos hace poder.»

(Santa Teresa, Camino de perfección 16, 10)