llegado su hora

Viernes 5 de abril de 2019 – ¿Hasta dónde estoy dispuesto a amar?

H. Jesús Alberto Salazar Brenes, L.C.
En el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo. Amén.
Cristo, Rey nuestro. ¡Venga tu Reino!

Oración preparatoria (para ponerme en presencia de Dios)
Señor Jesús, prepara mi corazón para vivir contigo más de cerca esta Cuaresma, y que tu entrega hasta el extremo por mí, renueve mi amor por Ti.

Evangelio del día (para orientar tu meditación)
Del santo Evangelio según san Juan 7, 1-2. 10. 25-30
En aquel tiempo, Jesús recorría Galilea, pues no quería andar por Judea, porque los judíos trataban de matarlo. Se acercaba ya la fiesta de los judíos, llamada de los Campamentos.
Cuando los parientes de Jesús habían llegado ya a Jerusalén para la fiesta, llegó también él, pero sin que la gente se diera cuenta, como incógnito. Algunos, que eran de Jerusalén, se decían: “¿No es éste al que quieren matar? Miren cómo habla libremente y no le dicen nada. ¿Será que los jefes se han convencido de que es el Mesías? Pero nosotros sabemos de dónde viene éste; en cambio, cuando llegue el Mesías, nadie sabrá de dónde viene”.
Jesús, por su parte, mientras enseñaba en el templo, exclamó: “Con que me conocen a mí y saben de dónde vengo… Pues bien, yo no vengo por mi cuenta, sino enviado por el que es veraz; y a él ustedes no lo conocen. Pero yo sí lo conozco, porque procedo de él y él me ha enviado”. Trataron entonces de capturarlo, pero nadie le pudo echar mano, porque todavía no había llegado su hora.
Palabra del Señor.

Medita lo que Dios te dice en el Evangelio
«Aún no ha llegado su hora», son las palabras finales de este pasaje evangélico y quizás una de las ideas más profundas presentes en todo el Evangelio de Juan.
Al inicio vemos cómo Jesús sube a Jerusalén a escondidas, sin embargo, una vez estando allá, se puso a anunciar el Reino de Dios con toda libertad, aun sabiendo que lo querían matar. Los judíos querían eliminarlo y hubiera sido más fácil tenderle una trampa, invitarlo a un banquete y envenenarlo, o bien acusarlo de hereje, azuzar al populacho y apedrearlo como le sucedió a san Esteban.
A pesar de todo, nadie se atrevió a ponerle una mano encima, ¿por qué? La respuesta se encuentra más adelante en Jn 13,1: «La víspera de la fiesta de la Pascua, como Jesús sabía que había llegado su hora de pasar de este mundo al Padre, habiendo amado a los suyos los amó hasta el extremo». Jesús se entrega a sí mismo por amor a los suyos, por nosotros, y debía hacerlo en su hora, en el momento justo.
Jesús no era un simple iluminado que andaba predicando paz y amor, tampoco una especie de mago que sanaba gente con sus artes; Él es la verdad, y la verdad incómoda a quien busca hacerse un Dios a su medida. Los que supuestamente estaban cerca de Dios (los sacerdotes, los escribas y fariseos) vivían su propia verdad y no la verdad de Dios, tenían su conciencia domesticada con su propia avaricia, egoísmo, rechazo de los demás, con un corazón endurecido. Por eso querían eliminar a Jesús, ésa es siempre la vía más rápida aún hoy, pero a la vez, rechazar este amor infinito nos va dejando un vacío de iguales proporciones.
Pidamos al Señor que en esta Cuaresma toque nuestro corazón y podamos vivir según la verdad con un corazón renovado. Recibamos a Jesús como se merece, Él en su hora nos amó hasta el extremo, ¿hasta qué extremo estoy dispuesto a amarle a Él?

«Cumplir con alegría obras de caridad hacia los que sufren en el cuerpo y en el espíritu es el modo más auténtico de vivir el Evangelio, es el fundamento necesario para que nuestras comunidades crezcan en la fraternidad y en la acogida recíproca. Quiero ver a Jesús, pero verlo desde dentro. Entra en sus llagas y contempla ese amor en su corazón por ti, por ti, por ti, por mí, por todos. Que la Virgen María, que ha tenido siempre la mirada del corazón fija en su Hijo, desde el pesebre de Belén hasta la cruz en el Calvario, nos ayude a encontrarlo y conocerlo, así como Él quiere, para que podamos vivir iluminados por Él y llevar al mundo frutos de justicia y de paz.»
(Ángelus de S.S. Francisco, 18 de marzo de 2018).

Diálogo con Cristo
Ésta es la parte más importante de tu oración, disponte a platicar con mucho amor con Aquel que te ama.

Propósito
Proponte uno personal. El que más amor implique en respuesta al Amado… o, si crees que es lo que Dios te pide, vive lo que se te sugiere a continuación.
Haré un examen de conciencia a profundidad para discernir si mi relación con Dios es una relación «domesticada» o si verdaderamente busco su voluntad en mi vida.

Despedida
Te damos gracias, Señor, por todos tus beneficios, a Ti que vives y reinas por los siglos de los siglos.
Amén.

¡Cristo, Rey nuestro!
¡Venga tu Reino!

Virgen prudentísima, María, Madre de la Iglesia.
Ruega por nosotros.

En el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo. Amén.