Sábado 7 de mayo - La unión de voluntades por amor

Sábado 7 de mayo – La unión de voluntades por amor

H. Iván Yoed Glez. LC

En el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo. Amén.

Cristo, Rey nuestro. ¡Venga tu Reino!

Oración preparatoria (para ponerme en presencia de Dios)

Quiero encontrarme contigo, Dios mío. En medio de mil pensamientos, aspiraciones, miedos, deseos, el hombre, sin embargo, siempre vive en necesidad de volver su rostro a Ti. Mi corazón vive sediento de tu amor y, como el mío, así el de todos los hombres y mujeres en el mundo. Quiero tener ahora un verdadero encuentro contigo, Señor mío. Que se inflame mi corazón al escucharte, de tal manera que sea luego capaz de desgastarse en anunciarte.

Evangelio del día (para orientar tu meditación)

Del santo Evangelio según san Juan 16, 23-28

En aquel tiempo, Jesús dijo a sus discípulos: “Yo les aseguro: cuanto pidan al Padre en mi nombre, se lo concederá. Hasta ahora no han pedido nada en mi nombre. Pidan y recibirán, para que su alegría sea completa.

Les he dicho estas cosas en parábolas; pero se acerca la hora en que ya no les hablaré en parábolas, sino que les hablaré del Padre abiertamente. En aquel día pedirán en mi nombre, y no les digo que rogaré por ustedes al Padre, pues el Padre mismo los ama, porque ustedes me han amado y han creído que salí del Padre. Yo salí del Padre y vine al mundo; ahora dejo el mundo y vuelvo al Padre”.

Palabra del Señor.

Medita lo que Dios te dice en el Evangelio.

Para que tu alegría sea plena pide en mi nombre, con la fe puesta en mi amor, con tu corazón puesto en el mío. Me invitaste, y al ver tu amor me impulsaste a dirigirme siempre a Ti, Dios mío, como hijo, lleno de confianza en tu amor. Un Dios que vive en el sagrario a la espera de aquellos por quien murió, como toda madre esperaría el regreso de su hijo a casa. Nadie tiene amor mayor que Aquél que dio la vida por sus amigos, y Tú me llamas amigo.

Te quedaste con nosotros en la Eucaristía, te quedaste con nosotros en la vida de gracia: la unión de voluntades por amor. Cuando busco obrar en tu presencia y agradarte, Dios mío, Tú vives en mí y yo en Ti.

Tú me acompañas en este hermoso valle de lágrimas, en este campo de batalla, donde las peleas más desgarrantes se libran en el corazón. Quiero pedirte que aumentes mi amor, Señor, y me hagas comprender que he de pedir cuanto me haga amarte siempre más, con la apertura tal de un hijo lleno de confianza en la sabiduría paternal. Hazme, pues, Señor, amarte y dirigirme siempre una y otra vez a Ti, con la certeza de que colmo de alegría tu deseo por escucharme, simplemente con el hecho de contarte cuanto tengo.

Llévame a encontrarme contigo en cada instante, para conocerte, para compartirte mi vida para entregártela, Señor, y así morir de amor por Ti con mi entrega cotidiana en esta tierra de misión, que es mi entorno, y para consumirme como vela por dar luz con mis esfuerzos, sin reservas, por amarte más, Señor. Confío en tu gracia siempre –prepararme en cada instante para amarte más, Señor, hasta resucitar un día en el mismo amor con que hoy me quiero consumir por Ti en mi misión.

«Pidamos al Señor que nuestra oración siempre tenga esa raíz de fe, pidamos la gracia de la fe. La fe es un don y no se aprende en los libros. Un don del Señor que se debe pedir. Dame la fe. Creo, Señor, ayuda mi poca fe. Por ello, debemos pedir al Señor la gracia de rezar con fe, de estar seguros que cada cosa que pedimos a Él nos será dada, con esa seguridad que nos da la fe. Y esta es nuestra victoria: nuestra fe.»

(Homilía de S.S. Francisco, 14 de enero de 2016).

Diálogo con Cristo

Ésta es la parte más importante de tu oración, disponte a platicar con mucho amor con Aquel que te ama.

Propósito

Proponte uno personal. El que más amor implique en respuesta al Amado… o, si crees que es lo que Dios te pide, vive lo que se te sugiere a continuación.

Señor, te prometo buscar un momento concreto para convivir con mi familia, con mis amigos, o con alguien que sé que puedo ayudar, y rezar juntos una oración.

Despedida

Te damos gracias, Señor, por todos tus beneficios, a Ti que vives y reinas por los siglos de los siglos.

Amén.

 

¡Cristo, Rey nuestro!

¡Venga tu Reino!

 

Virgen prudentísima, María, Madre de la Iglesia.

Ruega por nosotros.

 

En el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo. Amén.