«En el ECYD llegué a un ambiente de felicidad» – Rosario Campino, colaboradora chilena del ECYD en Sevilla

«En el ECYD llegué a un ambiente de felicidad» – Rosario Campino, colaboradora chilena del ECYD en Sevilla

«En el ECYD llegué a un ambiente de felicidad» – Rosario Campino, colaboradora chilena del ECYD en SevillaRosario Campino es una chica del ECYD de Chile. Tiene apenas 16 años y, aprovechando sus vacaciones de verano en el hemisferio sur, acaba de pasar un mes en Sevilla como colaboradora en el ECYD. Rosario compartió su experiencia con la oficina de comunicación de España durante ese mes, unos pocos días, pero en los que no ha faltado de nada: actividades con las niñas e, incluso, con los niños, convivencias en Toledo, dar su testimonio durante la semana vocacional en Highlands School Sevilla, una peregrinación a Fátima e, incluso, unos días de cuarentena por COVID. Su conclusión es muy clara: “Ha sido un regalazo enorme, realmente me llenó muchísimo y quien me vea en Chile me verá lo diferente que soy”.

Todo comenzó con la llamada de una consagrada a mitad de la cuarentena ofreciéndome este proyecto. Mi primera sensación fue de miedo, pero a la vez emoción, después de un tiempo largo de hablar con mis papás y con gente querida para mí, decidí que el cambio sería bueno y que Dios me estaba invitando y llamando a hacerlo. Fue una increíble oportunidad para salir de mi zona de confort y poder crecer y madurar como persona.

¡No perdíamos el tiempo!

En nuestro día a día no parábamos, siempre estábamos con algo que hacer, ya sea organizar el ECYD de la tarde o ir a jugar con las niñas en su recreo. ¡No perdíamos el tiempo! Siempre nos manteníamos ocupadas. En la tarde llegábamos al ECYD y realmente me impresionaron las niñitas. Desde el día uno en que fui, llegué a un ambiente de felicidad y emoción.

Después de la primera semana, las niñitas nos preguntaban en el recreo si íbamos a ir a jugar con ellas. Me impresionaban. Cuando terminaba el ECYD de chicas, con Martina Brugegno y, a veces, con Mariana Vargas que también fueron colaboradoras, nos íbamos a la parte de los niños para conocerlos y jugar con ellos. Fue demasiado entretenido porque nos uníamos a los juegos y nos dejaban entrar y jugar con ellos.

En nuestros tiempos libres nos tocó organizar la adoración en Toledo, para la jornada de responsables, que fue todo un desafío, pero con el gran equipo que éramos logramos salir adelante. Ya en la siguiente semana nos tocó la “Semana Vocacional”, donde teníamos que ir a las clases a presentarnos y a darnos a conocer y explicar qué estábamos haciendo en Sevilla.

En cuarentena por COVID

En esta misma semana me dijeron que tenía COVID. Fue una noticia difícil de aceptar porque no podía entender que en un mes tan especial para mí, me pasara esto. Mientras pasaban los días, trataba de encontrarle una razón a mi cuarentena. Debo mencionar la increíble reorganización que tuvieron que hacer Pau y Pili. También fueron extraordinarias en su labor de “madres”, porque siempre nos preguntaban, cómo estábamos, o si es que nos pasaba algo. Cuando salí de mi cuarentena y después de hablarlo con el P. Luca, me di cuenta que no hay que encontrarle una razón para todo. Todo pasa por el bien de cada uno, y como él me decía siempre, la vida sigue, sino tuviste la oportunidad de hacerlo ahora, vendrá algo mejor en el futuro.

Cuando salí de cuarentena, tenía tanta energía acumulada, que no sé cómo la gente de Sevilla no me retaba. Al paso de los días me iba impresionando más y más de todo, de lo linda que es la ciudad hasta lo increíble que es la gente, desde los responsables hasta las consagradas, padres y niños.

También me tocó organizar un día de convivencia a niños de 6º de Primaria, que muy orgullosa puedo decir que salió todo bien, por el gran trabajo en equipo. Este fue uno de los días que más me quedaron marcados, de mi experiencia como colaboradora.

Aprendiendo cosas nuevas

«En el ECYD llegué a un ambiente de felicidad» – Rosario Campino, colaboradora chilena del ECYD en SevillaEl ECYD en Chile tiene una estructura parecida y al venir de Sevilla, me dan tantas ganas de hacer allí todas las cosas que he visto… Sin duda, alguna saldrá adelante. A medida que pasaba el tiempo, aprendí tantas cosas que realmente no me quería volver, porque me quería quedar aprendiendo a hacer cosas nuevas y también a cómo vivir las cosas.

En los últimos días me tocaron las despedidas. Fue algo que realmente me costó, porque estaba muy encariñada con la gente. Un sevillano me dijo: “Todos los despegues son opcionales, pero todos los aterrizajes son obligatorios”, y me dio mucho sentido, porque mi despegue desde Chile fue opción mía, pero el aterrizaje de vuelta a Chile es obligatorio, porque todo llega a su fin y siempre hay que volver donde uno comienza.

La vuelta a Chile

En el último fin de semana tuvimos el regalo de poder ir al Santuario de Fátima. ¡Eso sí que fue un regalo enorme! Me trajo muchísima paz interior y pude planificar y pensar en mi vida, en las cosas que voy a hacer este año. Ciertamente fue una forma muy buena de terminar el mes.

Como última actividad de la noche, nos hicieron pensar y comparar, cómo estaba nuestro corazón cuando llegamos a dar el mes de colaboradora y al final del mes. Fue impresionante como cambió. Ahí es donde me pude dar cuenta, de todo lo que crecí y de cómo cambié.

Ya terminando, debo decir que fue un regalazo enorme el haber podido ir a Sevilla, realmente me llenó muchísimo y si alguien de Chile me viera, me diría que estoy diferente, más tranquila y relajada de lo que era el año pasado. Realmente me encantó esta experiencia y la recomiendo 100 por ciento.

Sin nada más que decir, o más bien con todo lo que significa: ¡¡¡Gracias por todo Sevilla!!!

Fuente: regnumchristi.es
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