niños espirituales

Viernes 2 de octubre de 2020 – El niño espiritual.

Santos Ángeles Custodios

H. José David Parra Gómez, L.C.

En el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo. Amén.

Cristo, Rey nuestro. ¡Venga tu Reino!

 

Oración preparatoria (para ponerme en presencia de Dios)

Señor. te quiero agradecer por el don de mi ángel de la guarda, a través del cual Tú me recuerdas lo importante y valioso que soy ante tus ojos. Te pido la gracia de tomar más conciencia de su presencia, de ser dócil a sus consejos y agradecido por su protección.

 

Evangelio del día (para orientar tu meditación)

Del santo Evangelio según san Mateo 18, 1-5. 10

En cierta ocasión, los discípulos se acercaron a Jesús y le preguntaron: “¿Quién es más grande en el Reino de los cielos?”.

Jesús llamó a un niño, lo puso en medio de ellos y les dijo: “Yo les aseguro a ustedes que si no cambian y no se hacen como los niños, no entrarán en el Reino de los cielos. Así pues, quien se haga pequeño como este niño, ése es el más grande en el Reino de los cielos. Y el que reciba a un niño como éste en mi nombre, me recibe a mí.

Cuidado con despreciar a uno de estos pequeños, pues yo les digo que sus ángeles, en el cielo, ven continuamente el rostro de mi Padre, que está en el cielo”.

Palabra del Señor.

 

Medita lo que Dios te dice en el Evangelio

Podríamos estar muy acostumbrados a escuchar hablar a Jesús de la sencillez y de los niños cuando habla de la verdadera ‘grandeza’ de los hombres, pero ¿qué significa hacerse como los niños, hoy, en mi vida cotidiana? Y, ¿qué tienen que ver los ángeles con todo esto?

El Señor nos pide imitar a los niños en sus aptitudes internas del corazón para entrar en el Reino de los cielos. Ser niños espirituales y no hombres infantiles. El niño espiritual es aquel que es alegre y entusiasta; es humilde, sabe reconocer sus errores y pedir disculpas cuando necesario; aprende de todo y de todos; sabe pedir con sencillez y es agradecido; no se estresa, sino que confía totalmente en su Padre, sabiendo que Él todo lo puede y que nada se escapa a su Divina Providencia.

Y… ¿los ángeles? No son tan solo imágenes de libros o iglesias, ellos son seres vivos y reales, muy presentes y activos en nuestras vidas, aunque probablemente no te hayas topado alguno todavía. Ellos nos recuerdan que no somos ni perfectos ni autosuficientes –al menos en un plano espiritual- sino que, por el contrario, estamos necesitados de Dios y de su gracia. El ángel custodio hace las veces de protector y guía en este caminar hacia la patria celestial, y nos ayuda, si lo dejamos, a formar las ya mencionadas aptitudes internas del corazón.

 

 

«Es necesario proteger y alimentar en el corazón de los niños ese deseo de amor, de ternura, de acogida que expresan en su ímpetu sincero y luminoso. Cada persona está llamada a redescubrir lo que realmente importa, lo que realmente necesita, lo que hace la vida buena y, al mismo tiempo, lo que es secundario y de lo que puede prescindir tranquilamente.»

«Hoy, memoria litúrgica de los ángeles custodios, pidamos al Señor que nos conceda, por su intercesión, el don de su Espíritu Santo, para que haga de todos nosotros los bautizados anunciadores valientes del Evangelio, dando cabida en nuestra vida a la acción de Dios, que nos hace criaturas nuevas y criaturas libres. Que el Señor los bendiga.»

(Audiencia de S.S. Francisco, 11 de marzo de 2020 y 2 de octubre de 2019).

 

Diálogo con Cristo

Ésta es la parte más importante de tu oración, disponte a platicar con mucho amor con Aquel que te ama.

 

Propósito

Proponte uno personal. El que más amor implique en respuesta al Amado… o, si crees que es lo que Dios te pide, vive lo que se te sugiere a continuación.

Voy a hacer una oración a mi ángel de la guarda, para agradecerle su presencia y protección, y para pedirle perdón por todas las veces que le he tenido en el olvido.

 

 

Despedida

Te damos gracias, Señor, por todos tus beneficios, a Ti que vives y reinas por los siglos de los siglos.

Amén.

 

¡Cristo, Rey nuestro!

¡Venga tu Reino!

 

Virgen prudentísima, María, Madre de la Iglesia.

Ruega por nosotros.

 

En el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo. Amén.