Entrevista a Verónica Fernández, consagrada, profesora, recién doctorada

«Entre los que no saben y saben que no saben: tras la tesis me sitúo en este último grupo»

Entrevista a Verónica Fernández, consagrada, profesora, recién doctorada

Entrevista a Verónica Fernández, consagrada, profesora, recién doctoradaVerónica Fernández es consagrada del Regnum Christi y trabaja como profesora en la Universidad Francisco de Vitoria. En octubre se doctoró en Liderazgo y Dirección de Instituciones de Educación Superior a través de su investigación doctoral titulada “La libertad como autodeterminación. Bases para la discusión de un modelo de formación docente”. En esta entrevista, Verónica nos habla sobre sus aprendizajes en esta experiencia investigadora, los retos a los que la educación se enfrenta para que sea también evangelizadora e, incluso, el papel de las consagradas del Regnum Christi: “Nuestra acción apostólica no se reduce a la educación, pero tenemos obras educativas que constituyen un lugar donde prestamos un servicio precioso para la evangelización y donde ésta se puede llevar a cabo de diversos modos, bien preparadas y formadas y con el carisma del Regnum Christi”.

Desde joven has estado vinculada a la educación ya siendo directora de un colegio, subdirectora, en el área internacional de los Colegios Regnum Christi o como profesora desde enero en la universidad, ¿cómo surgió todo este deseo de dedicarse a la enseñanza? ¿Eres una enamorada de la educación?

Sí creo ser una enamorada de la educación ya que educar es la realización de nuestra vocación de hombres, y esta no consiste tanto en hacer cosas como en hacerse a uno mismo, pues el ser humano necesita aprender a ser lo que está llamado a ser.

La vida misma me ha ido llevando por este camino educativo sin yo buscarlo directamente. Comencé trabajando desde muy joven con adolescentes y me encantó el trabajo con ellos, su entusiasmo, sus luchas, su rebeldía, el ver que podías hacer en ellos una diferencia y que nada de lo que hicieras o dejaras de hacer les dejaba indiferentes. Era un proceso de despertarles para llevarles a una plenitud personal. Qué alegría poder dedicar la vida enseñando a las personas el arte de vivir.

A día de hoy eres profesora en la Universidad Francisco de Vitoria, ¿qué te gusta de enseñar? ¿Qué te ha llevado a trabajar en la UFV y ser profesora?

Hay muchas cosas que me gusta enseñar. Enseñar implica necesariamente formar. Y uno se pregunta, cómo se puede “trans-formar” al hombre para que este pueda llegar a buscar la verdad y querer el bien. Este es uno de los motivos por los que me gusta enseñar ya que la enseñanza me permite ayudar a los alumnos a buscar la verdad y a querer el bien. Y ojalá pueda llevarles a esa Verdad y Bien con mayúscula.

Leer a Benedicto XVI y a San Juan Pablo II me ayudó mucho a ver lo trascendente que es la misión de enseñar. San Juan Pablo II decía: “¡Partid desde los jóvenes! Ahí está vuestro campo de misión y vuestro laboratorio de cultura más precioso”.

Estoy convencida de que Cristo quiere salir también al encuentro del hombre de hoy mediante profesores que sean verdaderos educadores, que estén enriquecidos por una fuerte predilección hacia los jóvenes, predilección basada en Cristo que es quien posee la verdad sobre el hombre, y que, como decía también San Juan Pablo II, estén “dotados de una gran sabiduría para humanizar todos los nuevos descubrimientos y para restaurar la armonía de la persona. El mundo hoy necesita maestros dotados de un pensamiento fuerte que pueda conducir al hombre a su puesto originario y, por otra, profesores ricos en creatividad para superar la creciente distancia entre la civilización humana y la fe cristiana, y restablecer la alianza entre ciencia y sabiduría”. La UFV me permite poder vivir todo esto como profesora y también permitiéndome colaborar en diversos proyectos de formación docente. Todo un regalo.

Hace unos días defendiste tu tesis doctoral “La libertad como autodeterminación. Bases para la discusión de un modelo de formación docente”, y ahora eres doctora en liderazgo y dirección de instituciones de educación superior por la Universidad Anáhuac, ¿En qué ha consistido, de un modo más concreto, tu trabajo de investigación? ¿Cómo llegaste a ese tema, y qué querías descubrir y desvelar con esta tesis?

