El 3 de enero, en el Colegio Internacional de los Legionarios de Cristo en Roma, falleció el P. Enrique Jiménez Esquivel, LC, a los 81 años de edad. El “P. Esquivel”, como era más conocido, desempeñó por muchos años una labor pastoral como formador de religiosos estudiantes de filosofía en Roma siendo profesor, prefecto de estudios y confesor.


Les invitamos a encomendarlo en sus oraciones para que Dios nuestro Señor le conceda el descanso eterno y brille sobre él la luz perpetua.

Aquí pueden expresar sus condolencias o compartir algún recuerdo del P. Enrique.

¡Descanse en paz!


Si desea expresar sus condolencias o compartir un recuerdo personal de él:

36 thoughts on “”

  1. Tuve la oportunidad de conocer al P. Enrique en mis años en Gozzano (2004-2009). Si algo puedo destacar de él, es su excelente calidad humana lo cual en ese entonces era algo difícil de encontrar. Siempre me escuchó y me dedicó el tiempo que necesitaba y supo darme muy buenos consejos en mi plena adolescencia. Afortunadamente, solo tuve buenas experiencias con él. Sé que sufrió mucho los últimos años y estoy seguro que ahora está descansando en paz.

    P. Enrique, como le escribí hace un años, siempre lo apreciaré mucho y le recordaré con gran cariño.

  2. Padre Esquivel agradezco a Dios nuestro el haberlo conocido, tengo muchos recuerdos de Ud. tanto en el cursillo de Estatutos en Riajo de Roble 1977 y en Cotija 1981, recuerdo las charlas que nos impartió que me ayudaron mucho así como las dos tantas de ejercicios espirituales que nos predico y que tanto bien me hicieron. Lo recordaré siempre con cariño y gratitud. Gracias por su sacerdocio, por sus consejos y su testimonio. Desde el cielo siga pidiendo por todos los miembros de las diferentes ramas del Regnum Christi.

  3. Conocí al P. Esquivel en mis años de estudiante en Roma (Filosofía y Teología). Fueron cinco años en los que su presencia era parte de la vida del Centro de Estudios. Recibí sus Ejercicios Espirituales en mi Noviciado. Se presentó ante los Novicios de Salamanca diciendo que no esperasen cuentitos ni chistes en sus predicaciones. Fue mi profesor de lógica y me enseñó a usar el “sentido común”. Un día me dijo que yo tenía vocación de profesor, y aunque nunca me he dedicado a la docencia, creo que acertó en el diagnóstico. Fue un ejemplo para mí de sacerdote que se hace todo a todos; para él no había “brecha generacional”. Intuyo que disfrutaba lo que hacía. Después de Roma ya no me tocó convivir con él, pero siempre que pensaba en Roma, me venía a la mente. Gracias por todo, P. Esquivel. Disfrute el Cielo.

    P. Ignacio Buisán, L.C.

  4. Muchas gracias, P. Esquivel. Contacto con usted siempre me llenó de alegría. Cuente con mis oraciones, y siga, por favor, encomendándome y a todo la legión y al movimiento desde el cielo.

  5. Guardo recuerdos muy caros del P. Henrique. Sus historias de como había iniciado con un grupo de señoritas al Mano Amiga, anécdotas de sus primeros años de sacerdocio.
    Realmente una persona sabia, amante de Dios y de Su voluntad, un ejemplo de soldado raso.
    ¡Muchísimas gracias, hombre de Dios! Ahora es hora de interceder por los que aún seguimos desde aquí en las filas de la Legión batallando por nuestra salvación y por la de nuestros hermanos. Mande saludos a la Virgen.

  6. Venga tu Reino! Muy querido P. Esquivel, GRACIAS por haber mantenido abierto el corazón a la acción de la gracia divina para recibir el don de la perseverancia final en la Legión y en el Sacerdocio.
    Desde que nos conocimos se instauró una sincera amistad paternal que me acompañó a lo largo de toda mi formación en Roma. Paseos, conversaciones, retiros, pláticas, ejercicios espirituales, consejos, confesiones, direcciones espirituales, fotos, abrazos, felicitaciones personalizadas por mi cumpleaños, navidad, pascua y sobretodo el acompañamiento cercano antes de mi ordenación sacerdotal con tantos diálogos largos y profundos en esos momentos tan importantes en mi camino vocacional.
    GRACIAS por el testimonio que me dio en estos últimos años de prueba. Porque pude ver la imagen de Cristo humano, de Cristo vulnerable, de Cristo en Getsemaní y en el Calvario.
    Ahora CONFÍO que, habiendo combatido el buen combate, culminado su carrera y conservado la fe, esté recibiendo la corona merecida que Jesucristo resucitado, y ya en su gloria, le tenía reservada.
    Me encomiendo nuevamente a su intercesión ante la Santísima Trinidad y María Inmaculada por mi perseverancia final. Un abrazo hasta el cielo. P. Benjamín LC

