Sábado 16 de abril - El único sentido de mi vida.

Sábado 16 de abril – El único sentido de mi vida.

En el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo. Amén.

¡Cristo, Rey Nuestro! ¡Venga tu Reino!

Oración preparatoria (para ponerme en presencia de Dios)

Te doy gracias, Dios mío, por el don de la vida. Este regalo es hermoso cuando descubro que su fuente es tu amor. Por eso hoy vengo a ponerme en tu presencia, porque confío en que eres Tú el sentido de mi vida. Te ofrezco todo cuanto pudiera distraerme en este momento, todo lo pongo en tus manos y lo encomiendo a tu cuidado. Concédeme escucharte con atención. En tus manos me pongo, Madre mía. Así sea.

Evangelio del día (para orientar tu meditación)

Del santo Evangelio según san Juan 6, 60-69

En aquel tiempo, muchos discípulos de Jesús dijeron al oír sus palabras: «Este modo de hablar es intolerable, ¿quién puede admitir eso?»

Dándose cuenta Jesús de que sus discípulos murmuraban, les dijo: “¿Esto los escandaliza? ¿Qué sería si vieran al Hijo del hombre subir a donde estaba antes? El Espíritu es quien da la vida; la carne para nada aprovecha. Las palabras que les he dicho son espíritu y vida, y a pesar de esto, algunos de ustedes no creen”. (En efecto, Jesús sabía desde el principio quiénes no creían y quién lo habría de traicionar). Después añadió: “Por eso les he dicho que nadie puede venir a mí, si el Padre no se lo concede”.

Desde entonces, muchos de sus discípulos se echaron para atrás y ya no querían andar con él. Entonces Jesús les dijo a los Doce: “¿También ustedes quieren dejarme?” Simón Pedro le respondió: “Señor, ¿a quién iremos? Tú tienes palabras de vida eterna; y nosotros creemos y sabemos que tú eres el Santo de Dios”.

Palabra del Señor.

Medita lo que Dios te dice en el Evangelio

Señor Jesús, ¿a quién iré si no es a Ti?, ¿a dónde he de dirigir mi vida si el faro de tu puerto se apagara en mi ilusión?, ¿qué sentido habría en mi vida si no fueras Tú que me salvaste con tu amor?

Eres Tú, Señor, el único sentido de mi vida. Me has llamado a formar parte de tu viña, me has obsequiado el don de ser cristiano. Veo que en realidad todo cuanto vivo, incluso cuando a veces pudiera olvidarlo, no tiene otro fin sino el de prepararme a la vida eterna. Soy una persona que tiene a Dios como Padre, a Cristo como modelo y al Espíritu Santo como su voz interior. Y si Tú te fueras de mi vida, si yo perdiera el rumbo, , ¿a quién podría ir?, ¿a quién iremos sino es a Ti, Señor?

En mis afanes cotidianos, en el empeño en mi trabajo, en la preocupación por mi familia o en la atención a mi apostolado, o en el servicio que Tú me encomiendas a través de cada día, solamente encuentro sentido por el amor que Tú me has enseñado. Yo quiero, en realidad, caminar hacia el cielo, y quiero llevar de mi mano a quienes Tú colocaste en mi vida. Nuestra vocación es arribar a contemplarte, es amarte hasta volver a Ti.

Hoy quiero pedirte la luz que me haga vivir con esta conciencia en cada instante de este día. Hazme caminar bajo tu sombra y encaminar a ella a los demás. Yo creo firmemente que Tú eres mi Dios, que me amas y que me espera una vida futura junto a Ti, Señor. Hazme ser testimonio de esta realidad. Hazme testimonio de tu amor.

«A veces, se escucha sobre la santa misa esta objeción: “¿Para qué sirve la misa? Yo voy a la iglesia cuando me apetece, y rezo mejor en soledad”. Pero la eucaristía no es una oración privada o una bonita experiencia espiritual, no es una simple conmemoración de lo que Jesús hizo en la Última Cena. Nosotros decimos, para entender bien, que la eucaristía es “memorial”, o sea, un gesto que actualiza y hace presente el evento de la muerte y resurrección de Jesús: el pan es realmente su Cuerpo donado por nosotros, el vino es realmente su Sangre derramada por nosotros.

La eucaristía es Jesús mismo que se dona por entero a nosotros. Nutrirnos de Él y vivir en Él mediante la Comunión eucarística, si lo hacemos con fe, transforma nuestra vida, la transforma en un don a Dios y a los hermanos.»

(Ángelus de S.S. Francisco, 16 de agosto de 2015).

Diálogo con Cristo

Ésta es la parte más importante de tu oración, disponte a platicar con mucho amor con Aquel que te ama.

Propósito

Proponte uno personal. El que más amor implique en respuesta al Amado… o, si crees que es lo que Dios te pide, vive lo que se te sugiere a continuación.

Señor, con el deseo de imitarte en tu amor, hoy visitaré una persona que necesite mi atención o que podría agradarle mi presencia.

Despedida

Te damos gracias, Señor, por todos tus beneficios, a Ti que vives y reinas por los siglos de los siglos.

Amén.

¡Cristo, Rey nuestro!

¡Venga tu Reino!

Virgen prudentísima, María, Madre de la Iglesia.

Ruega por nosotros.

En el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo. Amén.