«Valió la pena recorrer tanta distancia para recibir su bendición»

Por Anaíd de Loy

El pasado 15 de febrero tuvimos la oportunidad de recibir el mejor regalo: ver al Papa Francisco en San Cristóbal de las Casas, y la gracia de estar en una Misa con él.

Somos una pareja de recién casados, ambos miembros del Movimiento Regnum Christi, yo mexicana y mi esposo salvadoreño. Llevamos 2 meses de casados y vivir esta experiencia en el Año de la Misericordia nos ayudó a hacer una pausa y volver a ver la necesidad de ser una pareja de Dios. Siempre hemos visto como una Diosidencia estar juntos y haber tenido la fortuna de encontrarnos en la vida para formar un matrimonio y en un futuro una familia.

Seguir los pasos del Papa en México y hacer lo que estuviera en nuestras manos para verlo, fue una decisión que quisimos tomar. De hecho, el email inicial para la preparación de la peregrinación lo recibimos estando en la luna de miel, y fue el único correo que atendimos, después nos desconectamos del mundo.

Y valió la pena…, valió la pena recorrer largas distancias en coche, salir desde El Salvador en caravana,  hacer varias paradas, dormir en Tapachula y finalmente llegar a verlo al Centro Deportivo el lunes por la mañana. Valió la pena compartir con cada persona que formó parte de esta peregrinación, donde la mayoría de los integrantes eran de familias del Colegio del Regnum Christi Highlands El Salvador.

Todos compartíamos la misma ilusión de ver al Papa y sobre todo el mismo espíritu de familia. Tuvimos la gracia de contar con sacerdotes legionarios de Cristo que nos acompañaron en todo momento y celebraron los sacramentos para nosotros.

En los preparativos para ver al Papa, tuvimos que madrugar para hacer las filas. Cuando llegó el Papa, mi esposo y yo no parábamos de gritar, y él me propuso cargarme para ver mejor al Papa. El papamóvil se detuvo, y fue ahí donde cargó a Natalia, una niña salvadoreña que recibió la bendición. Todos los que íbamos en el grupo sentimos que era una bendición para toda la peregrinación, no se pueden imaginar la alegría de sus papas, la emoción de la niña. Mientras me seguía cargando mi esposo, y en lo que veíamos que abrazaba a Natalia, no parábamos de gritarle: «¡EL SALVADOR!».

De repente parecía que el Papa nos había escuchado y  volteó a vernos, yo sólo pude gritarle: «¡QUE DIOS LO BENDIGA!». Porque mi intención era hacerle saber que estamos rezando por él, como tanto nos ha pedido.

Todo el mundo quiere grabar para siempre ese momento en que te puedes encontrar con el Papa; tenerlo en la mente y el corazón e incluso en fotos o en videos. Pero a veces de tanta emoción no es posible, como fue nuestro caso. Las fotos salieron todas movidas, y por estar gritando hasta nos olvidamos del video. Pero por la tarde, nos encontramos con la sorpresa de que algún periodista había captado ese momento que nos marcó tanto.

Sólo por ese instante de verlo, escucharlo, recibir su bendición, valió la pena el viaje. Nos llenó de alegría y paz. Creemos que funciona “hacer lío”, como bien dice el Papa, y queremos hacerlo. Hemos podido conocer más a Dios a través del Regnum Christi. ¡Qué bueno que no dejamos pasar oportunidad y de compartirla con los demás!