  7. Gracias P Enrique por ser padre y amigo a todos nosotros quienes pasaban por el Centro de Estudios Superiores. Descanse en paz en los brazos de Maria y reze por nosotros quien seguimos en las trincheras por unos anos mas.

  8. Así que llegué a Roma me tocó acompañar el P. Esquivel en sus citas médicas, cirugías, estudios, etc. Éramos vecinos de cuarto. Me edificó mucho su sencillez, humildad y fidelidad. Siempre lo veía fervoroso en sus regulares visitas a Jesús después de las comidas en el oratorio, o rezando su rosario caminando por la avenida, y en sus sabios consejos en la confesión.
    Cómo no olvidar sus historias con los ‘gabardinas’; del trato con las mujeres en sus prácticas; de la fundación de mano amiga; de sus inúmeras viajes como assistente; como prefecto de estudios, etc.
    Gracias padre Esquivel por su entrega, por construir la Legión y edificar el Reino en tantos corazones. Ora pro nobis!

  9. Lo que mas recuerdo del P. Enrique es su profesionalismo y entrega a la cátedra. Sus clases de lógica eran muy claras, profundas y amenas. Su sentido del humor era muy fino y espontáneo. Gran sacerdote, hermano, amigo y legionario de Cristo. Descanse en paz.

  10. Querido P Enrique, tanto le agradezco su vida, su amistad, sus consejos y su amor a la Legión. Siempre ha sido un padre para mí y gracias a Dios nuestros caminos se cruzaron muchísimas veces en estos últimos 30 años. Tantos recuerdos… tantas gracias. Que Dios le dé el premio que tanto merece.

    Además de las ya mencionadas, una de las frases suyas que me ha acompañado toda la vida es cuando hablaba de Cristo en los Ejercicios y, comentando el milagro extraordinario de la Encarnación, dijo: hablamos mucho de la pasión y muerte de Cristo, pero no es extraordinario que un hombre muera… al contrario, sí lo es el hecho de que un Dios se haga hombre.
    Siempre lo recuerdo en estos días de navidad… y a ud también.
    Gracias, Padre!

  11. Nunca se me va a olvidar el consejo que me dio cuando era novicio en Alemania: “Hermano, nunca olvide los idiomas que aprenda en la Legión.” Yo le pregunté: “¿Por qué, padre?” Y él me respondió: “Para que pueda confesar en los aeropuertos”. Doy gracias a Dios por haber tenido el privilegio de convivir como novicio por dos años y después por tres como filósofo con este hermano mayor que siempre tuvo a la Legión en su corazón y en sus labios. Apreciaré y trataré de imitar ese esfuerzo suyo por ser cercano, por acompañarnos en los salones de juegos en Roma y por sus anécdotas y experiencias que tanto me enriquecieron. ¡Dios le dará el premio merecido a los dolores que tuvo que soportar durante su vida y a su fidelidad oculta y abnegada en la formación de tantos legionarios, dentro de los cuales tengo el privilegio de incluirme!
    ¡Hasta el cielo, P. Esquivel!

  12. Gracias, me tan querido P. Esquivel. En usted siempre he encontrado la luz de la verdad. No le gustaron las frases piadosas. Le gustó la autenticidad. Usted se atrevía a decir “Pues si no tienen ganas de ir a la misa, no vayan.” u otras cosas que chocaron. Pero eran verdad. Como la otra al inicio de Ejercicios Espirituales “Si ustedes creen que estos Ejercicios Espirituales van a cambiar algo en su vida, están equivocados”.
    P Esquivel, gracias por llevarnos el camino de la verdad y de la autenticidad. Gracias por siempre estar cuando se Le necesitaba. Ahora lamento no haberle escrito más a menudo. Pero con su sencillez y bondad me perdonará 🙂
    A Dios, Padre Enrique. Un saludo a Cristo y a la Virgen. Nos vemos pronto, allá en casa, en el cielo. Encomiendeme. Gracias. Su P. Klaus

