Viernes 8 de abril - Renovar la experiencia de tu amor.

Viernes 8 de abril – Renovar la experiencia de tu amor.

En el nombre del Padre y del hijo y del Espíritu Santo. Amén.

Cristo Rey Nuestro, ¡Venga tu Reino!

Oración preparatoria (para ponerme en presencia de Dios)

Señor Jesús, mi único deseo es estar en unión contigo. Coloco en tus manos todos mis miedos, todas mis ilusiones, todo cuanto temo o deseo, lo pongo en tus manos. Vengo a presentarme a Ti con un corazón sencillo, vacío de mí, para llenarlo de Ti. Aumenta mi fe, para ver con tu mirada. Aumenta mi esperanza para confiar en el Padre como Tú. Aumenta mi amor para aceptar con valentía aquello que me transmitirás durante este tiempo de oración.

Evangelio del día (para orientar tu meditación)

Del santo Evangelio según san Juan 6, 1-15

En aquel tiempo, Jesús se fue a la otra orilla del mar de Galilea o lago de Tiberíades. Lo seguía mucha gente, porque habían visto los signos que hacía curando a los enfermos. Jesús subió al monte y se sentó allí con sus discípulos.

Estaba cerca la Pascua, festividad de los judíos. Viendo Jesús que mucha gente lo seguía, le dijo a Felipe: “¿Cómo compraremos pan para que coman éstos?” Le hizo esta pregunta para ponerlo a prueba, pues él bien sabía lo que iba a hacer. Felipe le respondió: “Ni doscientos denarios de pan bastarían para que a cada uno le tocara un pedazo de pan”. Otro de sus discípulos, Andrés, el hermano de Simón Pedro, le dijo: “Aquí hay un muchacho que trae cinco panes de cebada y dos pescados. Pero, ¿qué es eso para tanta gente?” Jesús le respondió: “Díganle a la gente que se siente”. En aquel lugar había mucha hierba. Todos, pues, se sentaron ahí; y tan sólo los hombres eran unos cinco mil.

Enseguida tomó Jesús los panes, y después de dar gracias a Dios, se los fue repartiendo a los que se habían sentado a comer. Igualmente les fue dando de los pescados todo lo que quisieron. Después de que todos se saciaron, dijo a sus discípulos: “Recojan los pedazos sobrantes, para que no se desperdicien”. Los recogieron y con los pedazos que sobraron de los cinco panes llenaron doce canastos.

Entonces la gente, al ver el signo que Jesús había hecho, decía: “Este es, en verdad, el profeta que habría de venir al mundo”. Pero Jesús, sabiendo que iban a llevárselo para proclamarlo rey, se retiró de nuevo a la montaña, él solo.

Palabra del Señor.

Medita lo que Dios te dice en el Evangelio

Señor, quisiera pedirte una gracia especial. Quiero renovar la experiencia de tu amor. Leyendo el Evangelio puedo vislumbrar dos razones por las cuales el hombre desea seguirte: la razón terrenal y la razón espiritual. Habías hecho señales milagrosas y por eso muchos te seguían. Quizás aún no habían experimentado tu amor, pero ya descubrían algo especial en Ti. Aún no conocían cuánto sufrirías por ellos en la cruz. Aún no conocían cuánto los amabas. Pero al menos se hallaban ya cerca de ti… pero las opiniones de muchos cambiarían cuando tú rechazaras ser solamente un rey terrenal.

Yo no he podido verte en medio de la fama, no he podido verte en medio de milagros en masa. Yo vivo en un mundo en donde muchos se han olvidado de tus obras. Vivo en un mundo en el que muchos dicen que creerían en Ti si pudieran verte. Vivo en un mundo que te seguiría si tú le dieras el pan terrenal. Pero al parecer tú no quieres ser un rey terrenal, pues tu Reino no es de este mundo.

Tu verdadero amor no nos sería demostrado simplemente por medio de un alimento terreno. Tu amor no nos sería demostrado simplemente por la salud. No nos sería manifestado simplemente por un bien en esta vida, sino por un bien en la futura: el perdonar nuestros pecados con tu misericordia para hacernos hijos de Dios. Me has llamado a ser parte de aquellos que viven por transmitir ese amor. Transmitir un amor que culminó en el sufrimiento de la cruz y en la gloria de la resurrección.

Me invitas a ser fiel a Ti, a confiar en Ti en la dificultad, en las exigencias que se presentan al verdadero cristiano, en los contratiempos de quien quiere hablar de ti en medio de este mundo, en el salir de mí mismo, en abandonar la comodidad para ir hacía aquellos cuyo principal anhelo es saber que existe un Dios que los ama, cuya principal necesidad es experimentarte a Ti, Jesús. Por eso te pido: llévame a ser tus manos, tus ojos, tus pies y tu corazón en mi familia, en mi trabajo, en mi apostolado, en medio de mis amigos y amigas, en medio de los pobres, en medio de las personas a mi lado. Pues quiero llevarte y te pido tu gracia, para que puedas ser Tú, Señor, el Rey de nuestros corazones. Te pido esta gracia Señor: renovar la experiencia de tu amor para que seas tú quien viva en mí.

«La multitud se conmueve por el prodigio de la multiplicación de los panes, pero el don que Jesús ofrece es plenitud de vida para el hombre hambriento. Jesús sacia no solo el hambre material, sino esa más profunda, el hambre del sentido de la vida, el hambre de Dios. Frente al sufrimiento, la soledad, la pobreza y las dificultades de tanta gente, ¿qué podemos hacer nosotros?»

(Homilía de S.S. Francisco, 26 de julio de 2015).

Diálogo con Cristo

Ésta es la parte más importante de tu oración, disponte a platicar con mucho amor con Aquel que te ama.

Propósito

Proponte uno personal. El que más amor implique en respuesta al Amado… o, si crees que es lo que Dios te pide, vive lo que se te sugiere a continuación.

Señor Jesús, te visitaré en alguna capilla para pedirte que aumentes mi amor por Ti.

Despedida

Te damos gracias, Señor, por todos tus beneficios, a ti que vives y reinas por los siglos de los siglos.

Amén.

¡Cristo, Rey nuestro!

¡Venga tu Reino!

Virgen prudentísima, María, Madre de la Iglesia.

Ruega por nosotros.

En el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo. Amén.