Entrevista a Verónica Fernández, consagrada, profesora, recién doctoradaCon mi investigación buscaba averiguar cuáles son las acciones y los comportamientos que necesita tener un docente para formar al alumno en una libertad entendida como autodeterminación de modo que este pudiese ejercer, el día de mañana, un liderazgo ético en la toma de decisiones que lleve a cabo. No es fácil de explicar en unas cuantas líneas, pero para ver si se entiende un poco mejor, comento que, en el acto educativo, existen dos modos de entender la libertad, por un lado, como autonomía y, por otro, como autodeterminación. Ambas acepciones tienen el “auto-” como elemento común, esto es, partir de uno mismo, donde nadie te puede sustituir, pero en la autonomía, ese “auto-” se convierte en fin en sí mismo, pudiendo conducir muchas veces a un individualismo que suele oponerse en la práctica a la adquisición de compromisos estables en el tiempo. En cambio, en la autodeterminación, ese “auto-” se convierte en una condición indispensable para poder establecer relaciones con los demás, tal y como lo presenta Wojtyla en su tesis Persona y acción, y en quien me he basado para mi investigación.

El discurso filosófico a este respecto no ha estado siempre conectado a un modelo o perfil pedagógico docente en este tema. Por ello, buscaba aportar algunos elementos concretos para la construcción de un modelo o perfil docente y lo hice a través de un marco teórico bien sustentado y elaborando y, a partir del mismo, un instrumento que permitiese poner las bases para obtener estas acciones y comportamientos y que pudiesen ayudar a la formación del docente en esta dimensión.

Tu tesis aporta mucho sobre el valor del contacto humano, subraya la interdependencia entre los seres humanos, y cómo el docente está llamado a influir sobre el alumno positivamente. ¿Qué desafíos presenta la cultura actual en ese sentido?

En verdad la cultura actual presenta muchos desafíos, sobre todo por el individualismo en el que muchas veces vivimos y en donde ser influido o afectado está mal visto como si toda influencia llevase implícita una manipulación. Resulta evidente y claro que todas las personas influyen en el comportamiento de las otras, nadie actúa de forma totalmente independiente a los demás ya que somos seres relacionales. El papel de las influencias educativas que están presentes en el aula (el profesor y los compañeros de clase) es decisivo para explicar los procesos de enseñanza y aprendizaje y los progresos del niño. Tanto el profesor como los compañeros de clase no se limitan simplemente a acompañar al alumno en sus logros, sino que influyen de manera decisiva en que estos se realicen, e influyen también en la dirección que estos tomen. Las circunstancias que estamos viviendo por la pandemia nos ayudan a tomar conciencia de esta situación, vemos lo importante que es la relacionalidad, la presencialidad en el acto educativo más allá de la mera virtualidad, que sí, ayuda, pero no basta. Este es un reto a enfrentar.

También algunas veces en el ámbito educativo en este último tiempo se ha puesto el acento en la formación docente para que estos transmitan una serie de competencias meramente técnicas a los alumnos convirtiéndolos, de este modo, en meros facilitadores de la enseñanza y no como profesores o maestros con también un papel en la transmisión de fines. La consecuencia es que muchos han ido perdiendo su estatus de ser una verdadera autoridad para los alumnos. Un profesor no es un mero facilitador de enseñanza, es un formador, un educador que busca, entre otras cosas, orientar al alumno hacia fines grandes que entrañan el bien y la verdad, puesto que estos le capacitan para que llegue a ser lo que está llamado a ser como persona.

En la experiencia del estudio, la disciplina de la investigación y la conversación con esos otros a los que estudias durante el trabajo para la tesis, ¿qué tres cosas has aprendido qué destacarías? ¿Hay algo que has descubierto de ti misma que no conocías? ¿Se han abierto tus ojos a alguna realidad que de alguna manera ha ampliado tu visión del mundo y tu manera de habitarlo y relacionarte con los demás? ¿Has descubierto algo que te ha cambiado?

¡Son muchas preguntas! Me limito a decir que un trabajo de investigación serio y profundo siempre enriquece y abre nuevos horizontes. Descubres realmente que sabes muy poco, te vuelves más cauto, prudente a la hora de hacer alguna afirmación. Sócrates decía que ante el logos se dan cuatro tipos de seres humanos: los que saben y saben que saben; los que saben y no saben que saben; los que no saben y piensan que saben; los que no saben y saben que no saben. Después de la tesis me sitúo en este último grupo.

Este doctorado, ¿qué te ha aportado en la vivencia de tu ser consagrada? ¿y en la de tu ser laica?

No haría una distinción entre que me haya aportado algo como consagrada y algo como laica porque creo que ambos conceptos están intrínsecamente unidos en mi vocación. Estos estudios me permiten estar más preparada y más disponible para la misión, para poder ayudar y servir mejor a las personas, a la misma Iglesia. Las conclusiones del Decreto Gravissimum educationis exhortan a las personas que nos dedicamos a la educación a distinguirnos en la formación de los alumnos en el espíritu de Cristo, en el arte pedagógico y en el estudio de la ciencia, de forma que no sólo promovamos la renovación interna de la Iglesia, sino que sirvamos y acrecentemos su benéfica presencia en el mundo de hoy, sobre todo en el ámbito intelectual.