  13. Cuánta gratitud por la vida del P. Enrique. Inolvidables sus aforismos gruñones y humorísticos, su a veces sorprendente y atrevida discrepancia de la opinión corriente, sus consejos prudentes y realistas, su bondad paternal en la confesión, su mirada atenta al hermano en dificultad, sus frecuentes detalles. Fue mi director espiritual durante años no fáciles. Le debo mucho.
    Fue doloroso ver cómo el sufrimiento de sus hermanos lo quebrantó. Ya sólo era una sombra de sí mismo. Pero con silenciosa valentía cargó también con esa cruz sin gloria humana.
    Vivió y me enseñó el amor a Cristo, su Madre, su Iglesia, su Vicario, sus almas y nuestra familia religiosa.
    ¡Descanse en paz, siervo bueno y fiel!

    (Ya en el cielo me regañará por este panegírico. Por ahora se tendrá que aguantar.)

  14. No tengo más que buenos recuerdos del P. Esquivel. ¡Que Dios lo haya recibido en su gloria! Lo tendré presente en mis oraciones.

  15. Agradezco a Dios el don de su vida y fidelidad a la vocación recibida. Cuando nos dirigió los ejercicios espirituales de preparación al sacerdocio el año 2000, recuerdo que terminó su meditación sobre el cielo, repitiendo las palabras de Cristo aplicadas a un cofundador fiel: “Euge, serve bone et fidelis, quia super pauca fuisti fidelis, super multa te constituam, intra in gaudium domini tui” (Mt 25, 23)

  16. ¡Venga Tu Reino!
    Adios, querido P. Esquivel, hermano en Cristo y la Legión.
    Fiel hasta morir en la raya. Humilde servidor.
    Gracias por estar siempre disponible en las mañanas y en las noches para escuchar nuestras confesiones y darnos el perdón de Cristo.
    Gracias por ayudarnos a comprender el sentido de nuestras vidas con sus comentarios profundos y agudos.
    Gracias por su genuino interés y preocupación por cada uno de las futuras generaciones de sacerdotes legionarios.

  17. Cuando yo estaba en Tercero de Filosofía, el P. Enrique, entonces Prefecto de estudios, me preguntó: “Hermano Gonzalo, ¿le gustaría ser profesor?”. Le respondí brevemente: “No”. Y él añadión: “Pues a mí tampoco, y aquí estoy”. Y estuvo “ahí” siempre, hasta el final. Gracias, P. Enrique, por haber estado, por haber sido y por haber obrado. ¡Descanse en paz!

  18. Querido padre Esquivel, desde que lo conocí en la sección de jóvenes de Querétaro me llamó la atención su objetividad tan bien combinada con su carácter humilde y atento. Recuerdo que me confesé con usted ese día. Después entré a la Legión y Dublín fue como un segundo hogar en el que no pasaba mucho tiempo sin que regresara y volviéramos a platicar. Me gustaba “tomar onces” con usted, porque siempre tomaba Coca Cola y me compartía un poco. Disfruto mucho cuando contábamos chistes el día de reyes. Nunca olvidaré cuando murió nuestro fundador y, aunque usted nunca pensó que le tocaría decir esas palabras, nos citó a todos los novicios en la capilla y ahí nos dio la noticia. Recuerdo también varias frases muy típicas de usted, que por crudas que parecieran guardaban mucha verdad detrás. Le tocó vivir en una Legión gloriosa y herida; maltratada pero amada; enferma pero en lucha. Y ahora, desde el cielo le pido que siga velando por nosotros, los que aún no cumplimos nuestra meta. Sé cuánto sufrió y lloró a solas. Pero cada sufrimiento y lágrima, Dios no los escatimó. Le pido que guarde su alma muy cerca de Él y desde ahí interceda por los legionarios, especialmente durante el próximo capítulo general para dejar de lado las apariencias, las vanidades y los orgullos y así recuperar la esencia de lo que somos y para lo que fuimos creados. Padre Enrique, ¡descansa en paz! Ernesto, LC

  19. Extrañaremos su presencia en este mundo, pero lo encomiendo y confío en la gracia y misericordia de Dios para que el P. Esquivel nos pueda seguir acompañando desde el cielo.

  20. Mil gracias por ser auténtico sacerdote, humilde servidor, entregado, padre y hermano. Que su sonrisa ilumine la eternidad.

