Sólo Dios puede cambiar los corazones

Viernes 4 de septiembre de 2020 – Confiar en Dios.

H. Pedro Cadena, L.C.
En el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo. Amén.
Cristo, Rey nuestro. ¡Venga tu Reino!

Oración preparatoria (para ponerme en presencia de Dios)
Jesús, gracias por esta oportunidad de estar contigo. Gracias por tu gran amor por mí. Tú sabes bien cuán débil soy, cuánto necesito de Ti, cuánto me haces falta en cada instante. Dame fe para verte, confianza para caminar contigo, amor para ser como Tú. María, madre de Dios y madre mía, acompáñanos en este rato de oración.

Evangelio del día (para orientar tu meditación)
Del santo Evangelio según san Lucas 5, 33-39
En aquel tiempo, los fariseos y los escribas le preguntaron a Jesús: “¿Por qué los discípulos de Juan ayunan con frecuencia y hacen oración, igual que los discípulos de los fariseos, y los tuyos, en cambio, comen y beben?”.
Jesús les contestó: “¿Acaso pueden ustedes obligar a los invitados a una boda a que ayunen, mientras el esposo está con ellos? Vendrá un día en que les quiten al esposo, y entonces sí ayunarán”.
Les dijo también una parábola: “Nadie rompe un vestido nuevo para remendar uno viejo, porque echa a perder el nuevo, y al vestido viejo no le queda el remiendo del nuevo. Nadie echa vino nuevo en odres viejos, porque el vino nuevo revienta los odres y entonces el vino se tira y los odres se echan a perder. El vino nuevo hay que echarlo en odres nuevos y así se conservan el vino y los odres. Y nadie, acabando de beber un vino añejo, acepta uno nuevo, pues dice: ‘El añejo es mejor’ ”.
Palabra del Señor.

Medita lo que Dios te dice en el Evangelio
Escucha las palabras de Jesús en este Evangelio. ¿A qué se refiere con «el vino nuevo»? Tal vez es algo que tenga que renovarse en tu vida. Tal vez sea tu relación con alguien. Puede ser que sea tu relación con Dios mismo. Pregúntale a Jesús: ¿Qué quieres renovar dentro de mí? Pídele que te transforme en un odre nuevo, para que puedas llevar el buen sabor de su amor a los que te rodean.
Tú no te puedes transformar sólo. Sólo Dios puede cambiar los corazones. Jesús te espera en los momentos de oración para tocar tu corazón y convertirte en su apóstol. Señor, ¡hazme un instrumento de tu amor! ¡Toca el mundo a través de mí y hazlo un lugar nuevo, según tu amor!

«La novedad de la Palabra del Señor – porque la Palabra del Señor siempre es novedad, siempre nos lleva adelante – siempre gana, es mejor que todo. Vence la idolatría, vence la soberbia y vence esta actitud de estar demasiado seguros de sí mismos, no por la Palabra del Señor sino por las ideologías que yo he construido en torno a la Palabra del Señor. Hay una frase muy buena de Jesús que explica todo esto y que viene de Dios, tomada del Antiguo Testamento: «Misericordia quiero y no sacrificios». Ser un buen cristiano significa entonces ser dócil a la Palabra del Señor, escuchar lo que el Señor dice sobre la justicia, sobre la caridad, sobre el perdón, sobre la misericordia y no ser incoherentes en la vida, utilizando una ideología para poder ir adelante. Es verdad, añadió, que la Palabra del Señor a veces nos pone ‘en problemas’, pero también el diablo hace lo mismo, engañosamente. Ser cristiano es, por lo tanto, ser libres, a través de la confianza en Dios.»
(Homilía de S.S. Francisco, 20 de enero de 2020, en santa Marta).

Diálogo con Cristo
Ésta es la parte más importante de tu oración, disponte a platicar con mucho amor con Aquel que te ama.
Jesús, gracias por este momento de intimidad contigo. ¿Qué pasó cuando estuvimos juntos? ¿Hay algo que me da paz o algo que me inquieta? Lo pongo en tus manos. ¿Se despertó en mí un deseo o un rechazo? Lo pongo también en tus manos. Sé que me amas. Confío en Ti. Aumenta mi amor y mi confianza. María, gracias por estar con nosotros. Hazme cada día más como Jesús.
Propósito
Proponte uno personal. El que más amor implique en respuesta al Amado… o, si crees que es lo que Dios te pide, vive lo que se te sugiere a continuación.
Hoy voy a hacer un acto de servicio oculto en mi casa.

Despedida
Te damos gracias, Señor, por todos tus beneficios, a Ti que vives y reinas por los siglos de los siglos.
Amén.

¡Cristo, Rey nuestro!
¡Venga tu Reino!

Virgen prudentísima, María, Madre de la Iglesia.
Ruega por nosotros.

En el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo. Amén.