Nuestras obras, en este caso, los colegios y las universidades, son un servicio que el Espíritu Santo suscita e inspira que llevemos a cabo, pero como ya sabemos, no son las únicas ni el único medio de vivir nuestra misión aunque, efectivamente, sí son unos ámbitos muy importantes y que abren muchos y grandes horizontes de cara a la evangelización. Son un campo inmenso para la fe, la cultura, la educación, el arte, etc.

Nuestros colegios y universidades son obras al servicio de la evangelización y un lugar donde puede haber un campo de desarrollo más amplio que el que ha habido hasta ahora para las consagradas que ahí desempeñan su misión. Nuestra acción apostólica no se reduce a la educación, pero sin embargo, tenemos obras educativas que constituyen un lugar donde prestamos un servicio precioso para la evangelización y donde ésta se puede llevar a cabo de diversos modos, bien preparadas y formadas y con el carisma del Regnum Christi.

¿En qué puede ayudar esta investigación a otros docentes? ¿Y a otros investigadores?

No sé si mi investigación vaya a ayudar a otros docentes, pero a mí me ha ayudado mucho. La tesis deja muchas prospectivas abiertas para quienes se interesen por el tema, como por ejemplo, el ahondar en cómo la comunidad educativa y las relaciones interpersonales que se dan dentro de ella afectan a la formación del alumno en la formación de la libertad entendida como autodeterminación. También se señala en la investigación que es importante que se lleve a cabo un buen proceso de formación y búsqueda de excelencia de los profesores y de los miembros del equipo directivo de la institución educativa en relación con las virtudes, ya que el ejemplo en su actuación cotidiana puede llegar a influir de modo significativo en las acciones y en el modo de pensar de los estudiantes. Es en el modo de actuar de los profesores y del equipo directivo (personal no docente), que los alumnos pueden ver, conocer y comprender lo atractivas que llegan a ser determinadas virtudes. Se apunta en el trabajo “a que se pueden adquirir competencias éticas y técnicas a pesar de que los rasgos personales del docente no sean los mejores, ya que las competencias se aprenden mientras que los rasgos se adquieren o se poseen. Este “adquirir” a nivel ético significa que la persona puede y debe crecer en virtud. Todo ello abre la puerta a la investigación sobre la formación en virtudes de los docentes, de modo que estos puedan llegar a ejercer una influencia virtuosa en los alumnos.

El Papa ha pedido hace pocos días que los países, instituciones, docentes… firmen el pacto mundial por la educación. ¿Estamos necesitados de algo así? ¿Por qué? ¿Te has sentido interpelada?

En educación, más que un pacto, se trata de una Alianza educativa. Es cierto que todo acuerdo en un ámbito educativo suele ayudar a profundizar en él, sobre todo en una situación de crisis como la que nos encontramos hoy día. De aquí, la solicitud del Papa por este pacto que hemos de considerar más dentro de un proceso que como el fin de un camino. De hecho, estamos más necesitados ahora de clarificar modelos educativos que respondan al desarrollo integral del hombre como insiste toda la enseñanza del Papa Francisco. Allí es donde me siento yo más interpelada.

¿Qué desafíos y oportunidades ves en el Regnum Christi en cuanto a su propuesta educativa escolar, universitaria y postuniversitaria?

Estamos en un momento de repensar nuestro modelo educativo después de muchos años de experiencia. Se ha trabajado ya en esto en varios territorios, como es el caso de España. El reto está ahora en que no se quede en un papel sino que se haga vida y permee a la comunidad educativa, y para ello es necesario formar a los docentes y hacer cambios en las estructuras para que este se pueda llevar a cabo. Es una gran tarea si somos conscientes de los nuevos desafíos que la situación actual nos ofrece, conscientes de la importancia de una renovación en la formación dentro de una unidad de espíritu. He podido comprobar en muchos de los centros educativos que he visitado ese deseo real de responder con un plan de formación más incisivo en lo que corresponde a formación de la persona, en especial en lo que se refiere a las virtudes que es un punto claro para la investigación, y que toca la parte de formación moral. Tenemos el reto de elaborar planes de evangelización integrales, en donde las ciencias (la parte académica) y la fe (religión) caminen de la mano para también, de este modo, evangelizar la razón de nuestros alumnos. Está el reto y la gran oportunidad de crear sinergias entre las facultades de educación de nuestras universidades y los centros educativos para impulsar proyectos, para ayudar en la formación docente, en la implantación de los modelos pedagógicos, llevar a cabo investigación sobre aspectos de educación y evangelización, etc.

Por otra parte, existe un deseo grande de una mayor presencia de consagradas en el ámbito universitario, con la exigencia de una formación adecuada a ese nivel, que necesita de una actitud: dejarse influir por el bien y la verdad que el mundo académico aporta a quien se adentra en él. Como decía al principio, educar -y educarse- es aprender a ser lo que uno está llamado a ser. Son muchas cuestiones abiertas que se han de ir concretando poco a poco.

Fuente: RegnumChristi.Es