hijo

Viernes 3 de mayo de 2019 – Cristianos con el corazón de hijos.

Santa Cruz

H. César Yali Molina Flores, L.C.
En el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo. Amén.
Cristo, Rey nuestro. ¡Venga tu Reino!

Oración preparatoria (para ponerme en presencia de Dios)
Señor, concédeme la gracia de conocerte y conocer a mis seres queridos y amigos.
Evangelio del día (para orientar tu meditación)
Lectura del santo Evangelio según san Juan 3, 13-17

En aquel tiempo, Jesús dijo a Nicodemo: “Nadie ha subido al cielo sino el Hijo del hombre, que bajó del cielo y está en el cielo. Así como Moisés levantó la serpiente en el desierto, así tiene que ser levantado el Hijo del hombre, para que todo el que crea en él tenga vida eterna.
Porque tanto amó Dios al mundo, que le entregó a su Hijo único, para que todo el que crea en él no perezca, sino que tenga vida eterna. Porque Dios no envió a su Hijo para condenar al mundo, sino para que el mundo se salvara por él”.

Palabra del Señor.

Medita lo que Dios te dice en el Evangelio

La liturgia del día propone un autoexamen que permite medir la relación con los seres queridos. Hoy en día, la sociedad ha ido perdiendo algo importante en la vida del ser humano como son las relaciones interpersonales, un gran número de personas pasan gran parte de su tiempo en el mundo virtual y poco tiempo con las personas que viven, incluso bajo su mismo techo; por esto la pregunta de Cristo a Felipe es muy actual: Hace cuánto estoy entre ustedes y, ¿no me conoces, (di tu nombre)?

Si eres padre o madre de familia, pregúntate qué tanto conoces a tu hija o hijo; ¿te das cuenta de que, cuanto más te esfuerzas por darle todo lo material, le estás negando lo más importante que es tu presencia en su vida? Y tú, que eres hija o hijo, ¿te enteras cuán larga es la distancia entre tú y tus padres y el resto de tu familia? ¿Con quién compartes más tiempo? ¿Personas reales o virtuales?

Recuerda que para conocer a una persona es necesario compartir – convivir – pues así aprendes a ver el corazón de la otra persona, aprendes a amarla por lo que es, una persona con virtudes y defectos; mucho bien hace a tu vida, a la de la familia y amigos el que compartan y se conozcan. Y ahora piensa, ¿cuánto compartes y conoces a Cristo y su Iglesia? Muchos participan en la santa misa dominical e incluso diaria y son de comunión diaria, pero la relación con Jesús es tan  «real» como las amistades que tienes en las redes «sociales» virtuales y que nunca has conocido personalmente. Esto es fácil comprobarlo pues quien ha conocido a Cristo, atrae a Cristo a más personas, en caso contrario, escandalizamos.

A pesar de esto Jesús sí te conoce y está siempre a tu lado; aun en los momentos que más le hieres con tus pecados, siempre te espera para que le aceptes como su amigo y puedas, al igual que Felipe, llevar el amor que recibes de Dios a cuantos le necesitan. Podrás decir: Cristo es mi amigo, lo conozco y sé que me ama.

Que san José y la Virgen María te acompañen y enseñen a conocer más a Jesucristo, quien espera le reconozcas en la creación; y que toda la creación lo vea a Él en ti.

«El Espíritu Santo es un Espíritu de hijos, es el Espíritu de Jesús. Un espíritu de esclavos no puede hacer otra cosa que acoger la Ley de manera opresiva y puede producir dos resultados opuestos: o una vida hecha de deberes y de obligaciones o una reacción violenta de rechazo. Todo el cristianismo es el paso de la carta de la Ley al Espíritu que da la vida. Jesús es la Palabra del Padre, no es la condena del Padre.»
(Francisco, Audiencia, 20 de junio de 2018).

Diálogo con Cristo
Ésta es la parte más importante de tu oración, disponte a platicar con mucho amor con Aquel que te ama.

Propósito
Proponte uno personal. El que más amor implique en respuesta al Amado… o, si crees que es lo que Dios te pide, vive lo que se te sugiere a continuación.
El día de hoy voy a limitar el tiempo que paso en las redes sociales y trataré de convivir y relacionarme con las personas que me rodean.

Despedida
Te damos gracias, Señor, por todos tus beneficios, a Ti que vives y reinas por los siglos de los siglos.
Amén.

¡Cristo, Rey nuestro!
¡Venga tu Reino!

Virgen prudentísima, María, Madre de la Iglesia.
Ruega por nosotros.

En el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo. Amén.