  21. Gracias Señor por su vida y ministerio y gracias P. Esquivel por su respuesta generosa y fiel en todos estos años. Rezo por usted y por favor pida por mí desde el cielo.

  22. Lo recuerdo con cariño , no hablaba mucho con el, pero siempre se le veía en comunidad en las comidas y los actos de piedad comunitarios, muy callado y serio, que descanse en paz, ‘ Ven siervo bueno y fiel entra en el gozo de tu Señor’

  23. Gracias al Padre Esquivel por su amor y entrega, por su testimonio de amor a Cristo y su vida al servicio de las familias, en especial las del Regnum Christi. Saludos y condolencias para todos los legionarios, consagrados y miembros del Regnum Christi.

  24. Gracias P. Enrique por su presencia de padre, por el buen consejo y la palabra de consuelo en el momento más duro. Que Dios le acoja con su abrazo eterno y sea Él su gran consuelo después de un largo camino!!

  25. Mis condolencias a la familia legionaria. Y a su familia. Un gran sacerdote. Sencillo y sabio a la vez. De esas personas que se extrañan.
    Un agradecimiento a el como gran confesor, y gran maestro. Agradezco a Dios sus sabios consejos.
    Tuve la dicha de viajar en varias ocasiones con el a diversos lugares. Gran conocedor del arte. Pero sobre todo gran hermano mayor.

  26. “La filosofía es algo con lo cual o sin lo cual te quedas tal cual” solía decir el padre Esquivel en la bienvenida a los nuevos filósofos. Los que no nos quedamos tal cual fuimos lo que recibimos su testimonio y enseñanza durante nuestro periodo de filosofía en Roma.
    Siempre trató de formar nuestra razón y nuestro corazón, siempre estuvo disponible para darnos una palabra de aliento y de bondad.
    Ya estás en el cielo, disfrutando de Dios, cuya cara siempre pudimos ver en tus actos y en tus enseñanzas. Recuerda siempre a los que nos cruzamos en tu camino e intercede hasta que nos veamos nuevamente por cada uno de nosotros. Un abrazo hasta el cielo.

  27. Siento mucho el fallecimiento del P. Esquivel. Lo conocí mucho en Gozzano donde venía a visitarnos como Asistente del Director Territorial para la Vida Religiosa. En mi experiencia con él y con todos los que conocí con este cargo en Italia, era una ayuda valiosísima sea para el Director Territorial sea para el súbdito. Te sabías conocido, con tus problemas, tus dificultades… y sabías que así se iban a tomar las mejores determinaciones. El P. Enrique nos acompañaba mucho. Era un miembro más de la comunidad.

  28. Gran sacerdote, gran ser humano… Sabio, sencillo, cercano. Gracias, P. Enrique por ser tan buen guía y compañero de camino.

  29. Damos gracias a Dios por su vida y le pedimos a la siempre Viegen Maria que lo acompañe a recibir su merecida corona hasta llegar a la presencia de Jesucristo nuestro Señor.

  30. Mis sentidas condolencias. Recuerdo sus charlas y sus agudas reflexiones. Tuve la oportunidad de conversar con él en varias ocasiones y solo recibí sabios consejos que hoy en día aún me sostienen. Dios lo tenga en su gloria.

  31. Mis más sentido pésame. Grandes recuerdos tengo de él como maestro de filosofía y prefecto de estudios. “¿Qué es la filosofía? Es la que con la cual o sin la cual te quedas tal cual”, frase predilecta para los neófitos. Gracias por ser parte de lo que soy ahora.

    1. Gracias, me tan querido P. Esquivel. En usted siempre he encontrado la luz de la verdad. No le gustaron las frases piadosas. Le gustó la autenticidad. Usted se atrevía a decir “Pues si no tienen ganas de ir ala misa, no vayan.” u otras cosas que chocaron. Pero eran verdad. Como la otra al inicio de Ejercicios Espirituales “So ustedes creen que estos ejercicios Espirituales van a cambiar algo en su vida, están equivocados”.
      P Esquivel, gracias por llevarnos el camino de la verdad y de la autenticidad. Gracias por siempre estar cuando se Le necesitaba. Ahora lamento no haberle escrito más a menudo. Pero con su sencillez y bondad me perdonará 🙂
      A Dios, Padre Enrique. Un saludo a Cristo y a la Virgen. Nos vemos pronto, allá en casa, en el cielo. Encomiendeme. Gracias. Su P. Klaus

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